Portillo gasta sus últimos cartuchos: pone a la venta su preciado coto de caza La Altabaja en Hornachuelos

Altabaja no es la evolución de la cotización de Colonial en Bolsa, sino elnombre de la espectacular finca que Luis Portillo, máximo accionista de lainmobiliaria, posee

Altabaja no es la evolución de la cotización de Colonial en Bolsa, sino elnombre de la espectacular finca que Luis Portillo, máximo accionista de lainmobiliaria, posee en el parque natural de la Sierra de Hornachuelos. El de Dos Hermanas, dicen quienes le frecuentan, “no está precisamente para echarse un zapateao en la Feria del Rocío”. Inmerso en la complicada venta de la compañía al fondo soberano de Dubai, Investment Corporation of Dubai (ICD), Portillo gasta los últimos cartuchos para saldar sus deudas: después del jet privado, se ha visto obligado a poner a la venta también sus cotos de caza.

El inmobiliario sevillano compró Explotaciones forestales y cinegéticas Altabaja SA, extensión de 2.500 hectáreas, a Julio García Alberca, a un elevado precio, a razón de dos millones de las antiguas pesetas por hectárea, cuando el precio de mercado era exactamente la mitad. Alberca, que en enero de 2007 tenía una participación de Inmocaral, en el mes de octubre de aquel año aún figuraba como accionista en Altabaja, junto con las sociedades de Portillo Tersina y Quetro, según consta en el registro mercantil. Fuentes locales consultadas aseguran que Portillo pagó por Altabaja y por el terreno cercano, La Loma, de 1.500 hectáreas, 48 millones de euros. Ahora las pone a la venta por algo más de 72 millones.

Administradores de fincas locales aseguran que los terrenos ya han recibido las primeras visitas de posibles compradores. Se trata de unos cotos ricos en caza mayor, abundantes en venado y muflón, con mucho alcornoque. La Altabaja, en concreto, dicen que encierra en su interior “más que un cortijo, un palacete”. Además, tienen un valor añadido, son vecinos de la finca de Alicia Koplowitz, dueña a su vez aún del 5,25% de Colonial, tras su reducción del capital de la compañía el pasado mes de enero.

“Portillo no quería desprenderse de esa finca, porque le servía para invitar a personalidades y hacer negocios en ella”, aseguran desde su entorno en Sevilla. Por esos campos cordobeses se han ido de montería desde las Koplowitz hasta los Botín, ricos de verdad que hasta hace pocos meses le reían las gracias a este ambicioso selfmade man, a este hombre hecho a sí mismo a golpe de paletada de cemento sobre el ladrillo.

Ahora que su gran obra, InmoColonial, cesta en la que Portillo puso todos sus huevos, se derrumba como un castillo de naipes y cotiza a menos de un euro la acción arrastrando a su demiurgo en su caída, ahora todos los parabienes se han tornado en negativas. Es el drama del nuevo rico a quien le pierde la ambición, desconocedor de que en el país de La Escopeta Nacional, el privilegio de decir que “la cacería es mía” es el coto vedado de unos pocos. Aunque no la paguen ellos.

El Confidente
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