Los empresarios catalanes rinden pleitesía a su 'musa' en la fiesta de Seeliger & Conde

Banqueros, constructores, alcaldes, expresidentes... No cabía un alfiler. En recorrer cincuenta metros por una copa de cava se tardaba lo mismo que Zatopek en los diez kilómetros

Foto: La candidata del PP a la alcaldía de Madrid, Esperanza Aguirre. (EFE)
La candidata del PP a la alcaldía de Madrid, Esperanza Aguirre. (EFE)

A uno y otro lado de Avenida Diagonal es de sobra conocido el poder de convocatoria de Luis Conde, fundador de Seeliger & Conde, celebérrimo headhunter que ayer celebraba sus 25 años. Para tal onomástica, convocó en el Palau de la Música a la crème de la crème del empresariado y de la política nacional. Como ya es norma de la casa, si uno quiere ser tenido en cuenta en la Ciudad Condal tiene que picar en los cócteles organizados por tan distinguido 'cazatalentos'.

Banqueros, constructores, alcaldes, expresidentes... No cabía un alfiler. En recorrer cincuenta metros por una copa de cava se tardaba lo mismo que Zatopek en los diez kilómetros. Por allí, música de Mahler de fondo, se dejaron caer el alcalde de Barcelona, Xavier Trias; el expresident José Montilla y la líder del PP catalán, Alicia Sánchez-Camacho. Y no, aunque parezca sorprendente, no estaba Albert Rivera.

Del mundo de los medios se pudo ver al conde de Godó, jefe del grupo del que es consejero el propio Conde, y el CEO de Vocento, Luis Enríquez, entre otros. De la empresa, mucho miembro destacado del Puente Aéreo, además de Juan Villar Mir (OHL), José Manuel Vargas (Aena), Francisco Reynés (Abertis) y un largo etcétera. Todos ellos encopetados 'informalmente' para la ocasión.

Sin embargo, la estrella del ágape no fue ninguno de ellos. Ni siquiera los anfitriones, los ya mencionados Seeliger & Conde. Nada de eso. La auténtica superstar de la velada venía de Madrid y no era otra que la candidata a alcaldesa y exempleada del headhunter, Esperanza Aguirre. Tal expectación despertó que había que darse de empellones para charlar unos minutos con ella. 

Los empresarios catalanes la cortejaban como si fuera María del Mar Bonet en sus mejores tiempos. El consejero delegado de Gas Natural, Rafael Vilaseca; el ex de La Caixa, Juan María Nin; el capo de Freixenet, José Ferrer... Todos ellos se aproximaban a Aguirre para alabarle la fuerza con la que había prorrumpido en la carrera electoral. Pero no sólo eso.

También le insistían machaconamente para que no cejara en su empeño liberal de bajar los impuestos. En una comunidad como Cataluña, con tipos casi confiscatorios, los empresarios catalanes escuchaban embelesados los cantos de sirena de Aguirre. 

El Confidente

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