Rafael Nadal, tras la estela de Carlos Moyá

El peso aplastante del mito de Rafael Nadal oculta a menudo que otro tenista mallorquín le precedió como número uno del mundo. Carlos Moyá ocupó esa

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El peso aplastante del mito de Rafael Nadal oculta a menudo que otro tenista mallorquín le precedió como número uno del mundo. Carlos Moyá ocupó esa posición, aunque fuera episódicamente, además de ganar un Roland Garros. De hecho, John Carlin destaca en su biografía del heptacampeón de París que contó con la fortuna suprema de entrenar con un campeón consagrado siendo un mozalbete, un privilegio del que no dispusieron sus coetáneos. El palmesano siempre ha aceptado deportivamente su arrinconamiento por el titán de Manacor. Por eso me dijo que "cuando aparece Rafa, paso a un segundo plano, pero se lo ha ganado y es mi mejor amigo en el mundo del tenis".

Si alguien se pregunta a qué viene resaltar el parentesco deportivo entre los campeones mallorquines, recordarán que siempre se dijo que Moyá compatibilizó una carrera espectacular con una vida intensa fuera de las pistas, algo que según sus críticos mermó su currículum de títulos. En cambio, Nadal sacrificó íntegramente su niñez y su juventud para convertirse en el mejor deportista español de la historia. Hasta ahora. La difícil tesis que argumenta esta crónica sostiene que el propietario de once torneos del Grand Slam sufre una lesión por encima de lo físico, y que se resume en la frase traducida literalmente del inglés, "¡Quiero una vida!"

Moyá resumía con claridad su filosofía existencial. "Vivir es más importante que jugar, porque sólo se vive una vez. El deporte de élite te obliga a renuncias, pero soy el tenista que menos ha sacrificado para estar donde estoy. Compatibilizar la vida con el éxito es uno de mis aciertos. Gracias a ello no me he desgastado, he sido más duradero. Ni estoy quemado de cabeza ni tengo prisa, porque no siento que me esté perdiendo nada".

El finalista del abierto de Australia tenía 31 años cuando me confió estas palabras, que explican por qué siempre ha caído mejor que su amigo Rafa en la Mallorca natal de ambos. Por aquel entonces, Nadal parecía inmune a cualquier consideración que no pasara por mantenerse en el número uno del mundo. Su declaración ficticia en paralelo sería que "soy el tenista que más ha sacrificado para estar donde estoy. Concentrarme únicamente en el éxito deportivo es uno de mis aciertos. Por culpa de esta dedicación absoluta me he desgastado. Ahora tengo prisa, porque siento que me estoy perdiendo algo".

Y nuestra conclusión establece que Nadal ha decidido no perderse nada de la existencia que apartó de sí para llegar a lo más alto desde unos humildes orígenes deportivos, con su propio tío como entrenador. En Mallorca, donde no padece el culto a la personalidad que le impide pasear cómodamente por otras geografías, ha multiplicado la frecuencia de sus antes escasas salidas nocturnas. La frase "un tenista que se emplea a fondo dentro y fuera de las pistas" estaba reservada en Mallorca a Carlos Moyá. También este rango le ha sido usurpado por su amigo Rafa.

Al descubrir la vida al margen de las superficies tenísticas, Mallorca se le ha quedado pequeña a Nadal. En un año lo hemos visto disfrutar de Ibiza -una terapia de shock para espíritus retraídos o eremíticos-, en Cerdeña -Mallorca a todo tren-, Santo Domingo -la Mallorca de ultramar-. Ahora bien, seguir la estela binaria de Moyá requiere una notable disciplina. Oigamos de nuevo al maestro inigualado de la conciliación de la vida privada y la deportiva (Zapatero hubiera estado orgulloso de Moyá): "He cometido más errores fuera que dentro de la pista pero, si no pruebas, no te equivocas. Los fallos te hacen persona".

En cambio, Nadal había cometido muy pocos errores en la pista y ninguno fuera de ella, pero ahora quiere probar, para ser persona. Su leyenda está intacta, y por eso el Rey lo invita a cenar en Puerto Portals para neutralizar las imágenes del resto de la Familia Real con los medallistas de Londres. Nadal disfruta de la vida y de la noche, que no es el fin del mundo pese a lo que piensen los puritanos. Como me decía el propio Moyá hace cinco años, "mi futuro es una familia, con mujer e hijos". Y así ha sido.

Diario Robinson
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