¡Catarsis, catarsis, catarsis!

El PP tenía que pasar por el túnel de lavado, asumir la urgencia de una regeneración y de una refundación política e ideológica que suponga una ruptura con una etapa que está bajo sospecha

Foto: El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, saluda al portavoz popular en el Congreso, Rafael Hernando. (EFE)
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, saluda al portavoz popular en el Congreso, Rafael Hernando. (EFE)

El Partido Popular está en estado de 'shock'. Es lógico. Nadie se esperaba hace diez días, cuando se acababan de aprobar unos Presupuestos Generales del Estado que garantizaban poder llegar, incluso, al final de la legislatura, que poco más de una semana después estarían haciendo las maletas para irse a su casa. Asumir que te han echado, y que además es la primera vez que algo así ocurre en la reciente historia democrática de España, es difícil. Pero se veía venir, en serio.

Hemos sido pocos los que veníamos advirtiendo desde las elecciones generales de diciembre de 2015 que todo esto era una ficción, y que la supuesta mayoría parlamentaria —cierta en lo que a número de escaños se refiere— era una realidad difusa. Porque en verdad lo que le estaba pasando al PP es que a su alrededor se generaba un clima de rechazo que a medida que pasaba el tiempo se iba haciendo más denso. Ya en aquel momento Mariano Rajoy debía haber tomado la decisión de irse a su casa, porque era muy previsible todo lo que iba a venir después.

Rajoy se despide felicitando a Sánchez y deseándole suerte

Solo un ciego podía no verlo. Y en el PP estaban muy ciegos. Estaban tan ciegos que cuando alguien intentaba abrirles los ojos respondían como se hace en los regímenes totalitarios: callándolo. Este ha sido, lo he dicho más veces y lo repito, el Gobierno más intervencionista de todos los que ha habido en la democracia española, al nivel de cualquier república bananera. Hace tiempo que el PP necesitaba pasar por el túnel de lavado, asumir la urgencia de una regeneración e, incluso, de una cierta refundación política e ideológica que suponga una ruptura con una etapa que se encuentra bajo sospecha. Una catarsis, en definitiva.

Pero era imposible hacerla bajo mandato de un presidente que estaba directamente implicado con esa etapa que se encuentra bajo sospecha, y cuando todavía el partido mantiene en muchos puestos de responsabilidad a personas que de una u otra manera también han tenido una estrecha vinculación con los protagonistas de una de las etapas de corrupción más negras de la historia reciente de España. Mariano Rajoy puede decir lo que quiera, pero la Justicia ha condenado a su partido por corrupción.

Si el PP no quiere pasar a la historia como una segunda versión de la UCD, debe romper las amarras que le unen con el aznarismo

Que esa condena sea solo verbal porque no existía la figura penal del delito en el momento en el que este se cometió, no significa que no sea así. La lectura de la sentencia de la trama Gürtel es demoledora, e intentar falsear la realidad no hace sino ahondar en el descrédito de un partido que, por otro lado, ha aportado mucho y muy positivo a la democracia española. Por eso es necesaria esa catarsis, porque si el PP no quiere pasar a la historia como una segunda versión de la UCD, debe romper definitivamente las amarras que le unen con el 'aznarismo' y con todo lo que ha significado en términos de corrupción, prepotencia, impunidad

Y los herederos del 'aznarismo', a pesar de haber sido repudiados por el refundador del PP, han seguido ahí, han formado parte de la historia reciente del PP, y tienen mucho que responder políticamente de lo ocurrido hasta ahora. ¿Qué debe pasar? Lo lógico es que Mariano Rajoy se vaya a su casa. Mejor antes que después. El intentará pilotar la sucesión, pero eso no hará sino cortocircuitar la necesidad real de permitir que sean las bases del partido las que decidan como debe ser el PP del futuro.

Mariano Rajoy y Jose María Aznar. (Reuters)
Mariano Rajoy y Jose María Aznar. (Reuters)

Rajoy puede caer en la tentación de amarrarse a lo poco que le queda, hundiendo aún más cualquier posibilidad que podría tener el PP de recuperarse. O puede hacer de una vez por todas un gesto de generosidad con su partido y salir por la puerta que sea y, sin intervenir en el proceso, facilitar la necesaria catarsis. Solo habrá regeneración y renovación si Rajoy lo permite, porque para su propia desgracia el PP tiene una dependencia de su líder muy similar a la que tiene el independentismo de Puigdemont. En eso, fíjense que paradoja, son casi iguales.

Dos Palabras

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