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Mallorca ya tiene su Abramovich, se llama Melnichenko
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Mallorca ya tiene su Abramovich, se llama Melnichenko

¿Hay alguna publicación del planeta que sea simultáneamente más importante que el Financial Times, L'Equipe, Vanity Fair y L'Osservatore Romano? Por supuesto, y se llama ¡Hola!

Foto: Mallorca ya tiene su Abramovich, se llama Melnichenko
Mallorca ya tiene su Abramovich, se llama Melnichenko

¿Hay alguna publicación del planeta que sea simultáneamente más importante que el Financial Times, L'Equipe, Vanity Fair y L'Osservatore Romano? Por supuesto, y se llama ¡Hola! Es difícil sorprender al semanario en un renuncio en el abordaje de los megamillonarios, pero este verano ha sumido a Mallorca en la confusión, sobre la propiedad de una de las naves más desmesuradas que han cruzado los mares. La información al respecto se titulaba 'El nuevo e impresionante megayate del multimillonario ruso Abramovich, diseñado por Philippe Starck'.

En el texto se añadía que el nombre de la embarcación, retratada en su llegada a Palma, era 'Pelorus'. Sin embargo, la fotografía mostraba a un yate que no se llama 'Pelorus', sino 'A', y que no figura en la escudería náutica del dueño del Chelsea, sino que es propiedad de Andrey Melnichenko, otro billonario ruso. Por lo menos, se acertaba en que el diseñador era Starck. Del 'A', no del 'Pelorus'.

Enmendada la propiedad del singular navío, cabe consignar que este verano se ha convertido en parte indisoluble del paisaje mallorquín. No ha abandonado el litoral insular, apareciendo –porque ése es el verbo a que obliga su estampa– en los enclaves más insospechados. Su silueta no es sólo inconfundible, sino que suscita una agridulce sensación de asombro y repugnancia. Pensemos en el 'Nautilus', en una embarcación capaz de superar los 40 kilómetros por hora sin levantar la mínima espuma, de una proa afilada porque cumple misión de rompehielos. Mide prácticamente cien metros de eslora, con una autonomía de 13 mil kilómetros.

Cuenta con tres piscinas –el fondo de una de ellas se transparenta en la discoteca–, helipuerto, 37 tripulantes y seis camarotes dobles para invitados. Andrey Melnichenko tiene 36 años, se enriqueció con la privatización de la Unión Soviética y era hasta hace poco un desconocido por estas latitudes. Ya no. Parafraseando a ¡Hola!, se ha convertido en el Abramovich mallorquín. A fe de sinceros, la isla iba algo retrasada en el capítulo de oligarcas rusos.

El nombre de la embarcación también ha sorprendido en Mallorca. 'A' es la inicial de la esposa del magnate, la Miss Yugoslavia de rigor que responde por Aleksandra. Esa denominación supone además que el yate encabezará cualquier lista en el único orden mundial que ha sobrevivido al soviético, el alfabético. Recuerda a un barco de guerra de la guerra del catorce, pero esta analogía viene distorsionada por la cuna de la embarcación, los astilleros alemanes de donde surgió el legendario 'Bismarck'.

Si el yate quedará definitivamente anclado en el litoral mallorquín, también su creador está vinculado a Balears. Philippe Starck se refugia del frenesí de su trabajo en una modesta casa junto al litoral de Formentera, con aire de pirámide truncada maya y que calca la silueta de la vivienda italiana del escritor Salvatore Quasimodo. Siempre desdeñoso hacia los magnates, el creador francés sostiene que sólo tardó tres horas y media en la concepción de su ingenio náutico. Bastante menos de lo que invirtió en montar su célebre exprimidor.

La actualidad siempre regresa a ¡Hola!, que acierta hasta cuando se equivoca. Así, el 'A' ha desencadenado una guerra de emulación entre Melnichenko y Abramóvich, en pos del mayor superyate del planeta. En Mallorca, la incógnita es más rudimentaria, averiguar si el Rey ya ha visitado el 'A'. Hasta la fecha, el jefe de Estado ha sido huésped curioso de todos los grandes barcos que han recalado en Mallorca, desde el 'Nabila' de Kashoggui al 'Lady Moura' de Mouna al Ayoub, donde asistió a la proyección de una película. El 'A' no puede haberle pasado inadvertido.