De cómo el párroco de Santa María de Caná, iglesia 'pepera' de Pozuelo de Alarcón, da vivas al Rey ante el fervor de la feligresía

Hasta los púlpitos ha llegado ese “¿Por qué no te callas?” con que obsequió el Rey Juan Carlos a un atónito Hugo Chávez. Así, tan solo

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    Hasta los púlpitos ha llegado ese “¿Por qué no te callas?” con que obsequió el Rey Juan Carlos a un atónito Hugo Chávez. Así, tan solo unas horas después del encontronazo, en misa de una y media, el párroco de Santa María de Caná, Jesús Higueras, terminaba la celebración dando gracias a Dios y al Rey mientras los numerosos fieles que abarrotan cada domingo las misas que se celebran en la parroquia de Pozuelo de Alarcón aplaudían a rabiar… Pero vayamos por partes, porque la escena merece ser contada con todo lujo de detalles, pues pocas veces ha podido verse una identificación de alabanzas a Dios y al César como la que relatamos.

    Primero hay que comprender que Caná es una iglesia situada en Pozuelo de Alarcón, localidad gobernada por el PP en la que su alcalde, Jesús Sepúlveda –ex fontanero de Génova 13 a las órdenes de Aznar- sale elegido con porcentajes superiores al 60% de los votos. Lo que tradicionalmente se llama un paseo militar. En la zona viven ‘peperos’ de alcurnia como el propio Aznar y su familia, Ángel Acebes, Jaime Mayor Oreja, Arsenio Fernández de Mesa y un largo etcétera de diputados y senadores de esta formación política. Si a eso unimos una parroquia en constante movimiento, implicada hasta el extremo con la ciudadanía y que ha conseguido que allí la crisis de fe sea una ficción, entonces se entiende lo que ocurrió el pasado domingo.

    Jesús Higueras, don Jesús, es un párroco que tiene pocos pelos en la lengua, por no decir ninguno, y no es la primera vez que desde el púlpito hace algún comentario de contenido político-espiritual sobre asuntos en los que la frontera entre lo profano y lo moral está muy difusa. El domingo celebró la misa de una y media, como es habitual en él, y al terminar, después de los avisos de rigor tras la comunión, él mismo se confesó a la feligresía: “No puedo resistir la tentación de hacer un comentario sobre lo ocurrido ayer (por el sábado) en la Cumbre Iberoamericana”. Un silencio sepulcral recorrió las cuatro naves del imponente templo de ladrillo rojo.

    Y se largó una perorata corta, pero intensa, sobre el orgullo que sentía por la actitud del Rey y cómo había defendido la dignidad de los españoles y de España en su conjunto ante el dirigente venezolano, al tiempo que recordaba lo mucho que hemos hecho desde la madre patria por aquellos países, que así nos lo pagaban y tal y tal. Y la iglesia rompió en aplausos. Es poco habitual, dicho sea de paso, pero pocos feligreses se quedaron sin aplaudir las palabras de su párroco y, sobre todo, la actitud del Monarca. Don Jesús ya es, por méritos propios, un referente para ateos y creyentes.

    El Confidente
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