El trampantojo de la 'investidura fake'

El independentismo cree haber encontrado la fórmula para quitarse de encima a Puigdemont, haciéndole ver que será 'president' simbólico de la Generalitat desde Bruselas

Foto: Carles Puigdemont da un discurso a los jóvenes seguidores del partido Nueva Alianza Flamenca (N-VA) en Lovaina, Bélgica, el pasado martes. (EFE)
Carles Puigdemont da un discurso a los jóvenes seguidores del partido Nueva Alianza Flamenca (N-VA) en Lovaina, Bélgica, el pasado martes. (EFE)

"Trampa o ilusión con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es". Esa es la definición breve que la Real Academia de la Lengua hace de 'trampantojo', un término que podría actualizarse en la palabra 'fake', con el sentido de algo falso pero con apariencia verdadera.

Desde hace semanas, la mayoría de los dirigentes independentistas andan dándole vueltas a una salida lo más honrosa posible para Carles Puigdemont, que les permita literalmente quitárselo de encima sin que se note mucho, para empezar una nueva etapa en Cataluña, frenar las actuaciones que puedan agravar la situación penal de sus presos e imputados y, al tiempo, crear un trampantojo dirigido hacia quienes legítima y honradamente se han movilizado en favor de la independencia. Parece abrirse camino la opción de la investidura real (y legal) de un nuevo 'president' "sin mochila" penal, junto con una 'investidura fake' de Puigdemont, que ya fue barajada por él mismo en diciembre, según publicó entonces El Confidencial.

Enemigo que huye, puente de plata y al expresident le construyen uno en forma de fiesta de investidura simulada.

Se trataría de disfrazarle de 'president', para que se crea que puede seguir siéndolo en su casa de Waterloo. Mientras, otra persona ostentará realmente el cargo en el Palau de la Generalitat, controlará el Diari Oficial de la Generalitat de Catalunya y hará los nombramientos. Puigdemont se creerá Papa, como se lo creía aquel del Palmar de Troya, vestido como tal y, sobre todo, investido por sus fieles, pero lejos de Roma y de sus resortes de poder.

Puigdemont puede aspirar a actuar como una especie de vigilante que controle a quien de verdad sea investido por el Parlament, probablemente Elsa Artadi. Puede tener la tentación de creer que permitiendo el nombramiento de un fiel se asegura su poder vicario. Así lo creyó Artur Mas cuando impulsó a Puigdemont y así lo han creído otros dirigentes en la historia cuando han dado paso a sucesores fieles pensando que así se aseguraban su supervivencia, sin tener en cuenta la obligación de todo nuevo dirigente al llegar al poder: "Matar al padre". Las puertas en política se cierran desde dentro.

Siempre hay que recurrir a Carlos Fuentes que, en 'La silla del águila', explicó este proceso referido a las sucesiones en el PRI mexicano: “Si escoge al que más le debe a usted, puede tener la seguridad de que lo traicionará para demostrar que no depende de usted. Es decir: el que más le deba será el que más obligado se sienta a demostrar su independencia. En otras palabras, su deslealtad. El canibalismo político se practica en todas partes (…) El acto propiciatorio del nuevo presidente es matar al predecesor”.

Si Puigdemont quisiera añadir a su hipotético cargo simbólico algún apellido como referencia a la República de Cataluña se lo pondría fácil al juez Pablo Llarena, que necesita poco para sostener que se mantiene el peligro de actividad delictiva continuada y le haría un flaco favor a los imputados y encarcelados que verían todavía más negro su obscuro horizonte penal.

Eso sí, siempre hay que repetir que hay dos millones de catalanes que votaron a favor de partidos independentistas y algo más de la mitad de ellos apoyaron en las urnas a Puigdemont cuando ya estaba en Bruselas, y ese problema no desaparece ni se soluciona cuando él se vaya a negro. A esos votantes nadie les hablará claro y, a cambio, se les presentará el trampantojo del 'president' simbólico.

Si avanza la fórmula de la 'investidura fake' o de consolación, solo es cuestión de tiempo que se imponga la conclusión del título de la novela del colombiano Héctor Abad Faciolince: 'El olvido que seremos'. Es decir, queramos o no, somos olvido y Puigdemont va lanzado (y empujado) por ese camino.

El patio del Congreso

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
21 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios