El 27-O que va a llevar a Rajoy a La Moncloa (otra vez)

El tema que centra casi todo el contenido de las conversaciones es el paso dado por el Parlamento de Cataluña iniciando el proceso de independencia

Foto: El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. (Reuters)
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. (Reuters)

Miércoles 28 de octubre. Al mediodía como junto a otros tres compañeros periodistas con uno de los vicesecretarios del Partido Popular. Obviamente, el tema que centra casi todo el contenido de la conversación durante el almuerzo es el paso dado por el Parlamento de Cataluña iniciando el proceso de independencia. Y nos dice: “Hay un antes y un después de ayer (por el martes). Todo ha cambiado, nada de lo que había hasta ayer vale”, incluidas las encuestas.

La última que tenía el PP -nos la enseñó en su teléfono móvil- le daba un 28% de los votos al partido de Rajoy, un 21% -bastante lejos- al PSOE de Pedro Sánchez, un 19% a Ciudadanos, que avanza y puede acabar convirtiéndose en segunda fuerza política, y un 16% a Podemos. “Pero ya no vale”, nos dice. Lo que pasó el martes, la reacción de Mariano Rajoy al paso dado por el Parlament, hace que todo cambie. Podría decirse que Artur Mas se ha convertido, sin quererlo -o queriendo, vaya usted a saber-, en el mejor aliado de Mariano Rajoy para volver a La Moncloa y hacerlo, además, con un resultado lo suficientemente amplio como para gobernar cuatro años sin demasiadas complicaciones.

Dudo que llegue el PP a la mayoría absoluta, pero tampoco es descartable en función de cómo se vayan presentando los acontecimientos. Lo cierto es que, al contrario de lo que había ocurrido en otras ocasiones, Mariano Rajoy ha respondido a la crisis institucional abierta con Cataluña con acierto y, como nos decía este miembro de la dirección de su partido, “si no nos equivocamos”, el PP lo tiene todo a su favor para ganar claramente las elecciones. ¿Por qué? Pues es bien sencillo: porque en tiempos de crisis, mejor no hacer mudanzas. Sobre todo si las mudanzas no garantizan la resolución de esa crisis. Rajoy ha tenido esta semana tres aciertos importantes:

  1. Haber respondido con diligencia. Fue conocerse el contenido del texto aprobado por las fuerzas independentistas para su debate en el Parlamento catalán, y enseguida desde el Palacio de la Moncloa se convocó a la prensa para la lectura de un comunicado del presidente del Gobierno, que previamente había hablado telefónicamente con Pedro Sánchez y Albert Rivera para garantizarse al menos su respaldo.

  2. Hacerlo con contundencia. Es verdad que Rajoy no dijo nada que no hubiera dicho otras veces, pero fue la convicción con la que dijo que el Gobierno no descartaba ninguno de los mecanismos recogidos por la Constitución para frenar el desafío independentista -incluido el artículo 155-, lo que hace creer que esta vez el Gobierno no se va a amilanar y va a contestar con todos los instrumentos a su alcance.

  3. Buscarse los apoyos necesarios. Yo he dicho que me hubiera gustado ver ese martes a Pedro Sánchez junto a Mariano Rajoy. No fue el martes, pero fue el miércoles. Este es un asunto que debe involucrar a todas las fuerzas políticas que creen en la unidad de España, por eso va a ser interesante ese primer encuentro de Rajoy con Pablo Iglesias, porque de verdad sabremos dónde se sitúa Podemos.

Fíjense, a mí este momento me recuerda, salvando las evidentes distancias, al 11-M. Lo ocurrido en Cataluña es un golpe al Estado de derecho, y tiene una trascendencia enorme. Y era muy importante saber cómo iba a reaccionar el presidente del Gobierno ante un hecho extraordinariamente grave. Aznar, en aquel entonces, lo hizo marginando al resto de las fuerzas políticas, intentando obtener él solo un rédito político que se le volvió en contra por razones de sobra conocidas. Rajoy ha actuado desde el primer momento del único modo que cabía hacer: implicando al principal partido de la oposición, y a los demás, en la respuesta a uno de los hechos más graves que han ocurrido en España desde la Transición.

Y todo eso va a hacer que Rajoy vuelva a subir las escalinatas de La Moncloa después del 20-D como presidente del Gobierno. Entre otras cosas porque, a fecha de hoy, su partido es el único que puede garantizar que España no se va a romper. Ciudadanos también, pero no tiene la fuerza suficiente. Y el PSOE de Pedro Sánchez ha jugado tanto a la ambigüedad que ahora, cuando hay que ponerse el traje de la firmeza, no le cabe.

Dos Palabras
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