"Yo voté dos veces a Zapatero y ahora sueño con él"

Este es un país maravilloso, pero lo que lo convierte en una pesadilla peor que la de Elm Street es este Gobierno de impresentables y su

Este es un país maravilloso, pero lo que lo convierte en una pesadilla peor que la de Elm Street es este Gobierno de impresentables y su presidente a la cabeza en plan Freddy Krueger asaltando nuestros sueños. El otro día me lo decía un taxista: “Yo voté a Zapatero, y dos veces, y ahora sueño con él, se ha convertido en mi peor pesadilla, oiga…, se lo juro”. “Pues como usted –le dije- deben de estar todos lo que creyeron en él y ahora se acuerdan del día en que le votaron mientras hacen cola a las puertas de las oficinas del Inem”.

 

Ayer, cuando la estadística oficial daba un nuevo hachazo a nuestras expectativas de mejora, Rodríguez subía una vez más –he perdido la cuenta de los planes del Gobierno para salir de la crisis, todos ellos sin éxito alguno- a la Tribuna del Congreso para contarnos una nueva milonga que haría las delicias de Epi y Blas en un capítulo sostenible de Barrio Sésamo, mientras tres cooperantes españoles seguían secuestrados por terroristas de Al Qaeda en el Magreb, mientras casi cinco millones de españoles han perdido la esperanza de encontrar un puesto de trabajo, mientras nuestra diplomacia se esconde por la vergüenza que produce ser el hazmerreír de medio mundo, mientras el Gobierno nos espía y recorta nuestras libertades y nuestros derechos, mientras en este país los únicos que obtienen un trato de favor son los ladrones de la cueva de la SGAE, mientras a miles de niños se les aborta su derecho a vivir, mientras se permiten amenazas y coacciones a los tribunales de justicia y se ataca y se chantajea a quienes cumplen la ley y el respetan el Estado de Derecho, mientras se favorece la desigualdad entre españoles y la disgregación territorial de la nación, mientras se utilizan los resortes del Estado contra el principal partido de la oposición, mientras se manipula y se miente desde los medios de comunicación públicos, mientras millones de españoles contemplan como su país se ha convertido en un despojo…

 

No voy a seguir, pero esta es la realidad: no somos nada, no pintamos nada, todo el mundo se ríe de nosotros y a los ojos de los demás somos un país de tercera o cuarta fila. Es decir, y ya lo siento, una mierda. Y el único culpable, el único responsable de este hundimiento, se llama José Luis Rodríguez Zapatero, el mismo que ayer subía a la Tribuna del Congreso de los Diputados para contarnos, como les decía, una nueva milonga, otra más de esas ideas de todo a cien sacadas de la chistera de los eslóganes facilones y contradictorios a los que nos tiene acostumbrados este Gobierno de incapaces: Alianza de Civilizaciones, interrupción del embarazo, ejército pacifista, nación discutida y discutible, rey republicano, economía sostenible… Frases huecas y vacías de sentido y de contenido, y la mayor parte de las veces contradictorias e imposibles de casar, pero que le han servido a Rodríguez para ir construyendo la fachada de un discurso detrás del cual se esconde el asfixiante vacío de la nada más absoluta.

 

Lo que Rodríguez nos propone para salir de la crisis es un conjunto de obviedades que están muy bien para aligerar cargas burocráticas pero que distan mucho de ser un verdadero programa de reformas como le han pedido todos los sectores sociales y los organismos internacionales, con la única excepción de las centrales sindicales que son las únicas que no tienen el más mínimo interés en salir de la crisis y crear empleo. Eso, y una nueva amenaza a la libertad y un nuevo trato de favor a los artistas de la ceja ahora que por culpa de la crisis la recaudación del canon digital ha caído casi un 10%, no sea que la bolsa del botín de estos piratas merme demasiado y le acaben retirando su apoyo. A Rodríguez le van los piratas, los somalíes y los de la SGAE, y a todos ellos les llena las arcas con el tesoro de nuestros impuestos mientras la imagen de España en el mundo se hunde en lodo de su incompetencia y los delincuentes y criminales de cualquier signo y condición se rifan nuestros despojos. Solo hay una opción, una salida: ¡que se vaya! Que se vaya de una vez por todas y nos deje tranquilos para que podamos salir del inmenso pozo en el que nos ha metido.

 

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Dos Palabras
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