El dedo perezoso del 'pato cojo' se hace con el PP de Madrid

Rajoy ha demorado dos meses la solución a la crisis de la Comunidad de Madrid para optar por la continuidad y aprovecha para imponerse en la dirección regional

Foto: El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy (d), saluda a la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, a su llegada a la convención nacional. (EFE)
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy (d), saluda a la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, a su llegada a la convención nacional. (EFE)

“Debe haber un Gobierno cuanto antes, porque los ciudadanos no pueden depender de los intereses políticos y estratégicos y las instituciones deben estar por encima de los intereses partidistas”. Ese viene a ser el resumen del argumento que Mariano Rajoy y el PP utilizan para instar a la formación de un Gobierno en Cataluña para acabar con el bloqueo institucional. Pero, mientras y salvando las diferencias, ha mantenido el Gobierno de la Comunidad de Madrid en el aire, en funciones y descabezado a la espera de que le interese cerrar esa crisis.

Se van a cumplir dos meses desde que el 'eldiario.es' publicó la primera información sobre el máster de Cristina Cifuentes y, aunque se veía desde el primer día cuál sería la salida, Rajoy ha ido retrasando la solución por su interés estratégico. En este caso, no parece haber premura para cerrar la crisis institucional, y por eso se dilataron los plazos para la moción de censura y la dimisión y ahora los de la propuesta de sucesor y de la investidura.

¿No hubiera sido mejor una solución rápida para preservar las instituciones?

Resistencia a afrontar la corrupción

Es la repetición de otros escándalos que al estallar se encuentran primero con un cierre de filas y un trámite de búsqueda de casos similares de otros partidos, para cumplir así el protocolo del pánico y la defensa. Así ha pasado con Gürtel y otros casos, y ahora con el máster, lo que a la larga termina por minar la credibilidad del PP y, lo que es peor, de las instituciones.

En este caso, el resumen ha sido el aplauso en la convención de Sevilla a Cifuentes cuando, según ella, ya estaba prevista su dimisión. También la conclusión es el daño a la Asamblea de Madrid y a la universidad.

Parte de ese retraso se ha ido en el trámite de indagar en los antecedentes de los diputados autonómicos para buscar un candidato limpio. El juicio de antecedentes es conveniente, sobre todo en la situación actual, pero provoca una duda: si alguien no vale para presidente, tampoco debería valer para diputado autonómico.

¿No deberían tener hecho ese filtro previamente dentro del grupo parlamentario?

¿No debería haber respondido indignado el PP de Madrid que pone la mano en el fuego por todos y cada uno de sus diputados y que todos 'están limpios'?

Modelo de relación con Ciudadanos

Al PP le condiciona e incomoda la existencia de Ciudadanos y no termina de encontrar el modelo de relación, entre la proximidad para tener su apoyo y sus votos para seguir en La Moncloa o en la Puerta del Sol y la lejanía que necesita para disputar el espacio ideológico y electoral.

Sin Ciudadanos, quizá no se hubiera planteado Cifuentes su dimisión. Y el avance del partido de Albert Rivera hizo que Rajoy ordenara a la presidenta de la Asamblea de Madrid que demorara la moción de censura y alargara los plazos hasta el extremo para que Ciudadanos pagara el desgaste de un hipotético apoyo al PSOE. Así se hizo también en Murcia, para terminar también en dimisión y sustitución, tras sostener en el tiempo a un presidente ya muerto políticamente.

Todo ello a costa de un destrozo institucional visualizado en el acto de la comunidad del 2 de mayo. La propia Cifuentes explicó en su despedida que ya tenía prevista su salida antes del infame vídeo, pero que querían demorarla hasta después de la fiesta de la comunidad, porque les venía mejor políticamente.

Si la solución era la continuidad con Ángel Garrido, no es comprensible la demora. Sobre todo porque era la solución obvia, porque designar otro candidato supondría lanzar a Garrido la sombra de la sospecha y tener que explicar su exclusión.

Sin mecanismo de discusión

Todos esperaban en silencio en el PP de Madrid al movimiento del dedo de Rajoy. A estas alturas, decir esto parece una obviedad asumida, pero ese es parte del diagnóstico del actual PP: la normalización de esa forma de tomar decisiones. Hace con el dedo lo que José María Aznar le hizo a él con el suyo a finales de agosto de 2003 y lo que, previsiblemente, hará cuando nombre sucesor y heredero.

Es cierto que la disputa interna es un lastre para los partidos, pero también es evidente que en el PP hay esa disputa interna aunque se niegue. Incluso cada vez es mayor, pero carece de mecanismos para canalizarlo. No hay chimenea de salida de humos en Génova.

Un ejemplo es la disputa entre Soraya Saénz de Santamaria y Dolores de Cospedal, que ya tiene hasta foto con silla vacía entre las dos. Aunque no se concrete en una discusión en órgano alguno. Otro ejemplo es la disfunción en la actuación de Fernando Martínez-Maillo en el inicio de la crisis, con Cospedal como valedora de Cifuentes.

En el PP de Madrid no ha terminado la fiesta. Rajoy ha optado por una bicefalia entre Gobierno autonómico y partido, para limitar el poder de todos. Ha puesto de nuevo al frente a su fiel Pío García Escudero, pero sigue abierta la batalla por la candidatura en el ayuntamiento y la capital. Garrido podría intentar optar y queda también la posibilidad de trasvasar a miembros del Gobierno, lo que daría imagen de fin de ciclo en La Moncloa.

Rajoy ha tomado el PP de Madrid, y se acabó lo de que tenga autonomía y sea un contrapoder a Génova como lo fue con Aguirre y con Cifuentes

Rajoy ha tomado definitivamente el PP de Madrid, y se acabó lo de que tenga autonomía y sea un contrapoder a Génova, como lo fue con Esperanza Aguirre y con Cifuentes.

Ritmos lentos

"Así es Rajoy". Eso se suele decir para explicar los tiempos del líder del PP. Y se dice que les ha ido bien así. El problema es la acumulación de asuntos pendientes y cómo algunos que aplazan empiezan a volverse en contra. También el daño en las instituciones que se acumula por falta de respuesta.

El ritmo lento en la toma de decisiones a veces tiene inconvenientes, porque no soluciona los problemas, sino que los aplaza y luego llegan todos juntos.

Sucesión

Rajoy es el presidente del Ejecutivo con más poder en su partido, en el Gobierno y en las demás instituciones, en los 40 años de democracia. No hay ningún pegamento mejor que una mayoría absoluta, es decir, el poder. Pero ahora hay en el PP un ambiente de pánico por las malas perspectivas electorales y eso funciona como acelerador de cualquier incendio. Nada divide más que el horizonte de pérdida de poder.

Un “pato cojo” provoca un ambiente en el que todos están obligados a situarse a la sombra de quien pueda ganar en un eventual proceso de sucesión

Más aún si se adivina el final del líder. Es lo que se llama en Estados Unidos un 'pato cojo', que provoca un ambiente en el que todos están obligados a situarse a la sombra de quien pueda ganar en un eventual proceso de sucesión. Así será según se acerque 2020, y más aún si el PP tuviera un mal resultado en las municipales y autonómicas de 2019. Los náufragos siempre buscan un salvavidas al que agarrarse, aunque sea empujando a otros.

Por cierto que Ángel Garrido también será un 'pato cojo' si no es candidato y verá en este año las conspiraciones moverse a su alrededor. Puede aceptarlo o hacer valer su cargo institucional. La historia de la política está plagada de provisionales y mandados que terminan haciéndose fuertes en los cargos.

El patio del Congreso

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