Un convento, Rafael Termes y la planta de los secretos del Popular

La llegada de Baker & McKenzie a la cima del Edificio Beatriz completa el fin de ciclo en la entidad absorbida por el Santander

Foto: Vista de la fachada de la nueva sede del Banco Popular. (EFE)
Vista de la fachada de la nueva sede del Banco Popular. (EFE)
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Hace unas semanas, en pleno Ferragosto, se presentaron los proyectos para remodelar las últimas plantas del Edificio Beatriz, la histórica sede del Banco Popular, en el corazón del exclusivo barrio de Salamanca. El nuevo inquilino, el despacho estadounidense Baker & McKenzie, ocupará la séptima planta, además del ático y semiático que coronan este vetusto inmueble.

Casualidades del destino, el Banco Popular, histórico propietario y usuario de esas plantas nobles, ha dejado de existir poco antes de completar su mudanza a la nueva sede que se levanta camino de Barajas. Cuatro décadas de la historia bancaria de este país van a quedar reducidas a fotos de archivo después de la remodelación que prepara la firma de abogados antes de aterrizar allí.

Maderas nobles, moquetas oscuras, sillones de cuero, escaleras de caracol, servicio de chaqué… Todo el inventario que durante décadas acogió a la cúpula directiva del Popular, comedor incluido, pasará a mejor vida. También ocurrirá lo mismo con la famosa sala del consejo de administración y su extraordinaria biblioteca, auténticas joyas para cualquier coleccionista.

Al final, una simple mudanza encierra mucha más carga simbólica de lo habitual. La llegada de Baker & McKenzie a la cima del Edificio Beatriz completa el fin de ciclo en el Banco Popular, que desde el pasado mes de mayo forma parte del gigante rojo de Ana Patricia Botín. Nada quedará ya del proyecto que Rafael Termes levantó sobre la planta de un convento de monjas Jerónimas.

El Confidente

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