El Bigotes y el espejo en que no quiere mirarse el PP

Lo que se está juzgando en cada una de las causas abiertas contra el PP es una etapa que ha estado marcada por una corrupción estructural instalada en el epicentro mismo de su dirección política

Foto: El responsable de Gürtel en la Comunidad Valenciana, Álvaro Pérez, 'el Bigotes'. (EFE)
El responsable de Gürtel en la Comunidad Valenciana, Álvaro Pérez, 'el Bigotes'. (EFE)

“Veo portavoces del PP que insultan con mucha facilidad, pero claro, son portavoces muy jóvenes, no tienen ni la más remota idea de qué era lo que pasaba antes”. La frase la dijo ayer Álvaro Pérez, 'el Bigotes', durante su comparecencia en la comisión del Congreso que investiga la financiación irregular del PP. No le faltaba razón. A los nuevos que ahora ocupan los despachos de las plantas nobles de Génova 13 no les cuesta nada decir cualquier 'boutade' delante de un micrófono en referencia a quienes han manchado la imagen de su partido, llámense Bárcenas, Correa, el Bigotes, Matas, Granados, González…

La lista es interminable, porque en el fondo lo que se está juzgando en todas y cada una de las causas abiertas contra el PP es una etapa de ese partido que ha estado marcada por una corrupción estructural instalada en el epicentro mismo de su dirección política. Por eso era interesante escuchar ayer a Álvaro Pérez, porque sin decir realmente nada más allá de que cierto día acompañara a Belén Bajo —entonces jefa de prensa de Rajoy y hoy ilustre diputada— a comprarle al jefe unas gafas nuevas —pagadas con dinero del bolsillo del Bigotes—, no hizo ninguna revelación espectacular, de esas que llenarían las portadas de los periódicos y las webs en internet.

El Bigotes y el espejo en que no quiere mirarse el PP

Pero lo que dijo y, sobre todo, el tono con que lo dijo fue suficiente para que tras escucharlo cualquiera se diera cuenta de que, en efecto, allí, en aquellos tiempos en los que él y Francisco Correa campaban a sus anchas por Génova 13, pasaba algo. “Yo no he corrompido a nadie, en todo caso ya eran corruptos”. No sé si en el juego de verdades y mentiras del Bigotes esto puede catalogarse como una salida por la tangente, pero hay un fondo de venganza justiciera en esa afirmación que viene a decir lo que, después de todo lo sabido, muchos pensamos: había una predisposición a corromperse, a permitir que los sobresueldos con dinero negro llegaran cada mes con ánimo de engrosar las ya abultadas cuentas de unos políticos muy bien pagados en blanco por su propio partido.

Pero no era suficiente. Querían más, y ese más debía escaparse a cualquier control, por eso era fácil confiarse a gente como Álvaro Pérez, con pocos escrúpulos, dispuesto a todo porque, en el fondo, aunque él no lo diga, también es un presunto corrupto que igual que otorgaba favores a unos y otros, recibía los mismos favores de unos y de otros. Por eso está en la cárcel, no por otra cosa, aunque Joan Tardà quisiera tocar la tecla de su lado humano y él le respondiera comparándose con Oriol Junqueras. Se lo puso en bandeja.

Para el resto de los portavoces de la comisión, fue un día divertido a veces, intenso otras… Para el PP, fue un mal día. Que Álvaro Pérez se la tiene jurada al partido de la gaviota es obvio, pero precisamente porque no contó nada que pudiera considerarse delito el grueso de lo que dijo estaba cargado de convicción. Era todo tan evidente, tan aparentemente real, que difícilmente podía contradecirse y, de hecho, nadie en el PP se atrevió a hacerlo. Ni siquiera para desmentir la tontería de las gafas que, en el fondo, tiene mucho de anécdota que aporta transparencia a lo que realmente ocurría allí: si eso se hacía con unas gafas, qué no se haría con otras cosas. Y quién no lo haría, esa es la cuestión.

Dos Palabras
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