El Confidente
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El capital riesgo se cuela en la versión más sexual de Elsa Pataky
No pasará a la historia del cine el último intento por explotar los encantos físicos de Elsa Pataky, esa obra de arte de quirófano que se
No pasará a la historia del cine el último intento por explotar los encantos físicos de Elsa Pataky, esa obra de arte de quirófano que se desnuda -es auténticamente literal- tanta veces -y son muchas- como el guión de Didi Holywood lo exige para ver si se hace un hueco entre las selectas actrices de la gran pantalla. Por mucho primer plano al que el director Bigas Luna recurre para mostrar los encantos de la madrileña, que son muchos y curvilíneos, la debilidad de la interpretación hace pensar en si pagar algo más de siete euros por verla es un gasto o una inversión.
En lo que es original la cinta es en el uso de las marcas comerciales como publicidad subliminal, suponemos que para financiar el proyecto, ahora que el cine también está en horas bajas. En muchas secuencias aparecen imágenes nítidas de marcas como Lladró, Reig Martí -la escena del abornoz es en la que la Pataky aparece más tapada-, así como otras de coches de lujo. Pero la que más llama la atención es la de Marco Aldany, esa cadena de peluquerías de bajo coste que se ha colado en una película que narra los esfuerzos de una camarera española de discoteca que se va a Miami y a Los Ángeles para convertirse, cueste lo que cueste, en una estrella de cine.
El fundador de la empresa, en manos de MCH Private Equity desde 2007, hace un cameo en el que modela los cabellos de la joven, muy alborotados tras tanta escena de sexo explícito. Aldany aparece como el peluquero de un hotel lujo de Valencia, cuyo nombre también sale a todo trapo, donde la actriz se prepara para el lanzamiento de la movie. Lo curioso del asunto es que Aldany es un establecimiento más bien barato, donde cortan el pelo por 10 euros a los hombres y por 30 hacen las mechas a las chicas. Nada de alto standing, nada de celebrities, como se pretende relacionar en la película. Más bien low cost.
Pero lo cierto es que el fundador del grupo de peluquerías, que pretende salir a bolsa, ha conseguido colarse en los últimos estrenos del cine español. Ya lo hizo en Lope y ahora repite en esta historia de la Pataky, que cuenta un guión tan flojo como con los que Pajares y compañía intentaron alegrar los sentidos a los españoles de la Transición. Un producto que anima a verla, en caso de máximo aburrimiento o afloramiento de los sentidos más peregrinos, desde casa y en un formato más barato.
No pasará a la historia del cine el último intento por explotar los encantos físicos de Elsa Pataky, esa obra de arte de quirófano que se desnuda -es auténticamente literal- tanta veces -y son muchas- como el guión de Didi Holywood lo exige para ver si se hace un hueco entre las selectas actrices de la gran pantalla. Por mucho primer plano al que el director Bigas Luna recurre para mostrar los encantos de la madrileña, que son muchos y curvilíneos, la debilidad de la interpretación hace pensar en si pagar algo más de siete euros por verla es un gasto o una inversión.