Rajoy seguirá durmiendo en La Moncloa gracias a la división de los demás

En teoría, la mayoría del Congreso está en contra de la continuidad del presidente, pero no han conseguido formar una mayoría alternativa desde 2015

Foto: Mariano Rajoy a la salida del Congreso de los Diputados. (Reuters)
Mariano Rajoy a la salida del Congreso de los Diputados. (Reuters)

Salvo giro inesperado de guion, Mariano Rajoy volverá a ganar el viernes. O, al menos, volverá a dormir a La Moncloa esa noche y otras muchas más, que es lo que a él parece importarle. Todo gracias, de nuevo, a la división y las discrepancias entre todos los demás partidos.

El cambio de guion podría venir de la mano del PNV. En sus manos está la llave.

Si se dan por buenas las declaraciones públicas de todos, el presidente del Gobierno tiene en contra a unos 213 diputados del total de 350, un 60% del Congreso que quiere que deje el cargo. Pero, de nuevo, la falta de acuerdo entre todos hace imposible formar una mayoría alternativa a la del PP. Y, a su vez, todos los demás partidos intercambian acusaciones cruzadas sobre el mantenimiento en La Moncloa de Rajoy y él agacha la cabeza, se pone a cubierto y deja pasar el tiempo a su favor. Otra cosa será si su partido y él mismo siguen su imparable desgaste en credibilidad y apoyo electoral, que para eso servirá la moción, aunque no salga adelante.

Esa división se une a la propia naturaleza de las mociones de censura, que exigen el apoyo de la mayoría absoluta a un candidato. Y por eso no ha prosperado ninguna desde 1978.

En esta legislatura eso ha ocurrido no solo con las investiduras y las censuras, sino también con las iniciativas que se votan y discuten en el Parlamento más fragmentado de la historia democrática. Gracias a ello, Rajoy puede mantener intacto el legado normativo de su mayoría absoluta, es decir, las leyes polémicas aprobadas solo con el voto del PP cuando eso era posible. El ejemplo más evidente es el de la ley mordaza o Ley de Seguridad Ciudadana, que es rechazada por todos los partidos salvo el PP, pero como son incapaces de ponerse de acuerdo para reformarla, sigue en vigor y languidecen desde hace más de un año las iniciativas para derogarla. Como sigue en vigor, es posible que se den casos como el del cantante multado por insultar a la Guardia Civil, que tanta alarma provoca entre los que no alcanzan un acuerdo para derogar esa norma. Antes de la ley mordaza, esas conductas se sustanciaban en todo caso ante la autoridad judicial, mientras que ahora son multas administrativas y ejecutivas que pueden recurrirse solo 'a posteriori' en lo contencioso administrativo.

En 2015, justo después de las elecciones, todos los partidos sostenían también que Rajoy no podía repetir como presidente del Gobierno, pero no hubo acuerdo para materializarlo. Llegó a hablarse de fórmulas imaginativas, como un candidato "independiente" o un candidato diferente del PP, pero tampoco.

Cuando Rajoy rechazó el encargo del Rey, Pedro Sánchez intentó en febrero de 2016 un acuerdo a diferentes bandas con Ciudadanos y Podemos que tampoco fue posible. Aún hoy, los tres partidos implicados siguen echándose en cara que no fuera posible formar una mayoría alternativa a Rajoy.

Tras las elecciones repetidas, ni lo intentaron, y Rajoy se aprovechó de la situación para lograr el apoyo de Ciudadanos y la abstención del PSOE, con derrocamiento de Sánchez incluido.

En 2017, fue Pablo Iglesias quien presentó la moción de censura contra Rajoy y tuvo en contra a toda la Cámara salvo Bildu, ERC y Compromís. Es decir, el 76% de los diputados votaron en contra y, según la lectura de Podemos, apoyaron la continuidad de Rajoy como presidente del Gobierno. Entre ellos el PSOE, que aseguraba que estaba en contra de que siguiera Rajoy, pero también en contra de que le sustituyera Iglesias, líder de la tercera fuerza política.

Ahora es el PSOE quien lo intenta y todo parece indicar que no logrará la mayoría absoluta necesaria porque, de nuevo, habrá partidos que votarán en contra, a pesar de que pretenden que el PP salga del Gobierno. Si puede servirle para su estrategia al frenar el trasvase de sus votantes hacia Ciudadanos y disputarle a Podemos la bandera de la oposición de izquierda.

Esta vez, Sánchez ha utilizado una estrategia diferente a la que fracasó en 2016 —cuando primero cerró un acuerdo con Ciudadanos para intentar incorporar luego a Podemos— y, previsiblemente, tendrá el mismo resultado negativo. Esta vez no busca pacto previo y, según la explicación de un dirigente socialista, "trazará una línea roja para que cada uno se sitúe en el lado de los que quieren que se vaya Rajoy o en el lado de los que quieren que se quede Rajoy". O, como ha dicho este martes Sánchez ante el comité federal de su partido, hacer la pregunta a todos los diputados y sin distinguir colores: "¿Rajoy puede seguir siendo presidente del Gobierno, sí o no?". Pero ni por esas, porque las discrepancias entre los que quieren que se vaya vuelven a salvar a Rajoy.

El socialista no quiere negociar con ningún grupo y eso dificulta el acuerdo, y, al tiempo, pretende gobernar durante el plazo suficiente para rentabilizar su moción, sin fijar plazo concreto para nuevas elecciones, lo que lleva al fracaso. Considera, como antes Iglesias, que el solo hecho de presentar, debatir y votar la moción le da una rentabilidad, incluso aunque el viernes no reúna votos suficientes. Por cierto que Sánchez también criticó hace un año a Iglesias por no buscar acuerdos previamente.

A su vez, Albert Rivera primero apoyó los Presupuestos de 2018 para mantener la legislatura y dos días después dejó claro que no quiere a Rajoy en La Moncloa. Pero no apoyará la moción de censura porque asegura que quiere elecciones inmediatas, favorecido por todas las encuestas. Pero el calendario dificulta esa opción.

Hay dos formas de llegar a elecciones: convocadas por Rajoy o por el presidente que salga de una hipotética moción de censura. Legalmente, el presidente del Gobierno puede convocarlas desde el viernes cuando sea rechazada la moción de censura, pero ya ha dejado claro que no tiene ninguna intención de hacerlo, que no ve motivo para esa decisión. En todo caso, si lo hiciera, tendría que esperar a que en las próximas semanas se aprobaran los Presupuestos definitivamente en el Senado y, calculando el plazo de casi 60 días entre la convocatoria y las elecciones, se tendrían que celebrar en agosto, una fecha muy inconveniente.

La otra vía es la que sostiene Rivera, con una moción de censura instrumental con un candidato de consenso que convocaría elecciones inmediatamente, pero de nuevo la fecha sería agosto. Si prolonga los plazos hasta otoño, se mantendría la incertidumbre varios meses y el Gobierno instrumental dejaría de serlo porque tendría que gestionar en ese tiempo. Por ejemplo, ese "independiente técnico" tendría que decidir qué hace con el 155, lo que parece una decisión demasiado política para su condición. Ese presidente "independiente", "técnico" o "títere" prolongaría su mandato hasta que no hubiera Gobierno tras las elecciones y eso puede tardar. Sin contar con que si no ha sido posible hasta ahora pactar un presidente de RTVE aunque haya acuerdo hace meses sobre el procedimiento, difícilmente se va a encontrar a alguien de consenso para La Moncloa en pocos días.

La paradoja y el enredo serían aún mayores si Podemos cediera diputados a Ciudadanos para esa moción instrumental. Si fuera así, Iglesias habría pactado con quien siempre ha considerado el compendio de todos los males. Y el PSOE, a su vez, criticaría que Podemos pactara con quien ya pactó él en 2016.

En todo caso, Rivera tendría que esperar hasta que a mediados de junio se aprueben definitivamente los Presupuestos en el Senado y, a partir de ahí, presentar esa moción instrumental que convoque elecciones para agosto. Si lo hiciera antes decaerían las cuentas que apoyó Ciudadanos y que incluyen la subida de pensiones, la equiparación salarial de policías y guardias civiles y la ampliación del permiso de paternidad. Antes de que se aprobara esa moción, Rajoy podría dimitir, dejarla sin efecto, intentar que haya un presidente del PP y evitar que haya elecciones inmediatas. De nuevo el plan de Rivera tiene inconvenientes para aplicarse.

Como Sánchez, hasta el momento, no se compromete a una fecha para las elecciones, Ciudadanos dice que no apoya la moción, aunque da por roto el pacto de investidura y asegura que quiere que se vaya ya Rajoy.

Podemos pidió la moción de censura horas antes de que el PSOE la anunciara y por eso luego dijo que, en coherencia, la apoyaría sin condiciones. No obstante, este lunes ha anunciado una consulta a sus bases sobre el sentido de su voto y ha pedido un Gobierno progresista pactado que no está en los planes de Sánchez. Iglesias, además, augura el fin de la carrera política de Sánchez si pierde la moción de censura, es decir, lo que le ocurrió a él hace justo un año.

El caso más notable es el de los partidos nacionalistas e independentistas, que ponen condiciones a la moción de censura y podría darse la circunstancia de que voten en favor de la continuidad de Rajoy, a quien achacan también todos los males. Por cierto, que el PP demoniza que Sánchez pueda tener el voto de los independentistas, pero puede ocurrir que Rajoy siga en La Moncloa gracias al voto de esos mismos independentistas. Ana Pastor es presidenta del Congreso con los votos del PDeCAT y ¿qué se diría si Carles Puigdemont salvara ahora a Rajoy?

Joan Tardà dijo el 22 de marzo en 'El objetivo' de La Sexta que si Sánchez presentaba la moción de censura, ERC la apoyaría sin condiciones. Ya entonces el PSOE respaldaba el 155 y no criticaba el proceso penal, pero ahora ERC sí pone condiciones, aunque no haya cambiado ninguna circunstancia.

Y no está claro si Bildu votará con el PP a favor de que Rajoy siga en La Moncloa y contra la moción de censura. Es decir, en ese caso seguirá siendo presidente del Gobierno gracias, entre otros, a los votos del partido de Arnaldo Otegi.

También es significativa la trayectoria del PNV: votó en contra de las investiduras de Rajoy y de Sánchez; luego apoyó dos Presupuestos para alargar la legislatura, y todo parece indicar que rechazará la moción de censura, aunque aún no hay decisión oficial y pública. Todo por evitar que Rivera gane unas elecciones. Y al PP no le importó recibir sus votos, ni a Ciudadanos coincidir con los nacionalistas vascos en la aprobación de las cuentas. El Gobierno dice tener atado su apoyo y el PSOE que avanza el acercamiento al si.

En ese bucle se constata que la legislatura nació muerta, sigue muerta y lo único que se prolonga es el entierro.

El patio del Congreso

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