los mensajes electorales del 21-D

Expolios, exiliados, refugiados, perseguidos y franquistas

El victimismo independentista apela al sentimiento de los votantes y logra sostener la lista de Puigdemont para sorpresa de los dirigentes del PDeCAT

Foto: Mitin de Carles Puigdemont en Bruselas. (Foto: EFE)
Mitin de Carles Puigdemont en Bruselas. (Foto: EFE)

La base de un conflicto o de un contencioso es precisamente la diferente perspectiva desde cada una de las partes en litigio y no hay solución sin diagnóstico y relato común. En este caso, es obvio que hace tiempo que desde Cataluña es visto como negro lo que en el resto de España es blanco y viceversa. El contraste se alimenta intencionadamente con la hipérbole y tiene la consecuencia lógica del uso del victimismo y el sentimiento como argumentos electorales rentables e imprevisibles.

Sólo de esa forma puede entenderse parte de lo que ocurre en Cataluña, puede comprenderse que la lista de Carles Puigdemont esté en condiciones de ganar las elecciones (no de gobernar) y puede hacerse un pronóstico y un análisis sobre el incierto resultado del 21-D.

Hasta en el PDeCAT causa sorpresa la expectativa de que la lista de Puigdemont tenga la posibilidad de ser la más votada y, al menos, liderar el bloque independentista por encima de ERC, que partía con ventaja. Fuentes de este partido aseguran que cuando se convocaron las elecciones daban por hecho una debacle electoral y la cesión a ERC de la hegemonía independentista tras el fracaso del 'procés'. Ahora explican que sus sondeos y análisis les sitúan en el mismo resultado de 2015 y que, curiosamente, es la CUP la que puede pagar el fracaso.

El relato de Puigdemont fuera de Cataluña es el del líder y la cara de un proceso que ha fracasado, que no vale ni para mártir porque no ha asumido la responsabilidad de sus actos ante la Justicia y ha preferido huir a Bélgica y, además, deja en evidencia a otros que como Oriol Junqueras permanecen en prisión.

Fracasó en el proceso independentista y ni siquiera logró arriar la bandera española del Palau de la Generalitat, como símbolo de una república que quedó en la chapuza del reino fantasma y efímero de Narnia.

Lo que se va conociendo de la investigación judicial sobre los planes independentistas puede alimentar el rechazo fuera de Cataluña, da alas a opciones constitucionalistas, del 155 o unionistas, pero no hace mella en ese victimismo.

El Gobierno no ha tenido problemas para encontrar respaldo a este relato en prácticamente toda España. El problema es que sólo ha asumido ese relato una parte de Cataluña, precisamente donde se vota la próxima semana. El resto de catalanes, está por ver si la mayoría, ha asumido el contrario: Puigdemont es un exiliado, casi un refugiado y, en todo caso, un mártir de un Estado español franquista que se ha impuesto por la fuerza. Esta idea del resistente ha hecho que el 'expresident' pueda revivir electoralmente, sin que se le haga responsable en el independentismo de fracaso alguno y el PP puede quedar reducido a escombros en el Parlament y hasta sin grupo parlamentario.

El Gobierno no ha logrado, aparentemente, seducir, atraer o convencer a esa parte de la sociedad, y dirigentes del PDeCAT explican que el 21-D funcionará el relato emocional de las “víctimas del Estado”, es decir, que sólo la CUP, que no tiene ni presos, ni imputados, ni fugados puede bajar en el bloque independentista. En esa idea, difícil de entender fuera de Cataluña, se fundamenta su estrategia de campaña, poniendo al candidato por encima de la marca y aprovechando con eficacia las emociones y sentimientos.

La diferencia de relatos y la hipérbole ya se apreció el 1 de octubre con el intento de referéndum ilegal y la actuación policial y vuelve estos días con motivo del traslado de obras de arte medieval desde Lleida a la localidad aragonesa de Villanueva de Sijena. En Cataluña se han despedido las piezas con protestas y acusaciones de robo y expolio y en Aragón se han recibido con alborozo y sentimiento de Justicia tardía.

Expolios, exiliados, refugiados, perseguidos y franquistas

Los primeros votan el día 21 y ya tienen un argumento más para engordar su sentimiento de persecución y casi invasión por parte de España a lomos del 155. Por eso, alguien debería preguntarse qué necesidad había ahora de ejecutar una orden judicial que aún no era firme, tras 20 años de conflicto legal. Sobre todo porque hace apenas un año el Ejecutivo de Mariano Rajoy dejó de hacer muchas cosas urgentes con el argumento de que estaba en funciones, es decir, en una situación similar a la de la gestión de asuntos imprescindibles con el 155 en Cataluña.

De nuevo, el victimismo, rentable electoralmente, se aprovecha de un pequeño suceso para convertirlo en trascendente. Y alguien se lo proporciona como munición electoral con evidente torpeza y dando muestras de no haber entendido nada de lo que ha pasado en Cataluña.

El patio del Congreso

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