Cifuentes y el 'mal fario' que afecta al Partido Popular

Siempre he creído que Cifuentes estaba llamada a luchar por ocupar el puesto que dejara vacante Mariano Rajoy si es que este decidía hacerlo en algún momento, lo cual está por ver

Foto: La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, interviene en el pleno de la Asamblea de Madrid. (EFE)
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, interviene en el pleno de la Asamblea de Madrid. (EFE)

Hace poco más de un año, el 22 de enero de 2017, publiqué un post que se titulaba 'Y Cristina Cifuentes desafió a los dioses del Olimpo' en el que alertaba de la aparente prisa de la presidenta regional de Madrid por aparecer ante los ojos de la opinión pública como una seria candidata a la sucesión de Mariano Rajoy. Entonces me llamó alguien, no diré quién, del entorno de Cristina Cifuentes para afearme aquel artículo en el que no hacía más que poner voz, o letra en este caso, a lo que se estaba diciendo en la Dirección Nacional del PP sobre la exagerada presencia mediática de la presidenta regional.

Siempre he creído, sin embargo, que Cifuentes estaba llamada a luchar —si puede decirse así— por ocupar el puesto que dejara vacante Mariano Rajoy si es que este decidía hacerlo en algún momento, lo cual está por ver. Es más, había en el PP una tendencia a creer que sin Mariano Rajoy al frente, al partido le convenía apostar por una mujer para encabezar la candidatura y que, sin desmerecer a otras posibles candidatas —Soraya Sáenz de Santamaría, Ana Pastor, María Dolores de Cospedal…—, Cristina Cifuentes partía con una evidente ventaja de apoyo popular y de la militancia de su partido. A eso había que añadir una libertad mayor que la de sus competidoras a la hora de poner en marcha una cierta operación limpieza como ya había hecho en el PP madrileño.

Existen serias dudas de que Cristina Cifuentes pueda repetir como candidata de su partido a la Presidencia de la Comunidad de Madrid

Lo tenía, pues, todo a su favor. Y, sin embargo, un año y dos meses después, existen serias dudas, no ya de que Cristina Cifuentes pueda aspirar a ser quien suceda a Mariano Rajoy al frente del PP, sino de que incluso pueda repetir como candidata de su partido a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, y en fuentes del PP ya se habla de Pablo Casado como el más seguro cabeza de lista para enfrentarse a alguien de su quinta y de su perfil, es decir, a un Íñigo Errejón que puede aglutinar el voto de centro-izquierda y aspirar a gobernar Madrid. Y no deja de ser una desgracia para el PP, que no está sobrado de candidatos aparentemente limpios y ajenos a toda la corrupción que asola al partido y capaces de enfrentarse a lo que hoy es el mayor enemigo de este partido: el desencanto que lleva a sus votantes a optar por Ciudadanos como nuevo referente del centro-derecha.

Pablo Casado. (EFE)
Pablo Casado. (EFE)

Hace ya semanas que Cristina Cifuentes viene mostrando una actitud nerviosa y en el propio partido se reconocía que estaba atravesando un mal momento, acosada por las declaraciones de los imputados en los casos de corrupción que afectan al PP, especialmente por las del ex secretario general Francisco Granados. Ella, habitualmente acostumbrada a derrochar simpatía y empatía, sin embargo demostraba justo lo contrario en un reciente almuerzo con un grupo destacado de periodistas veteranos, fruto de esos nervios que parecen afectarla. A eso hay que añadir una mala relación con su socio de gobierno, Ciudadanos, extremadamente exigente con la presidenta regional hasta unos niveles que no era comparables a los que este mismo partido tiene con la presidenta andaluza, Susana Díaz. ¿Por qué? Pues fundamentalmente porque Ciudadanos era consciente de que Cifuentes se encontraba entre las y los dirigentes del PP —junto al presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo— que con más firmeza podían oponerse a su estrategia de imponerse a las siglas del PP por sustitución.

Se habla de Pablo Casado como el más seguro cabeza de lista para enfrentarse a alguien de su quinta y de su perfil, es decir, a Íñigo Errejón

Por eso es inexplicable que la crisis de estos últimos días haya sido provocada por el llamado fuego amigo. Al menos eso es lo que creen en el entorno de la presidenta regional, que ha reaccionado muy mal desde el minuto uno a lo que estaba pasando. A día de hoy, la crisis sigue abierta, y el hecho de que la propia Cifuentes no haya sido capaz de zanjar la cuestión y de que la universidad se haya visto obligada a abrir una investigación interna, no hace más que abundar en las sospechas de que algo se nos está ocultando. El asunto, en sí mismo, me recuerda mucho, salvando las distancias, a lo que ocurrió con el exministro de Industria, José Manuel Soria, que no dimitió porque las informaciones que lo implicaban en los papeles de Panamá fueran ciertas y constitutivas de alguna clase de delito, sino porque desde el principio fue incapaz de explicar lo que estaba ocurriendo y naufragó en un mar de declaraciones que se contradecían a si mismas.

¿Tan difícil es explicar lo que haya que explicar desde el minuto uno? Habrá que ver lo que ocurre en los próximos días y lo que concluye esa investigación interna que ha puesto en marcha la Universidad Rey Juan Carlos, pero Cristina Cifuentes está, como se dice en el argot político, tocada. Y es una pena, se lo digo en serio, porque como decía antes en el PP no sobran dirigentes capaces de recuperar una cierta ilusión en un votante al que ya le da vergüenza mirar las siglas de su partido. Y Cifuentes era una de ellas. Pero la derecha tiene la costumbre, la mala costumbre, de pegarse inútiles tiros en el pie.

Dos Palabras
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