El viaje a los infiernos de Juan Iranzo: de economista fetiche a usuario de 'tarjeta black'
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El viaje a los infiernos de Juan Iranzo: de economista fetiche a usuario de 'tarjeta black'

El escándalo ha dejado tocado al decano-presidente del Colegio de Economistas, fetiche liberal, asiduo a las tertulias de televisión y consejero de profesión.

El escándalo de las tarjetas black va camino de terminar como esas películas de Sam Peckinpah en las que no acaba vivo ni el apuntador. Ya ha caído un buenpuñado de los 83nombres (tres más no gastaron) que fueron bendecidos con la confianza de Miguel Blesa. Hay algunas amistades que matan. Ayer, sin ir más lejos, Juan Astorqui, vicepresidente de Burson Marsteller,y Fernando Serrano Antón, vocal del Tribunal Económico-Administrativo Municipal de Madrid (TEAMM), dejaron sus respectivos puestos.

Los otrora beneficiarios de tamaña sinecura caminan hoy como alma en pena por la capital. Es el caso de Juan Iranzo, decano-presidente del Colegio de Economistas, fetiche liberal, asiduo a las tertulias de televisión y consejero de profesión, que no sabe dónde esconderse en este Madrid vengador después de haber salido en los papeles como uno de los premiados (46.800 euros) conlas tarjetas no taxes de Caja Madrid.

Ocurrió el pasado miércoles 1 de octubre, instantes después de destaparse el escándalo. Fue en el Club Financiero Génova con motivo de un almuerzo coloquio organizado por el Club de Consejeros, del que Iranzo es presidente, evento que contaba como invitado estrella con José Ignacio Goirigolzarri, a la sazón el hombre que, como actual capo de Bankia y conocedor de sus secretos, había enviado a la Fiscalía las tropelías de los antiguos ejecutivos de Caja Madrid. Entre ellas, las de Juan Iranzo.

El almuerzo, cómo decirlo, resultó algo más que incómodo. El economista apenas abrió la boca. A lo más que llegó fue a asentir con la cabeza como esas figuras que cuelgan del retrovisor de los coches. Mientras, Goirigolzarri, por lo habitual templado, se mostraba más inquieto que de costumbre, revolviéndose en su silla, y dejando claro desde el principio que quien le había invitado a aquella comida era Emilio Zurutuza, presidente de honor del Club de Consejeros, que no el presidente, esto es, que no Iranzo.

Como la vida se gasta estas bromas macabras, la página web de este selecta asociación de consejeros justifica que su constitución, en 1997, se hace “para intercambiar experiencias entre los miembros del Consejo de Administración sobre el Buen Gobierno de las empresas y la RSC: para su formación, información, y relación profesional, de modo que cumplan lo mejor posible sus funciones y responsabilidades”.

No acabando aquí la cosa, el viacrucis de Iranzo se prolongó al día siguiente. Tenía que presentar un libro, El salario del miedo. Cine y Economía, en su casa, en el propio Colegio de Economistas, junto al periodista David Gistau y al editor Guillermo Balmori. La cosa no daría mucho más si no fuera porque el autor del libro, allí presente, no era otro que Eduardo Torres-Dulce, fiscal general del Estado, es decir, el que está buscando las cosquillas a los usuarios de las tarjetas en negro, el que quiere llevárselos por delante. Ni que decir tiene que a Iranzo no le llegaba la camisa al cuello.

Son los 83 de la lista. Algunos han pasado de modelos a apestados. Ya no les llaman para las tertulias, sus teléfonos dejan de sonar, hablan de ellos a escondidas… Todo ello consecuencia de los tiempos del exceso y la inmoralidad. No habrá dinero suficiente, ni siquiera a razón de dos mil euros por mes, que limpie semejante mácula.

Juan Iranzo Televisión Lo mejor y lo peor de 2013