Podemos y los siete pecados capitales

El partido de Iglesias es el fiel reflejo de formación política que ha reunido numerosos defectos morales que hacen difícil su progresión, crédito y futuro. Repasémoslos

Foto: Carteles electorales para el 20-D. (EFE)
Carteles electorales para el 20-D. (EFE)

En su intento de instruir en la moral correcta de pensamiento y actuación, la Iglesia católica clasificó en siete pecados capitales el límite de la indecencia del creyente y la barrera que viciaría a toda persona de sus virtudes más significativas. La política, en todos sus extremos y vertientes, es proclive a caer también en vicios consumados. Muchos de los líderes de los diferentes partidos -lectores, dicen, de Sun-Tzu pero no de Santo Tomás de Aquino, quien confeccionó la lista definitiva que ya resumiera el papa Gregorio Magno en el siglo VI- reúnen en su figura y la de sus partidos estos pecados capitales que les hacen débiles frente el escarnio público e invisibles ante la historia. Podemos es el fiel reflejo de formación política que ha reunido, en su escaso tiempo de vida, numerosos defectos morales que hacen difícil su progresión de partido con crédito y futuro. Repasémoslos:

Orgullo/vanidad (definición): arrogancia, vana representación, ilusión o ficción de la fantasía.

Lo que se interpretó en 2014 como una 'boutade' de un tertuliano venido a más: "Me presentaré a las europeas solo si reunimos 50.000 firmas", terminó siendo un partido preconcebido en las aulas y construido en las calles. A aquel órdago de victoria segura siguieron con el tiempo otros ("si no gano las elecciones generales, me voy"), fruto del impulso de quien concibe la política como un juego de roles establecidos discrepantes y no como un ejercicio de artesanía presidida por el diálogo y el acuerdo. De las muchas sobradas que Podemos se ha marcado en los últimos tiempos, fue comentada y analizada 'ad nauseam' la rueda de prensa de aquel ya lejano 21 de enero, que contraprogramó a Pedro Sánchez el día que el Rey le recibía. Para muchos, fue una estrategia perfectamente planeada en el fecundo laboratorio táctico de Errejón. La realidad fue que aquella comparecencia de equipo, flanqueando al líder, en que exigían ministerios y vicepresidencias con la ingenuidad del púber caprichoso, fue un acto de soberbia calculada pero incalculable. Les costó crédito y les sobró arrebato.

Rueda de prensa de Pablo Iglesias tras la primera reunión con el Rey. (EFE)
Rueda de prensa de Pablo Iglesias tras la primera reunión con el Rey. (EFE)

Siguen repitiendo a día de hoy el mantra de que el cambio en España se ha producido, impulsado por el Gobierno de muchos municipios al que han llegado por la suma de voluntades contrarias al PP. Pero aún les falta recorrido y discurso, porque España no cambia con dos manifestaciones en plazas ni tres proclamas en cadena amiga. La humildad es como aquel versículo bíblico (Proverbios, 11), una cuestión de sabiduría frente al oprobio que define al orgullo. La soberbia no es ganadora en política. El político humilde siempre terminará por ser un comunicador triunfante. Seguro que Iglesias leyó a C.S. Lewis cuando decía que humildad no es pensar más de ti mismo, sino pensar menos en ti mismo.

Lujuria (definición): exceso o demasía en algunas cosas.

Apostaron por acostarse con nacionalistas y extrema izquierda en parlamentos regionales, con mareas y confluencias varias en su estrategia nacional de campaña. Tantos invitados a la misma cama tenían que acabar en una lucha de espacios y protagonismos incompatible con el ego de sus impulsores. El ejemplo de Syriza en Grecia y Beppe Grillo en Italia no es extrapolable a una realidad y un contexto más conservadores en las formas y en el fondo. Un partido necesita tiempo para definirse social y sociológicamente, para penetrar políticamente desde las ideas y no desde las soflamas. Sumar no siempre multiplica. Una 'lasagna' de partidos termina por deconstruirse como ensalada 'demodé'. Van más rápido de lo que los tiempos y las costumbres demandan. Demasiada velocidad para tiempos de prudente reflexión.

Gula (definición): exceso desordenado de comer y/o beber.

Con su lucidez habitual, Errejón definió con un analogía física el crecimiento de Podemos: "Cuando a uno crece, le duelen los huesos. Ese dolor hay que superarlo poco a poco". Pocos recuerdan ahora los días de vino y rosas de campaña amigable, cuando Iglesias y los suyos iban por toda España sumando adeptos (En Marea, Compromís) y siglas (Izquierda Unida), hasta presentarse en campaña con un cóctel de ideologías de difícil convivencia, como el tiempo está demostrando. Querer crecer a base de comer de otros platos políticos es arriesgado en coyunturas adversas, sin tener una estructura de partido más consolidada. Es hora del parlamentarismo, en su vertiente más sofisticada: la del debate. Bajo el sosiego del consenso y el fuego discrepante que las ideas motivan. Si la voz cantante en la Cámara Baja la lleva Iglesias, veremos a Podemos en los medios, pero perderá fuelle en la calle. Si el giro es hacia el vector errejonista, la construcción de una alternativa creíble desde otra izquierda puede ser factible.

Ira (definición): sentimiento de indignación. Apetito o deseo de venganza.

Iglesias, en el primer debate a cuatro. (EFE)
Iglesias, en el primer debate a cuatro. (EFE)

Los gestos delatan el mensaje. Son la vestimenta emocional que reviste el lenguaje previo y posterior. Eres lo que expresas y te interpretan como te ven. Las caras de Iglesias en campaña y debates televisivos dibujaban a un político enfadado, no cansado, que rezumaba violencia verbal a cada golpe de adjetivo. Estigmas de macho alfa, evidenciado en desafortunados tuits y mensajes constantes de reacción adversa. No se puede pedir a la gente que sonrías cuando tienes el ceño fruncido. Ilusionar cuando estás cabreado es complicado de entender, y de vender. El político optimista genera más adhesiones que el negativo, salvo que el contexto sea el que en 2014 propició que dos formaciones saltaran la banca del bipartidismo. Pero esa inercia ya se ha perdido. La ira ciudadana no fue canalizada correctamente por exceso de cabreo del candidato. Pablo quiere ser el Carter de la política española y está más cerca de ser el Salinger patrio, que creó una obra para la historia de la literatura y después echó a dormir su imaginación.

Avaricia (definición): afán desmedido de poseer y atesorar riqueza.

Miras y miradas. Las miras iban dirigidas a asaltar los cielos, moncloas y todo obstáculo político, social y mediático que se pusiera por medio. Las miradas tras el 20-D y sobre todo después del 26-J mostraban en rostros decepcionados la realidad de una política necesitada de menos Maquiavelos y Brutos, sobrada de tácticas cínicas y golpes de virilidad. La política en serie se ha demostrado ineficaz en los momentos clave donde todo se decide. No han hecho la transición en capítulos, esperar a que el partido se consolide por toda España, y que no solo compita electoralmente por algunas plazas.

La comunicación 360º, como bien afirma el politólogo Mario Riorda, exige adaptar a la multiplicidad de los diferentes formatos un mismo mensaje, asumiendo el riesgo que supone una audiencia migratoria, capaz de posicionarse en plataformas diversas dentro de un mismo contexto de medios. Han preferido los grandes titulares a las pequeñas explicaciones, dosificadas como píldoras calculadas. Su labor de oposición, en una legislatura que no es suya, será su verdadera prueba de fuego como partido.

Las miradas tras el 20-D y el 26-J mostraban en rostros decepcionados la realidad de una política necesitada de menos Maquiavelos y Brutos

Pereza (definición): negligencia o descuido en las cosas que estamos obligados. Tardanzas en las acciones o movimientos.

Cerrado por vacaciones. En pocas semanas de legislatura, Podemos no ha presentado ni proposiciones de ley, ni no de ley, ni enmiendas, ni nada que tenga que ver con trabajo parlamentario rutinario. Parecen cansados, agotados de pelear por un nicho sociológico que se les resiste, resignados a estar más que a ser, a convivir hasta que puedan influir. No les gusta ese trabajo de oficina, que parece evocarles aquella fotografía de Wilder en 'El apartamento', con Jack Lemmon caminando entre mesas y compañeros que apenas levantan la vista de su 'bureau', para no dar fe del desapego a una rutina de la que parecen no poder escapar. Replican esa costumbre tan ibérica de criticar que otros trabajen desde la cómoda y acolchada poltrona de tu salón.

Envidia (definición): tristeza del bien ajeno. Deseo de algo que no se posee.

Podemos, a pesar de tener ADN callejero -menos del que presumen y más, quizá, del que han merecido-, es una formación que no sabe vivir extramuros, sino intrafocos. Se sienten incómodos fuera de plató y sin cámaras delante que permitan colocar mensajes 'ad hoc' a diestro y siniestra. De ahí que su apagón mediático actual les haga mirar y responder con envidia el protagonismo que la otra fuerza política joven tiene y que les ha arrebatado. Los mensajes de Echenique, Espinar y demás portavoces que parecen vacacionar en Twitter aventuran desesperación. Tuvieron su oportunidad en la anterior legislatura, fracturada por su interna lucha de egos y su siempre presente juego de tronos, acabando con una alternativa que siempre fue más idealizada que real.

No son pecados exclusivos de Podemos, desde que Dante recogiera en su poema 'Purgatorio' la lista que durante siglos repetirían hombres de todo poder y condición. Pero sí han aglutinado en poco tiempo vicios que deslegitiman lo conseguido hasta ahora. No es tiempo de cambio, sino de meditación. Descartes pasaba de pactos.

En la cocina de la campaña
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