En Europa y en Estados Unidos se preguntan si nos hemos vuelto locos

Es lógico que allende nuestras fronteras se pregunten sorprendidos cómo es posible que el Gobierno y Mariano Rajoy hayan permitido que todo esto llegue a donde ha llegado

Foto: El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, junto a los alcaldes a favor de la consulta, en Barcelona. (Reuters)
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, junto a los alcaldes a favor de la consulta, en Barcelona. (Reuters)

“¿Cómo ha podido permitir Mariano Rajoy que lo de Cataluña llegue hasta donde ha llegado?” La pregunta se la hacen estos días en Europa y en Estados Unidos, según me contaban esta semana fuentes muy vinculadas al Partido Popular Europeo y con contactos importantes en la administración Trump. La respuesta la daba el mismo viernes por la tarde el propio Mariano Rajoy, cuando reconoció que su Gobierno se dedicó en exclusiva a resolver la crisis económica y que, cuando desde la Generalitat se le ofreció diálogo para pactar el referendum sin otra alternativa, él no podía consentirlo.

O sea, que no hizo nada. Que es lo que suele hacer siempre Mariano Rajoy: nada. Ahora sí, pero ahora es cuando estamos ofreciendo al resto de Europa y del mundo un espectáculo dantesco en el que un día la Generalitat hace o aprueba algo relacionado con el referéndum o con la independencia misma, y al día siguiente los tribunales responden con una querella.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. (EFE)
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. (EFE)

¿Se acuerdan de aquel juego de cuando éramos niños en el que dos equipos tiraban de una cuerda y ganaba el que consiguiera arrastrar al otro a su lado? No recuerdo el nombre de ese juego, pero eso es más o menos lo que estamos viviendo, dos equipos tirando de la cuerda de la ley para arrastrar al otro a su terreno. Obviamente, ya lo he dicho antes, los que creemos en la ley, el Estado de Derecho, la democracia y el respeto a nuestra Constitución, estamos ahora mismo del lado del equipo del Gobierno. Sin dudarlo, porque lo que se nos ofrece por el otro lado es vulneración de las reglas del juego democrático y la práctica de un totalitarismo nacionalista antidemocrático.

Pero lo cierto es que lo que estamos viviendo cada día, con la policía registrando imprentas y medios de comunicación y metidos en una escalada verbal sin precedentes, resulta muy triste y doloroso. Y es lógico que allende nuestras fronteras se pregunten sorprendidos ante lo que están viendo, que cómo es posible que el Gobierno y Mariano Rajoy hayan permitido que todo esto llegue a donde ha llegado. No salen de su asombro, sobre todo porque pase lo que pase el 1 de octubre, la sensación que tienen en Europa es la de que esto ya no tiene marcha atrás, y que si no es referéndum el Gobierno de la Generalitat acabará imponiendo la independencia por la fuerza y, entonces, ¿qué hará Rajoy? ¿Suspender la autonomía catalana y enviar al ejército?

No salen de su asombro, sobre todo porque pase lo que pase el 1 de octubre, la sensación que tienen en Europa es la de que esto ya no tiene marcha atrás

Porque esto es lo que realmente preocupa en Bruselas, no tanto lo que pase el 1 de octubre con el referéndum, sino hasta dónde están dispuestos a llegar los independentistas, y qué recursos reales tiene el Gobierno de Rajoy para evitarlo. Y lo que dicen es que “esto no tenía que haber pasado”. El viernes por la tarde en ese acto improvisado con el PP de Cataluña –lo de hablar a los convencidos también es muy de Rajoy, no vaya a ser que alguien le salga por peteneras-, el líder del PP decía que el diálogo había sido imposible porque desde Barcelona solo se le había ofrecido un referéndum y nada más.

Calle Aragón durante la manifestación de la Diada. (EFE)
Calle Aragón durante la manifestación de la Diada. (EFE)

Es posible, pero recuerdo que en 2012 Artur Mas fue a Moncloa a pedir auxilio y la negociación de un pacto fiscal, y la respuesta fue un ‘no’ rotundo, ni siquiera la posibilidad de hablarlo o de ver otras alternativas. Y cuando llevó un documento con no recuerdo si eran 40 o 45 peticiones, tampoco se le hizo ni caso. Es verdad que el Gobierno estaba concentrado en la salida de la crisis. Tanto, que se olvidó de que gobernar un país implicaba preocuparse también de otras cosas, entre ellas intentar enterarse de qué era lo que estaba pasando en Cataluña y por qué el sentimiento independentista crecía proporcionalmente al desinterés gubernamental.

Gobernar no consiste solo en decir que ‘no’ y esperar a ver qué pasa, dejar que los problemas se pudran o exploten como le gusta hacer a Rajoy. Gobernar implica tomar decisiones y adelantarse a los problemas, y eso no lo ha hecho Mariano Rajoy. Así estamos y, francamente, no sabemos realmente qué es lo que va a pasar.

Dos Palabras
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