"Rajoy será presidente, pero le va a tocar sufrir"

El líder del PP ya sabe a qué carta juegan PSOE y C's, que no es otra que la de hacerle pasar el trago de una investidura fallida para que sepa que 137 escaños son insuficientes para gobernar

Foto: El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy. (EFE)
El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy. (EFE)

Hace un par de días, poco después de la reunión de Mariano Rajoy con Albert Rivera, un 'barón' socialista me decía lo siguiente: "Mariano Rajoy va a ser presidente, pero le va a tocar sufrir". Le pregunté a que se refería, aunque podía imaginármelo, y me contestó: "Para ser presidente del Gobierno va a tener que morder el polvo de una sesión de investidura fallida... Ya sé que es absurdo plantear las cosas en estos términos, pero es la condición que nos va a poner Pedro Sánchez para aceptar la abstención, que Rajoy sufra la humillación de perder... Eso significa que ahora habrá una investidura, que Rajoy saldrá derrotado, y que seguramente habrá una segunda sesión tras las elecciones gallegas y vascas y, ahí sí, tendrá el sí de Ciudadanos y la abstención del PSOE. Lo que en ningún caso contemplamos en el PSOE, a pesar de los silencios de Sánchez en ese sentido, es una alianza con Podemos para gobernar. Eso es imposible".

Con ese escenario, al PP le daría tiempo de negociar los Presupuestos para 2017 estando en funciones, y aprobarlos -no puede hacerlo antes- nada más formar gobierno, y esa parece ser la hoja de ruta que está negociando Rajoy con Albert Rivera... Si no fuera así, ¿por qué se compromete el líder de Ciudadanos a negociar las cuentas del Estado? Nadie negociaría unos presupuestos con un Gobierno en funciones si no estuviera convencido de que iba a dejar de serlo a corto plazo. Y Rajoy ya debe de saber a qué carta están jugando PSOE y Ciudadanos, que no es otra que la de hacerle pasar el trago de una investidura fallida para que el PP sea consciente de que 137 escaños son insuficientes para gobernar, y que algunos gestos de cierta prepotencia en los días posteriores al 26-J eran innecesarios.

Sánchez, que debería estar en su casa como responsable de la mayor catástrofe electoral de su partido, no quiere regalarle a Rajoy la presidencia

Y es que, en efecto, al PP se le subió la euforia a la cabeza y Rajoy llegó a convencerse -o le convencieron- de que sería presidente por una simple cuestión de ausencia de alternativas... Pero no era así, y ahora no ha tenido más remedio que acabar haciendo lo que muchos veníamos diciendo desde hace tiempo que tenía que hacer: negociar, pero no sobre la base de su programa electoral, sino abriendo la mano a la incorporación de las propuestas de la otra parte, como el pacto que en su día suscribieron el PSOE y Ciudadanos, y designar un equipo negociador. Esto se podía haber hecho desde el día siguiente de las elecciones, pero Rajoy ha esperado cinco semanas perdiendo un tiempo precioso para la formación de gobierno.

Bienvenida sea, en cualquier caso, la rectificación. Ahora, sin embargo, le va a tocar, como decía mi interlocutor, sufrir, porque a pesar de esos 137 escaños y de ser la única posibilidad real de gobierno para España, no deja de estar en manos de terceros que quieren cobrarse la pieza del fracaso que sufrieron ellos antes. Eso no es bueno para España, pero no deja de ser parte de las flaquezas humanas que acompañan a nuestros políticos. Sánchez, que hace tiempo que debería estar en su casa como responsable de la mayor catástrofe electoral que haya sufrido su partido, no quiere regalarle a Rajoy la presidencia del Gobierno sin que este antes muerda el polvo, al menos una vez.

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