Ya no se ganan elecciones con el PIB

Hace tres años y unos pocos días, el actual Gobierno celebraba su primer Consejo de Ministros y lo hacía adoptando un primer conjunto de medidas de choque

Foto: Montoro, Sáenz de Santamaría y Báñez, tras un Consejo de Ministros el pasado diciembre (EFE)
Montoro, Sáenz de Santamaría y Báñez, tras un Consejo de Ministros el pasado diciembre (EFE)

Hace tres años y unos pocos días, el actual Gobierno celebraba su primer Consejo de Ministros, y lo hacía adoptando un primer conjunto de medidas de choque dirigidas a contener el fuerte deterioro de nuestras cuentas públicas, entre ellas una imprevista subida de impuestos que, desde luego, se alejaba mucho de lo prometido en su programa electoral. Pero era lo que tocaba hacer. A este Gobierno se le eligió hace tres años y mes y medio para enderezar la situación económica. Dicho de otro modo, para sacar al país de la crisis.

Su primer gran error, cometido esos mismos días, fue no dar cuenta de la situación que heredaba, por grave que esta fuera. Al contrario, la vicepresidenta Sáenz de Santamaría se deshacía en elogios al equipo anterior mientras sus ministros abrían los cajones de sus despachos y se encontraban con agujeros descomunales en algunos casos: deudas pendientes, facturas sin pagar, proyectos licitados sin presupuesto… Un espanto que elevaba el déficit al 11% del PIB, casi el doble de lo reconocido por el Gobierno anterior al que la ‘vice’ aplaudía ante sus atónitos ministros y miembros del partido.

Lo cierto, sin embargo, es que tres años después España puede decir que ha dejado atrás la crisis económica. No solo eso: los datos del paro del mes de diciembre y las colas en comercios y restaurantes estas Navidades ponen de manifiesto que España está empezando a crecer a un ritmo sorprendentemente vivo. Pero, lejos de lo que podría parecer, los ciudadanos no solo no aplauden al Gobierno, sino que desde un punto de vista sociológico-electoral se siguen comportando como si estuviéramos en lo peor de la crisis. Y no hablamos únicamente de aquellos que todavía siguen sufriendo las consecuencias del ‘crack’, que sería lo lógico…

En un momento en el que los ciudadanos necesitaban que el Gobierno transmitiera algo, por poco que fuera, se encontraron con un Ejecutivo dedicado a los números pero que abandonaba la obligación de hacer política

No, aquellos que han conseguido superar la situación, que han vuelto a encontrar empleo o que han empezado a ver mejorar sus condiciones de vida, también experimentan ese mismo rechazo.

¿Por qué? La explicación es bien sencilla: el mayor enemigo de Rajoy, del PP, no es el PSOE, ni Podemos. No, el mayor enemigo de Rajoy y del PP es el cabreo de la gente. Y el cabreo no responde solo a una cuestión económica. Es cierto que la mejoría contribuirá en el medio plazo a suavizar ese rechazo, pero a estas alturas eso es insuficiente. Este Gobierno llegó al poder con una única hoja de ruta, que no era otra que la salida de la crisis, y no se dio cuenta de que, únicamente obsesionado por alcanzar tasas positivas de crecimiento y de creación de empleo, estaba dando la espalda a otra serie de problemas, tan graves o más que la propia crisis económica, en la medida que estaban socavando la confianza en el sistema.

En un momento en el que los ciudadanos necesitaban que el Gobierno transmitiera algo, por poco que fuera, se encontraron con un Ejecutivo dedicado a los números pero que abandonaba la obligación de hacer política. Y su paso atrás en esta obligación dejó un espacio libre de un valor incalculable a los profetas de la catástrofe, a los pesimistas de uno y otro lado, a los enemigos del sistema… Durante muchos meses, mientras el Gobierno se miraba el ombligo del déficit a las órdenes de un Montoro cuya empatía está tan calva como su nuca, en las tertulias y programas de televisión y radio se iba alimentando la indignación, abonada con casos de corrupción que florecían como setas y con comportamientos indignos y humillantes de algunos políticos y expolíticos convenientemente aireados para la ocasión.

Lejos de reaccionar, el Gobierno seguía ensimismado en sus cuentas, y las ruedas de prensa de los viernes se limitaban a ser un mero relato de medidas contra la crisis y poco más. Las elecciones europeas han servido de llamada de atención, pero sobre todo las encuestas de los últimos meses han tenido el efecto de sacar al Gobierno de su letargo económico. ¿Será suficiente?

Desde luego, lo que ya es obvio que no es suficiente confiar únicamente en el crecimiento del PIB para ganar las elecciones. No. Hará falta mucho más, recuperar buena parte del terreno perdido en estos tres años, y hacerlo en unos pocos meses… Y no sé si un Gobierno que ha estado ausente durante estos tres años va a ser capaz de ponerse de nuevo a la cabeza de la manifestación en tan corto espacio de tiempo. Pero en política, un año puede ser una eternidad.

Dos Palabras
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