Carmena ya no quiere a Podemos

Por un lado se siente en deuda con la formación que le prestó el programa electoral con el que compitió en campaña. Por otro lado, no deja de pensar que aquellas alforjas hoy pueden ser un lastre

Foto: La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias. (EFE)
La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias. (EFE)

La política de comunicación sirve para informar, para ofrecer transparencia de lo que haces y gestionas, de con quién te rodeas y quién eres. La comunicación política nace para vender, para dotar de persuasión esa venta informativa. Una es táctica, la otra, estratégica. Una es lógica, la otra, emocional. Una es imprescindible, la otra, necesaria. Y ambas son obligatorias.

La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, ha superado la barrera cortés y ficticia de los 100 días y aún navega entre la convicción de sus propuestas y la indecisión de sus medidas. Lo que plantea con una mano, la otra se lo niega. Lo que con un ojo guiña, con el otro cierra para no (querer) ver. Por un lado se siente en deuda con la formación que le prestó el programa electoral con el que compareció y compitió en campaña, presentándose como la imagen del cambio en la capital. El partido que configuró el equipo con el que iba a concurrir a las elecciones y que conformaría su Gobierno actual. El partido que la eligió por ser la única que podía aglutinar el descontento de los antiaguirristas de Madrid. Ese equipo, al que sumó un activismo social inusitado hasta entonces en una campaña local, la aupó al poder (con la aquiescencia del PSOE). Por otro lado, no deja de pensar que aquellas alforjas hoy pueden ser un lastre político notable. Y no le faltan motivos.

Podemos es hoy una losa que pesa sobre las cabezas de ciertos alcaldes, que huyen de su aprobación y reconocimiento. La primera, Manuela Carmena

Ese partido ya no es hoy el que prometió ser. Escondido en siglas múltiples, cómo gárgolas en celo, con luchas clandestinas periódicas por ver quién es el líder "más humilde y del pueblo", Podemos es hoy una losa que pesa sobre las cabezas de ciertos alcaldes, que huyen de su aprobación y reconocimiento. La primera, Manuela Carmena. Pinchada la burbuja que subía al cielo con amenaza de asaltar sus nubes, hoy, la alcaldesa ha descosido los jirones de incertidumbre que asomaban por el quicio de Cibeles en forma de moción de censura. Ni órdagos ni lanzas en ristre bajo vanas esperanzas. Sabe que si no sigue la senda de utópicas veleidades revolucionarias, su paso por el consistorio puede ser productivo a poco que haga ejercicio de gobierno, y no solo de vendedora de sonrisas permanentes. De ahí que empiece a generar(se) las primeras dudas.

La retórica como despertador

"La ciudad que quieres será la ciudad que quieras", es el lema que reza en los miles de octavillas que en cada distrito pueden consultar los vecinos y que acaban de promocionar como elemento de poscampaña permanente. De nuevo el juego retórico, entre la aliteración y la metáfora, sinergias de un activismo social que aún mantiene en palmito a la "abuela de Madrid". La movilización que precedió al 24 de mayo fue más un voto en contra de que una apuesta a favor de. Carmena lo sabe y por eso no está dispuesta a dejarse retratar bajo la imagen de quien un día se declaró mesías y hoy, encuestas en mano, parece pasar por sus horas más bajas de guía espiritual. Hipotecarse bajo las siglas de Podemos cuando una buena gestión en estos cuatro años ayudarían a reforzar su imagen no es estratégicamente recomendable. A Carmena le quedan cuatro años como alcaldesa. A Podemos, en caída libre, igual la descomposición le pilla antes de refrigerio.

Por ello, habrá que estar atentos a la gestión de las tres claves que parecen marcar el gobierno de la actual alcaldesa de Madrid en el futuro y que son, en mi opinión, las siguientes:

1) De Versión Original a Visión Particular. La política de Madrid vista a través de la comunicación de alcaldesa y portavoces. Es decir, comunicar aunque no haya nada que decir. Dejar la impronta de actividad constante mediante el altavoz más potente. Las nuevas tecnologías al servicio del ciudadano pero a través de su causa política. La web Versión Original desató una ola de críticas, más por la idiosincrasia que la motivó que por los efectos fructíferos de contar realmente lo que se hace desde un cargo público. Ahora llega una nueva web -http://diario.madrid.es/- más colaborativa, diseñada en finalidad y contenidos para conversar con los ciudadanos, sin intenciones lúgubres de corte orwelliano. Aportar información, ofrecer contenidos, contrastar datos y debatir sobre gestión y actos forma parte del quehacer del servidor público.

Hipotecarse bajo las siglas de Podemos cuando una buena gestión en estos 4 años ayudarían a reforzar su imagen no es estratégicamente recomendable

2) La cercanía como forma de vida. El consenso como modo de supervivencia. Carmena piensa que la mejor forma de distanciarse de la esencia populista de quien la propuso es otorgando a su mandato una pátina de transparencia permanente. Con o sin apoyos, haciendo de la mueca una sonrisa y del gesto una norma, la alcaldesa sigue creyendo que toda política debe ser comunicada y toda comunicación analizada, hasta matizar las informaciones que no le gustan. Hace bien en aceptar la crítica, verdadero cataplasma de la democracia, sin retóricas de altos vuelos. Repito que como política de comunicación es acertada. Pero no olvidemos que toda comunicación política depende de la cohesión entre lo que predicas y aplicas, lo que resumes y gestionas. No hace falta comunicarlo todo, sino que todo lo que se comunique sea honesto, sincero y fácil de entender.

3) Gobernar es escuchar. El activo de la movilización contra la pasividad del ciudadano medio. De ahí que, si nos atenemos a las demandas que los madrileños ya denuncian en la nueva web, el transporte público y la limpieza de la ciudad ocupan sus dos principales preocupaciones. Falta que Carmena y su equipo hagan de una declaración de principios un activo común, si no quieren que en diciembre Podemos no sea más que un mero recuerdo de lo que pudo ser y nunca fue, y se acaben agarrando a la poltrona de Cibeles como única salvaguarda de un cambio que no dejan de prometer pero que, de momento, no se ve por ningún lado. Quizá lo tape la suciedad que seguimos viendo, en versión original, por las calles de la capital. 

En la cocina de la campaña
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