Rajoy conduce al Partido Popular hacia su propia extinción

Lo que sí saben en el PP es que el presente les ha traído un baño de realidad al que deberían hacer caso, y empezar por admitir que la solución a los problemas de este país pasa por hacer política

Foto: El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el candidato del PPC a la presidencia de la Generalitat, Xavier García Albiol. (EFE)
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el candidato del PPC a la presidencia de la Generalitat, Xavier García Albiol. (EFE)

Seguramente tenga razón el presidente del Gobierno cuando el viernes en rueda de prensa afirmaba que, dadas las circunstancias, este no es un buen momento para adelantar las elecciones generales. Ahora que sabemos que el independentismo mantiene vivas sus esperanzas y fortalecidas sus expectativas, someter al país a la tensión de unas inminentes elecciones generales probablemente no sea la mejor de las opciones. Pero, le guste o no, Mariano Rajoy no va a poder estirar la legislatura hasta su final. No debería, al menos.

Es más, si realmente no quiere ver desaparecer a su partido, lo verdaderamente leal a esas siglas sería convocar en unos meses un congreso extraordinario, anunciar su retirada y darle de una vez por todas a Alberto Núñez Feijoo la oportunidad de encabezar un proyecto de regeneración y transformación política que le de la réplica a Ciudadanos. No lo va a hacer. Y tampoco Feijoo se va a atrever a exigírselo porque, para desgracia del propio partido y de su militancia, su estructura está tan absolutamente adormecida y es tan dependiente del liderazgo personal de Rajoy, que cualquier intento de provocar un terremoto de esas características será inmediatamente abortado. Feijoo ya sabe cómo se las gastan en Moncloa desde que alguien hizo llegar a la redacción gallega de 'El País' aquellas fotos con Marcial Dorado.

Rajoy conduce al Partido Popular hacia su propia extinción

Así que como todo seguirá igual y nadie habrá aprendido nada de lo ocurrido el día 21 en Cataluña, el PP es hoy, a estas horas y con estos mimbres, un partido condenado a la extinción, de la mano de su líder máximo Mariano Rajoy Brey. Llevo tiempo relatando una y otra vez la concatenación de errores que ha venido cometiendo el presidente del Gobierno desde que en septiembre de 2012 Artur Mas acudiera al Palacio de la Moncloa a pedirle el Pacto Fiscal. Así que no voy a repetirlos. Lo ocurrido el pasado jueves es la consecuencia inevitable de todos esos errores. Las dos peores noticias que podía recibir el PP se dieron cita al mismo tiempo en la puerta de entrada de Génova 13: el independentismo repetía mayoría absoluta y, además, Ciudadanos les robaba no solo la cartera, sino hasta la ropa interior y dejaba al PP convertido en un partido marginal, irrelevante y perfectamente sustituible.

Mariano Rajoy recibe a Artur Mas en la Moncloa. (Reuters)
Mariano Rajoy recibe a Artur Mas en la Moncloa. (Reuters)

Es más, ya está sustituido al menos en lo que a la política catalana se refiere. Mucho tendrían que cambiar las cosas, pero lo lógico es que al final hasta esos cien mil votantes irreductibles del jueves se acaben rindiendo a la nueva política que representa el partido naranja y su lideresa, Inés Arrimadas. Lo que ponen de manifiesto esos más de un millón de votos obtenidos por Ciudadanos es que el partido de Albert Rivera se ha convertido, por un lado, en la única referencia posible para el votante no independentista, sea este de izquierdas o de derechas. Y, por otro, en la única opción realmente transparente y libre de cualquier pesada mochila en forma de corrupción, crisis económica, desigualdades sociales, etcétera.

Podía haber compartido esa característica con Podemos, pero Pablo Iglesias se empeñó en mantener una postura ambigua y equidistante, y eso le ha pasado factura. La gente quiere saber lo que vota, y tener claro que lo que vota va a responder a sus expectativas, y eso no lo han ofrecido ni Podemos ni el PSC, y de ahí que ni uno ni otro hayan logrado su objetivo de haber sumado escaños suficientes como para haberse convertido en una opción real de gobierno conjunto.

El zarpazo sufrido por el Partido Popular en Cataluña a favor de Ciudadanos es solo la antesala de lo que le puede ocurrir a nivel nacional

Pero, volviendo al PP, el zarpazo sufrido por este partido en Cataluña a favor de Ciudadanos es solo la antesala de lo que le puede ocurrir a nivel nacional si nadie lo remedia. Y como ese ‘nadie’ tiene nombre y apellidos y no va a hacer nada para evitarlo salvo intentar mantenerse en el poder el mayor tiempo posible, la condena a la desaparición está ahí, a la vuelta de la esquina. Desde el jueves, Mariano Rajoy, a quien todo le ha salido mal, es un líder acabado cuya continuidad en el poder solo va a traer más desgracias al país y a su partido. Y desde el jueves, Albert Rivera, que ha llevado a Ciudadanos a lo máximo en Cataluña y ha sabido rentabilizar la opción de un españolismo transversal y comprensivo, es un líder con trayectoria de crecimiento que puede acabar siendo presidente aupado sobre los escombros del partido que le ninguneó durante tanto tiempo.

Lo que depare el futuro no lo sabemos, pero lo que sí saben en el PP es que el presente les ha traído un baño de realidad al que deberían hacer caso, y empezar por admitir que la solución a los problemas de este país no pasa por la ortodoxia jurídica —en el caso de Cataluña—, o económica —en el caso de la crisis—, sino por eso que hemos repetido tantas veces encontrando al otro lado oídos sordos: hacer política.

Dos Palabras
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