¡Cuánto fascista celebrando la Constitución!

A las puertas de su cuadragésimo aniversario, allí estábamos todos celebrando cuarenta años de democracia que suponen el portazo definitivo a cuarenta años de dictadura

Foto: Varias personalidades políticas, este miércoles, reunidos con motivo del día de la Constitución. (EFE)
Varias personalidades políticas, este miércoles, reunidos con motivo del día de la Constitución. (EFE)

Un año más, y van 39, o XXXIX según los puristas, el Congreso de los Diputados fue lugar de cita para todos aquellos que, de una u otra manera, celebramos que España sea una democracia consolidada con una Constitución que, siendo necesario reformar, nos ha servido muy bien hasta ahora como marco para la convivencia. Hasta ahora, porque es evidente que algunos fallos debe de tener cuando no se ha mostrado tan sólida como creíamos a la hora de evitar crisis de Estado como la que hemos vivido. Pero en fin, a las puertas de su cuadragésimo aniversario, allí estábamos todos celebrando cuarenta años de democracia que suponen el portazo definitivo a cuarenta años de dictadura.

Bueno, todos no, porque no estaban los nacionalistas. Algunos sí, perdón, los nacionalistas que han sido leales a la Constitución sí estaban –traidores como Miquel Roca, por ejemplo- pero los nacionalistas que consideran que todos los demás somos unos fascistas, esos no. El nuevo nacionalismo –que no por nuevo deja de ser tan viejo como el odio mismo- ve fascistas por todas partes, por todas las esquinas. Los busca, porque los necesita. De hecho, encontrar fascistas es casi una necesidad en sí misma, una forma de supervivencia. Y ayer el Congreso estaba lleno de fascistas. Fascistas de izquierdas. Fascistas de derechas. Fascistas de centro. Fascistas del PP, fascistas de Ciudadanos, fascistas del PSOE y hasta fascistas de Podemos.

La presidenta del Congreso, Ana Pastor, hizo un discurso que podía haber estado redactado por Benito Mussolini y que cientos de fascistas allí reunidos aplaudieron sin consideración alguna hacia las víctimas de su opresión, como el pobre Puigdemont exiliado en las frías calles de la horrible Bruselas. Había diplomáticos fascistas, militares fascistas y hasta curas fascistas. Y los periodistas que por hacerles el juego somos tan fascistas como ellos, o incluso más. El otro día no entendí porque Marta Rovira recurría a tanto circunloquio cuando Jordi Évole le preguntó si Inés Arrimadas era una fascista. Tendría que haber respondido con un “sí” firme y contundente… ¿Cómo no va a ser fascista alguien que defiende una Constitución que oprime a Cataluña?

Es más, fascistas son los catalanes que hace treinta y nueve años votaron de forma mayoritaria y absoluta la misma Constitución que ahora los estruja de manera inmisericorde. Me agradó, ayer, ver a Pablo Iglesias entre tanto fascista, porque está bien que haya fascistas de distinto pelaje, fascistas que creen que no hay que reformar la Constitución, y fascistas que lo consideran imprescindible. Fascistas que consideran que el espíritu del 78 sigue vivo, y fascistas que opinan que ha caducado y hace falta un nuevo consenso constitucional. Pero fascistas, al fin y al cabo.

Me agradó ver a Iglesias entre tanto fascista porque está bien que haya fascistas de distinto pelaje, que creen que no hay que reformar la Constitución

Porque fascista es todo aquel que no esta de acuerdo con el derecho de menos de la mitad del pueblo catalán a imponer su voluntad de independencia a la otra parte y, por el contrario, considera que cualquier paso en esa dirección debe hacerse respetando las leyes y las reglas del juego del Estado de Derecho, ¡vaya por Dios! O manda huevos, que diría alguno… Si algo me quedó claro ayer, es que entre los fascistas existe mucha más pluralidad de opiniones de la que podría imaginarse, y que esto de la reforma de la Constitución va a suponer no pocos encontronazos en el futuro entre unos fascistas y otros.

Así que los nacionalistas, que ven fascistas por todas partes, lo van a tener complicado para identificarlos en función de su grado de afrenta hacia la República Independiente de Catalunya. El nacionalismo necesita fascistas como el comer, y ayer los tenía a todos reunidos en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso de los Diputados. ¿Qué harían sin poder encontrar fascistas que justifiquen su propia existencia? Eso sí, que se anden con cuidado, no sea que de tanto buscar fascistas, se acaben encontrando a sí mismos.

Dos Palabras

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
9 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios