La ley del embudo y los argumentos de ida y vuelta

El PP exigió dimisiones por las nevadas, consideró vinculantes las reprobaciones del Parlamento y firmó un pacto para apartar a todos los imputados de sus cargos

Foto: El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy (d), y el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido. (EFE)
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy (d), y el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido. (EFE)

"Los argumentos son siempre de ida y vuelta", solía decir Federico Trillo cuando era uno de los cerebros más destacados del PP. No está claro que siempre se lo aplicara a sí mismo, pero la máxima de Trillo sirve especialmente para el análisis de las exigencias de responsabilidad política cuando se está en la oposición y su diferente respuesta cuando se está en el Gobierno.

La única ley que se aplica para la responsabilidad política es la inexorable ley del embudo, la que establece en su artículo único: "Lo ancho para mí y lo estrecho para los demás".

La ley del embudo y los argumentos de ida y vuelta

Es opinable que un ministro tenga que dimitir por una nevada, que un alto cargo tenga que irse a casa si es imputado o si debe ser políticamente vinculante una reprobación del Parlamento, pero si se ha sostenido o firmado todo eso cuando se está en la oposición, parece lógico pensar que habría que ser coherente y cumplirlo cuando se está en el Gobierno. Lo contrario llevaría a deducir que se ha actuado sin principios, solo por llegar al Gobierno o por mantenerse en él.

El PP cometió excesos en la oposición que ahora paga en el Gobierno

Si en 2009 Mariano Rajoy pidió la dimisión de la entonces ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, por los efectos de una nevada y la imprevisión de las autoridades, ahora solo se le puede exigir que sea coherente con los límites de responsabilidad que él mismo estableció. Es posible que no tuviera razón para pedir esa dimisión, podría pensarse que exageraba y forzaba los argumentos entonces, pero como mínimo habría que admitir que el PP cometió excesos en la oposición que ahora paga en el Gobierno.

El principio a aplicar es el obvio de "no hagas o digas en la oposición lo que no estés dispuesto a hacer o decir en el Gobierno".

No obstante, como los argumentos son siempre de ida y vuelta, hay que recordar también que en diciembre de 2004, tras una nevada en la que quedaron atrapados muchos conductores, la entonces directora general de Protección Civil, Celia Abenza, atribuyó el caos a que el 70% de los vehículos atrapados no llevara cadenas. Es decir, un alto cargo del Gobierno de entonces (del PSOE) atribuyó culpa también a los conductores, como ha hecho el de ahora.

Y la respuesta de Rajoy, como líder de la oposición, fue: "Las cosas se hicieron muy mal, y no es aceptable que se cargue con la culpa del caos a los conductores". Es decir, lo que han hecho ahora los suyos, sin que conste que les haya reprendido por eso.

El 18 de diciembre de 2007, el PP en el Senado hacía que se sometiera a votación la reprobación de la entonces ministra Magdalena Álvarez, tras haberlo intentado sin éxito en el Congreso. "Quizás nos hemos equivocado desde el Grupo Popular y lo que deberíamos hacer, en vez de pedir la dimisión de la ministra, es pedir la del presidente del Gobierno, que es quien mantiene en su puesto a Magdalena Álvarez”, dijo el senador del PP Daniel Sirera en defensa de la moción.

El pleno del Senado aceptó la reprobación, la ministra siguió en su cargo y el PP hizo ruido porque aseguraba que la ética política obligaba a la dimisión. Hoy hay tres ministros reprobados por el Congreso, la Cámara en la que se examina la responsabilidad política porque es la que inviste presidentes de Gobierno, sin que Rajoy y el PP se vean concernidos, porque argumentan que esas votaciones no tienen valor alguno.

Por cierto, que aquella reprobación se aprobó con votos de grupos como ERC que ya eran independentistas y que para el PP ahora son apoyos inaceptables: "Lo que no podrían entender ni entenderían los más de 200.000 catalanes y catalanas que en los últimos meses han sufrido en sus propias carnes la desidia y la ineficacia de la ministra de Fomento sería que los miembros de Convergència i Unió, Iniciativa per Catalunya y Esquerra Republicana no dieran su voto favorable hoy a esta moción, que fue aprobada en su literalidad por el Parlamento de Cataluña", dijo ese día el senador del PP, sin importarle el origen de los apoyos que recibía.

La ley del embudo y los argumentos de ida y vuelta

En noviembre de 2009, Rajoy como líder de la oposición, tras la liberación del pesquero 'Alakrana', secuestrado en el Índico, pidió la reprobación de la entonces vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, y de los titulares de Defensa, Carme Chacón, y de Justicia, Francisco Caamaño, por la "incompetencia, la improvisación y la soberbia" ante el secuestro del atunero. No lo logró por falta de apoyo parlamentario, pero sostenía que la reprobación debía suponer la dimisión inmediata de los ministros.

Por esos hechos, la entonces portavoz del PP, Soraya Saénz de Santamaría, arremetió contra el Gobierno de Zapatero en un pleno del Congreso por haber facilitado el pago de un rescate por la liberación de los marineros españoles. ¿Mantendría ahora como vicepresidenta la misma tesis? Es muy probable que no.

Y Rajoy en la oposición criticó y hasta ridiculizó la creación de la UME (Unidad Militar de Emergencia) que ahora le sirve como coartada y para rescatar a los miles de ciudadanos atrapados en las carreteras. Igual ahora se arrepiente de no haber apoyado la decisión de Zapatero, pero entonces le sirvió para hacer oposición.

Es muy posible también que sea injusto que haya que obligar a dimitir a altos cargos solo por el hecho de estar imputados, porque la imputación no es más que la citación del juez como consecuencia de una querella que puede o no tener base y que con posterioridad puede quedar en nada. Pero si se ha aceptado firmar un acuerdo que incluye la obligación de dimitir solo por una imputación, parece aconsejable que se cumpla para que no parezca que, con tal de llegar al Gobierno, se firma cualquier cosa.

El PP hace en el Gobierno lo contrario a lo que dijo antes, en este caso, en un acuerdo instrumental para llegar a La Moncloa

“El Partido Popular y Ciudadanos se comprometen a la separación inmediata de los cargos públicos que hayan sido imputados formalmente o encausados por delitos de corrupción, hasta la resolución definitiva del procedimiento judicial. Asimismo, se comprometen a que las personas que se encuentren en dicha situación no puedan ser incorporadas en las candidaturas electorales ni ser nombrados para desempeñar cargos públicos”, asegura el punto 93 del pacto del PP con Ciudadanos para la investidura de Rajoy.

Sin embargo, el presidente de ADIF, Juan Bravo, y la senadora del PP Pilar Barreiro están imputados en este momento por diferentes sumarios y ninguno de los dos ha hecho intención de dimitir. De nuevo el PP hace en el Gobierno lo contrario a lo que dijo antes, en este caso, en un acuerdo instrumental para llegar a La Moncloa. Seguro que los dos tienen razones para argumentar que la imputación no es nada, pero deben sus cargos a un acuerdo que firmó su partido y que les obliga a dimitir.

El pasado y lo que se dice en el pasado suelen perseguir a los responsables políticos si no se mantiene una línea clara de exigencia de responsabilidades políticas propias y ajenas. De la misma forma que quien pretende ahora convertir las falsas noticias en uno de los problemas principales de España debe ser consciente de que le persiguen las mentiras de la teoría conspirativa del 11-M, los finiquitos diferidos, la eliminación de pruebas del ordenador de Bárcenas y hasta las armas de destrucción masiva.

"Tengo la convicción moral de que ha sido ETA", dijo Rajoy, entonces candidato del PP, en la jornada de reflexión de 2004 en referencia al 11-M en una entrevista en 'El Mundo'. ¿Fue eso una noticia falsa o una desinformación de las que quiere perseguir ahora en el Gobierno? Peor que las noticias falsas es a veces la realidad, la pasada y la presente.

Pues eso, que a Rajoy hace tiempo que le están volviendo ya gran parte de sus propios argumentos.

El patio del Congreso
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