Exconcejales del PP vasco, a Casado: "Aquí ya no hay ideas, solo trepas"

Exediles que vivieron los años de plomo escoltados por unos ideales se desmarcan ahora del discurso del nuevo Partido Popular tras la moción de censura de Vox

Foto: Pablo Casdo, en el Congreso. (EFE)
Pablo Casdo, en el Congreso. (EFE)

En los años ochenta, noventa e incluso en los dos mil, el Partido Popular tenía serios problemas para encontrar concejales en los municipios, sobre todo de la Guipúzcoa profunda. La formación se llegó a situar como segunda fuerza política de la comunidad autónoma por su contundente mensaje contra ETA, que venía avalado por la enorme cantidad de víctimas mortales que habían caído a manos de la banda terrorista en las filas populares. Sin embargo, en los pueblos pequeños, Génova no encontraba candidatos que defendieran las ideas que apoyaba libre y escondidamente en las urnas gran parte de los vecinos.

El partido confeccionaba las listas con gente que no era del pueblo, pues ningún oriundo de estas localidades se atrevía a dar el paso. Ya era bastante con introducir la papeleta con cuidado para que nadie sospechara de sus ideas políticas. Los que salían elegidos, por lo tanto, eran 'extranjeros', hombres y mujeres que habían accedido a dar su nombre para que el PP pudiera presentarse en sitios en los que tenía seguidores que no se atrevían a dar el paso de presentarse. Sin embargo, cuando salían elegidos, no pocos de ellos dejaban correr la lista y daban paso al siguiente. Solo algunos aceptaban un reto que cambiaría sus vidas para siempre. Eran conscientes de que ETA había ejecutado a casi una veintena de ediles de su partido, pero accedían al cargo porque entendían que así defendían la democracia.

Rodrigo (nombre ficticio porque el auténtico exconcejal prefiere no identificarse) se afilió al PP después de que ETA asesinara a Miguel Ángel Blanco. No sabía la vida que le esperaba detrás de esa temeridad. Se ofreció voluntario también para ocupar uno de esos asientos que se situaban al filo del precipicio como el que tuvo el joven gallego de Ermua, cuyo asesinato fue retransmitido en directo para toda España y que cambió la historia del país. Génova le mandó a un pueblo muy pequeño de Guipúzcoa, donde vivió tensos episodios con simpatizantes de Batasuna que le veían como un paracaidista y un invasor, no como un representante legal de unos vecinos ocultos a quienes él nunca conoció porque ninguno de los días que estuvo en aquella localidad le saludó nadie por la calle.

"Fueron tiempos duros, pero todo aquello tenía un sentido, me gustaba pensar que la muerte de Miguel Ángel Blanco no había sido en vano, que había crecido la conciencia social y que había que apuntalar el Estado de derecho, por eso me ofrecí voluntario", relata el exedil, ahora apartado completamente de cualquier actividad política. Rodrigo dejó el partido cuando observó que la política antiterrorista impulsada por Jaime Mayor Oreja había dejado paso a otros tiempos. Asegura que no le extraña la deriva que ha experimentado la formación ni el discurso que ofreció el pasado 22 de octubre en las Cortes Pablo Casado. "Han abandonado los valores y ahora solo buscan la estrategia", define Rodrigo, una línea de pensamiento similar a la que ofrecen otros exconcejales que ahora están en cosas muy diferentes.

"Cuando le hicieron la cama a María San Gil, aquello dejó de ser algo de ideas políticas y pasó a convertirse en un nido de trepas", asegura Carmen Busca, concejala por el PP durante ocho años en el Ayuntamiento de San Sebastián, en un primer momento, y durante otros ocho en el consistorio guipuzcoano de Zarauz. "Un día vino a vernos María Dolores de Cospedal para celebrar el día de las víctimas", recuerda. "Íbamos por la calle, yo caminaba a su lado y preguntó a un asesor, '¿oye, aquí tenemos algún concejal?'. Entonces se me cayó el alma a los pies", afirma Busca, que admite sentirse muy desilusionada con el nuevo PP. Se fue del partido poco antes de que se marchara San Gil porque veía que estaban tratando de moverle la silla y que comenzaban a mandar otros.

El discurso de Casado durante la moción de censura planteada por Vox, asegura, no es algo nuevo para ella. "Aquí, el PP no triunfará de nuevo porque ya no es firme con sus ideas", reflexiona esta mujer fuerte y de planteamientos claros, que aún rememora los tiempos en los que renunció en la práctica a su vida privada por algo en lo que creía firmemente. "Lo más duro era el día a día, el no poder moverme con espontaneidad", asegura Busca, quien en aquel momento veía a los miembros del PSOE como compañeros, pues sufrían también las consecuencias de defender unas ideas por encima de muchas cosas, sobre todo en las localidades pequeñas.

"Yo le debo mi vida a un concejal socialista, Patxi Elola, que siempre estaba pendiente de mí, me preguntaba cada día cómo había llegado, si había cogido el coche o el autobús, se preocupaba por que yo no repitiera rutinas que facilitaran la labor de los terroristas y una vez me advirtió de que ya llevaba dos días yendo en tren, que no lo hiciera la jornada siguiente", rememora la mujer, que por supuesto hizo caso a su amigo. "Aquel día me fui en coche y pusieron una bomba en el tren", afirma todavía sorprendida.

En 2011, todavía había más de 500 concejales que llevaban escolta a diario. Javier Moreno es uno de ellos. Se pasó cuatro años como concejal 'paracaidista' del PP en Astigarraga y otros cuatro en Lazkao, dos de esos feudos de la izquierda 'abertzale' y el nacionalismo. A diferencia de sus predecesores, él sigue afiliado al partido a pesar de que desde hace años trabaja en la empresa privada. "Santiago Abascal se jugó la vida, como muchos de nosotros, por defender unos ideales; ni era el momento ni el enemigo del PP puede ser Vox", sentencia el exedil con la autoridad de quien ha peleado en primera línea de batalla.

Moreno entiende que su partido debe "unir fuerzas" contra Podemos y el PSOE y admite que las duras palabras que dirigió Casado contra el presidente de Vox el día de la moción de censura le han provocado un dilema moral. "Me estoy planteando darme de baja", confiesa. "Hasta ahora, he seguido afiliado porque tengo grandes amistades en el partido, pero con esta nueva deriva no sé cuánto duraré", revela Moreno, al que no le tiemblan los labios cuando pronuncia una frase que deja regular a su líder. "Abascal está más cerca de las víctimas del terrorismo que Casado", sentencia.

El Confidente
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