Tortas en las altas esferas por reunirse con la verdadera ‘madame’ de BlackRock

Se llama Michelle Edkins, aterrizará en España el 11 de noviembre por la mañana, y se marchará apenas 72 horas después, el miércoles 13, por la

Se llama Michelle Edkins, aterrizará en España el 11 de noviembre por la mañana, y se marchará apenas 60 horas después, el miércoles 13, por la noche. Un viaje relámpago que ha despertado la máxima expectación dentro del área económica del Gobierno, para quien esta estadounidense no es precisamente una desconocida.

Presidenta del Consejo de Administración de International Corporate Governance Network (ICGN), la asociación mundial de inversores institucionales, y directora global de Gobierno Corporativo de BlackRock, su palabra es sinónimo de inyección millonaria o desplome en picado, algo que conocen tanto dentro del Ministerio de Economía, como en lo más alto de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).

De ahí que varios responsables de estos dos organismos estén moviendo cielo y tierra, desde que han tenido conocimiento de la visita de la dama, para poder arañarle unos minutos de su tiempo y verse en privado. Ella, y sus inversiones, lo merecen.

Como presidenta de ICGN está al frente de una asociación cuyos miembros gestionan la escalofriante cifra de 14 billones de euros en activos. Como directiva de BlackRock, coordina a un equipo, formado por una veintena de personas, que actúa como guardián del buen gobierno de BlackRocK, ya que ella y sus chicos son los responsables de garantizar que aquellas sociedades cotizadas en las que invierte la firma en nombre de clientes respetan el fair play corporativo.

Muchos galones para una sola mujer que pisará Madrid para participar en el Congreso Internacional de Buen Gobierno que celebra el Instituto de Consejeros-Administradores (IC-A) con motivo de su décimo aniversario y que tiene en Edkins a una de sus grandes estrellas. 

Su fama la precede. El británico The Telegraph le dedicó en mayo del año pasado un artículo en el que la señalaba como la mano que estaba detrás de las revueltas accionariales que sufrieron en aquellos días algunas de las mayores compañías británicas.

Y es que Edkins es una convencida del poder de los inversores institucionales y de la obligación que estos tienen de ejercer sus derechos en las compañías en las que invierten. Una beligerancia que profesa desde el privilegiado pedestal que es ser alta directiva de la mayor gestora de fondos del mundo, con 3,67 billones de dólares bajo gestión.

Con esta carta de presentación, y teniendo en cuenta que una de las estrategias que ha diseñado el Gobierno para atraer inversión extranjera pasa por convencer a los proxy advisors de que nuestras compañías son un ejemplo de transparencia, buen gobierno y defensa de los minoritarios (sic), no sorprende que esté habiendo tortas por conseguir un segundo del escaso tiempo de Edkins. Y las que habrá.

El Confidente
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