Castillejo esconde el busto de Sandokán bajo la escalera y CajaSur le quita al cura la efigie y hasta el chófer

Ahora que caen chuzos de punta en el sector financiero internacional, esta España nuestra se afana en ejercer uno de sus hobbies favoritos, que es esconder

Ahora que caen chuzos de punta en el sector financiero internacional, esta España nuestra se afana en ejercer uno de sus hobbies favoritos, que es esconder las miserias debajo de la alfombra. O de la escalera. Esto último es lo que ha hecho el cura Castillejo, el Macinkus español, otrora todopoderoso presidente de CajaSur, con el busto del constructor caído en desgracia, Rafael Gómez, Sandokán.

 

Se desconocen las razones por las que el cura ha decidido esconder la sandunguera imagen de Sandokán bajo la escalera del Palacio de Las Doblas, sede de la impresionante Fundación Miguel Castillejo, lugar que regenta Castillejo desde que se jubiló. Cabe recordar que dicho edificio fue graciosamente cedido por el empresario que alcanzó la fama internacional tras su imputación en la Operación Malaya contra la corrupción urbanística en Marbella. Si ya lo dice el refrán: curas, monjas y gatos son animales ingratos.

 

Ahora bien, Sandokán no está solo en lo que a megalomanía se refiere. El propio cura sufre estos días en sus carnes la retirada de su propia efigie de la oficina central de CajaSur en Córdoba. La estatua, colocada en la era del cura, incluía una placa que calificaba a Castillejo como “el fundador de la nueva CajaSur”. Ahora, el busto cría polvo en algún apartado rincón de los almacenes de la entidad.

 

Avalancha de querellas

 

Con todo, el traslado del busto, doloroso por lo simbólico, es el menor de los males del cura. Peor es la retirada de fondos a la Fundación que regenta desde su salida de la presidencia de la Caja. El recorte incluye coche, chófer y demás privilegios. Cuentan en el patio andaluz que es Córdoba que Castillejo anda que se sube por las paredes de la Mezquita. Que se ha llevado tal disgusto que incluso se ha resentido su salud.

 

Bromas aparte, en la entidad controlada por la Iglesia hay pocos motivos para la chanza. A los precarios resultados semestrales y al galopante crecimiento de la morosidad hay que añadir la indisposición del director general, Alfonso Álvarez Tolcheff y, sobre todo, la avalancha de querellas que enfrenta CajaSur  para encontrar chivos expiatorios que carguen con las culpas de todos los excesos cometidos. El cruce de contenciosos amenaza con sacar a la superficie el cúmulo de inmundicia que atesora la caja.

 

Ocultar tanto despropósito se antoja más difícil que retirar el monolito que Sandokán ostenta en Fuengirola: una mole de 23 metros de altura que representa la imagen del Arcángel San Rafael y que casualmente reproduce la cara del propio Rafael Gómez... Torres más altas han caído. 

El Confidente
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