De cómo Montserrat Corulla utilizaba un móvil encriptado de 4.000 euros para evitar los pinchazos

Los ‘pinchazos’ telefónicos son cosa del pasado. Las técnicas más sofisticadas han barrido estos métodos. Los abogados de Marbella se las saben todas. Hace unas semanas,

Los ‘pinchazos’ telefónicos son cosa del pasado. Las técnicas más sofisticadas han barrido estos métodos. Los abogados de Marbella se las saben todas. Hace unas semanas, en un cónclave de un conocido bufete, el cabeza visible de los letrados invitó a los integrantes de la mesa a que sacaran las baterías de sus teléfonos móviles. Uno de los abogados preguntó inocente: “¿Pero para qué? Basta con apagarlo para que no suene”. Fue entonces cuando el letrado jefe les explicó pacientemente los nuevos métodos que existían de escuchas y que sólo sustrayendo la batería del terminal podían evitar ser escuchados.

En la reunión se iban a tratar temas de inversiones del grupo. Se da el caso que dicho bufete está imputado en un caso de corrupción urbanística que llevan los juzgados de Marbella, así que mejor que nadie supiera de dichos asuntos.  

Este sofisticado sistema de escuchas ya es utilizado por diferentes empresas y permite escuchar conversaciones en tiempo real sin que los propietarios de los móviles lo detecten. El sistema se hace por triangulación GSM, es decir, el móvil conecta a una antena de la operadora, cuya antena tiene su propio ID, y hace un cálculo  exacto de la posición del emisor GSM. En definitiva, un atentado en toda regla a nuestro derecho a la intimidad. Curiosamente, la Ley General de Telecomunicaciones, en su artículo 33, obliga a las operadoras de telefonía a proporcionar a los agentes que lo soliciten, sin necesidad de autorización previa del juez, datos personales como el tipo de contrato o la posición geográfica en la que se encuentra el dueño del terminal.

El sistema abarata costes para “los espías”. Si no, que se lo digan a Roca, que tuvo que pagar 72.000 euros a Blanch Internacional, empresa que le proporcionó ocho teléfonos y un sistema de encriptación denominada Cripto. Estos ocho terminales fueron repartidos a sus “empleados de confianza”. Montserrat Corulla  manejaba uno de ellos cuyo precio ascendía a 4.000 euros. Es por eso que en el grueso del sumario nunca se han encontrados conversaciones comprometidas entre el ‘jefe’ y ella. Otros dos de los testaferros que manejaban el sistema eran Oscar Benavente y Gardoqui. Los dos declararán estos días en el segundo bloque del juicio de la Operación Malaya. 

El Confidente
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
13 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios