De la limpieza a la caída más vergonzosa

Cristina Cifuentes ha pasado de estar en quinielas para liderar el PP al final más duro en lo personal y Rajoy ha contribuido a prolongar su agonía con crueldad política

Foto: El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, saluda a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, el pasado lunes. (EFE)
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, saluda a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, el pasado lunes. (EFE)

Hace sólo un mes en algunos medios de comunicación se daba el nombre de Cristina Cifuentes como posible sucesora de Mariano Rajoy en 2020. Probablemente era exagerado, pero ahí estaba su nombre, había logrado situarse en el grupo de cabeza del futuro del PP, en la lista de elegidos. Este miércoles ha quedado reducida a cenizas, con una de las caídas más dolorosas, vergonzosas y dañinas en lo personal.

Cristina Cifuentes ha pasado de 100 a cero en un mes. De la respetabilidad ha pasado a la imagen de quien miente, de quien está relacionada con falsificaciones, de quien es combustible para bromas y programas de humor y quien es vista por todos en la vergüenza de un cuartillo cutre de un supermercado por el presunto hurto de unas cremas de belleza. La caída más indigna de un político de las muchas que se recuerdan.


Había forjado su imagen sobre la idea de "Miss Proper", como era conocida en el PP por su supuesto interés por distanciarse de casos de corrupción del partido de Madrid. Hace poco más de un mes no había ninguna duda en que sería cabeza de lista del PP en la Comunidad de Madrid en las elecciones de 2019. Se daba por cubierto ese hueco, precisamente, en un momento de zozobra para el PP compitiendo con Ciudadanos por el centro derecha y, precisamente, pugnando por la bandera de la regeneración.

Todo empezó a venirse abajo cuando eldiario.es publicó lo de su máster falso y cuando El Confidencial reveló que se falsificó un acta para servirle de coartada. Ya parecía suficiente para que dimitiera, pero se resistió y Mariano Rajoy actuó con crueldad extrema: que aguante en el cargo aunque esté muerta políticamente para que Ciudadanos no se cobre esta pieza de caza mayor. La crueldad pasó por una ovación de varios minutos en la convención de Sevilla.

Se pasó por cortinas de humo para hacer creer que engordar un currículum es lo mismo que falsificar actas y mentir en un Parlamento. A ministros y dirigentes del PP se les forzó a defenderla en público cuando en privado se llevaban las manos a la cabeza. Todo porque Rajoy consideraba que era mejor prolongar el entierro y esperar a que dimitiera en vísperas de la moción de censura, pasando por encima del cadáver de Cifuentes y de cualquier sentimiento de apoyo personal. Contribuyendo y ayudando a la autolesión o suicidio prolongado en el tiempo en el que Cifuentes se metió desde el mismo día en el que se publicó la primera información sobre su máster.


Rajoy ha prolongado su agonía, hasta el ensañamiento, porque creía que le venia mejor estratégicamente. Tampoco le han importado instituciones como la Comunidad de Madrid y la universidad pública.

Ahora, Cifuentes se ha despertado, se ha incorporado en la cama y se ha encontrado una cabeza de caballo sangrando como la de la escena de 'El Padrino' que le ha obligado a dimitir. ¿Quién ha puesto la cabeza de caballo en su cama? ¿Cuántos en el PP conocían este triste episodio pasado cuando quisieron que fuera su cabeza de lista o cuando la jaleaban o aplaudían? ¿Lo sabían y la hicieron delegada del Gobierno en Madrid? ¿Cuántos pasarán ahora de defenderla a olvidarla?

El vergonzoso vídeo difundido por OKdiario sirve para confirmar la impresión que ya producía el episodio del máster: no puede ocupar un cargo público quien miente y se beneficia de una falsedad. Pero abre una curiosa polémica paralela y colateral sobre el tráfico de "información" de cloacas, habitual en los últimos años. Nos remite a episodios turbios de la Comunidad de Madrid y el PP como reuniones de Ignacio González en una cafetería para hablar de sus chanchullos o grabaciones de conversaciones sobre actuaciones muy oscuras de auténtica guerra sucia o espionaje entre ellos que negó y ocultó la dirección nacional del partido. Todo miseria y suciedad. Basta recordar que hace días la propia Cifuentes comunicó con trompetas que llevaba a la Justicia a sus predecesores en la Comunidad y que en el PP se admitía que temían la moción de censura porque podrían levantarse las alfombras. "No la hagas, no la temas", dice el sabio refrán.


Cifuentes, tras arruinar la convención del PP, arruina el gran día de tramitación de los Presupuestos de 2018 y arruina el futuro de su partido en la Comunidad de Madrid. Pero nada de eso ocurriría sin la colaboración de la dirección del PP y del propio Rajoy por no cortar de raíz el más leve asomo de irregularidad, dejando la resolución de los casos a la estrategia de cálculo. Que, por cierto, se ha venido abajo porque visto lo visto, Ciudadanos no va a tener el más mínimo reproche social por dejar caer a quien así se ha comportado en distintos momentos de su vida. Al contrario, se le premiará por limpiar a Miss Proper y crecerá la galería de trofeos de caza de Albert Rivera.

El episodio Cifuentes es ejemplo de lo que ha hecho el PP con la corrupción durante años: negación, ventilador, distancia y olvido.

El patio del Congreso

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