Este fue el error que nos puede llevar a la independencia de Cataluña
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Federico Quevedo

Dos Palabras

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Este fue el error que nos puede llevar a la independencia de Cataluña

El Gobierno de Rajoy no fue lo suficientemente audaz como para tomar esa decisión que le habría puesto en una posición de partida envidiable para ganar el debate de la independencia

Foto: El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en un mitin del PPC en Badalona. (EFE)
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en un mitin del PPC en Badalona. (EFE)

Hace unos días, un importante miembro del Gobierno -bueno, todos son importantes- me envió un mensaje al móvil que decía lo siguiente: “Cuánta razón tenías cuando dijiste que había que explorar la vía Cameron”. “¿Por qué?”, le pregunté… “Te lo diré después del 27”, obtuve por toda respuesta. En efecto, en octubre de 2012 escribía un 'post' titulado "¿Por qué no exploramos la vía Cameron para Cataluña?" en el que defendía la virtud de que el Gobierno central pactara una consulta con el Gobierno de la Generalitat que saliera de las urnas convocadas para un mes después.

Se me echó mucha gente encima porque a decir de muchos eso era una ilegalidad, idea que no comparto en absoluto, luego explicaré por qué. Pero el Gobierno de Rajoy no fue lo suficientemente audaz como para tomar esa decisión que le habría puesto en una posición de partida envidiable para ganar el debate de la independencia, y ahora estamos a pocas horas de una elecciones autonómicas que, sin embargo, desde todos los ámbitos posibles hemos aceptado como plebiscitarias, dándole al nacionalismo la mayor de sus victorias.

El Gobierno cometió un inmenso error no planteándose la posibilidad de convocar la consulta

A día de hoy nadie se plantea las elecciones como una confrontación partidaria -que sería lo normal-, sino como una confrontación entre el Sí y el NO a la independencia de Cataluña. Nadie se pregunta qué partido ganará las elecciones, lo que nos preguntamos todos es si la opción por el SÍ obtendrá mayoría absoluta o no. A lo largo de la campaña no se ha hablado en ningún momento de sanidad, educación, infraestructuras… sino que se ha centrado todo el debate sobre la independencia y sus consecuencias, hasta el extremo de que el Gobierno entró en la campaña movilizando todos los resortes posibles para que destacados líderes internacionales se pronunciaran en contra de la independencia y destacaran sus consecuencias, principalmente el hecho -cierto e innegable- de que Cataluña se quedará fuera de las principales instituciones internacionales, empezando por la UE.

La prueba más palpable de la capitulación ha sido permitir que el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, participara en un debate con el número cinco de la lista Junts Pel Sí y líder de ERC, Oriol Junqueras. Un despropósito. Y no porque los argumentos de Margallo no sean contundentes, que lo son, sino porque en sí mismo supone aceptar la posibilidad de que Cataluña llegue a ser un Estado independiente, lo cual implica haber perdido unos cuantos asaltos del combate sin que el adversario siquiera haya recibido todavía ningún golpe.

Entiéndase bien lo que quiero decir y no se malinterprete, porque de hecho llegados a este punto no nos quedaba a los demás otro remedio que entrar por ese aro y hacer lo posible por convencer a los catalanes de su error histórico, y yo he participado al igual que casi todos de esa posición, porque no podía ser de otra manera. Pero hubiera podido evitarse, y es aquí donde creo que el Gobierno cometió un inmenso error no planteándose la posibilidad de convocar la consulta.

Cameron fue audaz, entendió que era eso lo que debía hacer, ganó la consulta y sacó mayoría absoluta en las elecciones generales

Porque se trataba de eso, de hacer una consulta -no un referendo- a los catalanes en los términos y condiciones establecidos por el Gobierno de España y el Parlamento, que son los que tienen la potestad para convocarla. En aquellas circunstancias, y sobre todo después de que las elecciones de noviembre de 2012 supusiesen un duro varapalo a Artur Mas, el Gobierno tenía todas las de ganar para pactar una consulta no vinculante pero con el compromiso de aceptar su resultado, convocada por el Ejecutivo, en una fecha a situar con tiempo suficiente para que el Gobierno llevara a cabo una intensa campaña en Cataluña en todos los ámbitos para explicar las consecuencias de la independencia -o sea, lo que se ha hecho, pero bien-, y con una pregunta clara, concisa y concreta que podía haber sido algo así: ¿Quiere usted que Cataluña sea un Estado independiente de España fuera de la Unión Europea? Sí. No.

Si tienen mayoría absoluta se nos va a plantear un problema muy serio, y a estas alturas nadie sabe si el Gobierno tiene un plan B para salvar la situación

A mí no me cabe duda de cuál hubiera sido el resultado si esa consulta, así pactada, se celebrara dentro de unas horas en lugar de unas elecciones autonómicas adelantadas y convertidas por todos en plebiscitarias para mayor gloria de Artur Mas. Pero, fíjense, incluso poniéndonos en lo peor -para nosotros y para los catalanes que siguen sintiéndose españoles-, es decir, que ganara el SÍ, eso implicaría llevar a cabo una reforma constitucional que debería ser votada y refrendada por la mayoría del pueblo español. Cameron fue audaz, entendió que era eso lo que debía hacer, ganó la consulta y sacó mayoría absoluta en las elecciones generales.

Aquí estamos perdidos en un limbo de opiniones para todos los gustos sobre lo que puede pasar el domingo. Ojalá gane el sentido común y los partidarios de la independencia no sumen la mayoría absoluta, lo cual introducirá cierto sosiego aunque no evitará que haya que abrir un periodo de diálogo para encajar tanta frustración de un lado y del otro. Pero si no es así, si tienen mayoría absoluta, se nos va a plantear un problema muy serio, y a estas alturas nadie sabe si en verdad el Gobierno tiene un plan B para salvar la situación o nos vamos a ver abocados a un conflicto de incalculables consecuencias.

Elecciones 27S Mariano Rajoy Artur Mas