La ciencia en España y el efecto Mateo: al que no tiene nada, se le quita todo
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La ciencia en España y el efecto Mateo: al que no tiene nada, se le quita todo

Las convocatorias de becas públicas favorecen a los grupos de investigación más grandes. Para los pequeños o los nuevos, crecer y avanzar es cada vez más difícil

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El llamado efecto Mateo podría resumirse con la frase “el rico se hace más rico y el pobre se hace más pobre”. El nombre viene de una cita del evangelio según San Mateo y los ejemplos son numerosos en nuestra vida cotidiana. Los científicos que investigan en el sector público español lo saben bien.

Existen dos programas nacionales paralelos para financiar la incorporación de jóvenes investigadores en formación a centros públicos (universidades y el CSIC, principalmente): el FPI y el FPU. El primero, para la Formación del Personal Investigador, otorga fondos para contratos asociados a un proyecto de investigación. El segundo, para la Formación del Profesorado Universitario, lo hace asociándolos directamente a un investigador, normalmente recién licenciado y tras cursar un máster, con el objetivo de que haga su tesis.

La diferencia entre ambas es importante. Con las FPI se quiere apoyar "el desarrollo de proyectos científicos relevantes", explica un jefe de grupo de investigación en una universidad pública de Madrid. Para otorgar estas becas, se tiene en cuenta la calidad del proyecto y la potencia del grupo en que se va a desarrollar: quién será su director, cuántas tesis habrá dirigido este, cuántos miembros forman el grupo y qué han hecho esos miembros anteriormente (tesis dirigidas, publicaciones, etc.).

Con las FPU se quiere fomentar la vocación de jóvenes brillantes, para que se animen a hacer la tesis, seguir en la universidad y convertirse en profesores

Con las FPU se pretende "fomentar la vocación científica de jóvenes especialmente brillantes, para que se animen a hacer la tesis, seguir en la universidad, convertirse en profesores y contribuir a la formación de la siguiente generación de potenciales científicos". Se supone, por tanto, que se tienen en cuenta fundamentalmente los méritos del candidato, sus notas universitarias, su colaboración con departamentos de la universidad y la calidad de la investigación sobre la que versará su tesis.

Pero en la práctica, los requisitos dicen otra cosa. De los 6 puntos con los que se evalúan las solicitudes de las becas FPU, solo 2,5 se obtienen directamente por los méritos del candidato. Los demás provienen de los méritos de su director de tesis, del grupo con el que trabajará… En definitiva, de aquello que en teoría se tiene en cuenta en las becas FPI, pero que está menos en las manos de los candidatos y por tanto no debería influir tanto en las becas FPU.

La consecuencia es una nueva muestra del efecto Mateo. Los grupos de investigación más grandes lo tienen mucho más fácil en ambas convocatorias, con lo que consiguen fondos para más contratos y así continúan creciendo, desarrollando no solo más proyectos sino también acogiendo a más científicos principiantes que escribirán allí su tesis y desarrollarán sus proyectos. Eso significará más publicaciones nacionales e internacionales, y si son en revistas con impacto, eso facilita la obtención de fondos en las siguientes convocatorias.

Mientras, los grupos pequeños ven disminuir sus posibilidades de avanzar y crecer, y los grupos nuevos lo tienen cada vez más difícil para establecerse e ir mejorando y atrayendo a jóvenes con talento para que puedan trabajar con ellos. O como decía San Mateo, “porque al que tiene, le será dado y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado”.

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