El dilema

Si Tsipras fracasa y la socialdemocracia se hunde definitivamente, esta es la opción que haría su agosto: la extrema derecha racista, xenófoba y aislacionista

Foto: El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, se entrevistó este viernes con Alexis Tsipras en Atenas. (Gtres)
El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, se entrevistó este viernes con Alexis Tsipras en Atenas. (Gtres)

Como estaba previsto en Grecia, ganó Syriza, Nueva Democracia salió del gobierno y el PASOK entró por los pelos en el Parlamento. Fuera del Parlamento se queda el Movimiento de los Socalistas Democráticos del ex primer ministro Papandreu con un 2,45% de los votos. Será la primera vez que la familia Papandreu no tiene a alguno de sus miembros en el órgano de soberanía griega.

La prensa y los analistas políticos anuncian un cambio en la política europea como consecuencia del éxito electoral en Grecia de la Coalición Radical de Izquierdas. Podría ser, pero pudiera ser lo contrario, esto es, que fuera Grecia la que no consiguiera poner en valor las promesas electorales que le dieron el triunfo a Syriza.

¿Cómo pueden ser las cosas tras la formación del nuevo gobierno griego? Pudiera ser que la famosa Troika decidiera acudir en ayuda de Syriza y atender todas y cada una de las demandas que su líder, Tsipras, ha comprometido a lo largo de la dilatada campaña electoral que concluyó con su éxito en las urnas. No parece que la negociación vaya a ser fácil ni que la voluntad férrea y tozuda de Angela Merkel y sus socios de gobierno se torne así como así.

No parece que la negociación de la deuda griega vaya a ser fácil ni que la voluntad férrea de Merkel cambie así como así

Es cierto que la Unión Europea, que el Fondo Monetario Internacional y que el Banco Central Europeo comienzan a dudar y a variar –siquiera sea tímidamente– la política de absoluta austeridad, que lejos de arreglar la economía de los países deudores los está empujando al agujero de la impotencia, aumentando su deuda como consecuencia de la debilidad de su economía, de la falta de competitividad y del aumento de los intereses de la deuda. Si Tsipras y su gobierno son capaces de convencer o de vencer a la política vigente, sería lógico que el ejemplo corriera como la pólvora y que aquellas formaciones políticas nacidas o por nacer a imagen y semejanza de Syriza se extiendan, se consoliden y venzan electoralmente en buena parte de los países de la UE.

Al contrario, podría ser que el 2% del PIB europeo importara muy poco al resto de los países de la Unión y que hicieran oídos sordos a la renegociación de la deuda griega, haciendo fracasar el proyecto político de la Coalición Radical, parando en seco a los imitadores de Syriza del resto de los países europeos y obligando al nuevo gobierno griego a hacer las maletas para abandonar la Unión Europea. El resultado podría arrojar más radicalismo de izquierdas en ese país y en algunos otros que vieran comprometida su soberanía nacional como consecuencia de la negativa a hacer caso a las propuestas que sus ciudadanos eligieron libre y democráticamente.

Por último, si la Unión Europea considerara que el hundimiento de la socialdemocracia en Europa fuera una mala noticia para poder recuperar un cierto bipartidismo que devuelva al viejo continente los logros que significaron la creación del Estado de Bienestar y la alternancia en el gobierno de liberales y socialdemócratas, no tendría más remedio que dar un cierto chance a las políticas que defienden los gobierno francés, italiano, danés, rumano, eslovaco, checo, maltés y austriaco para que fuera la socialdemocracia –y no Syriza y sus imitadores– la opción ideológica que articulara una nueva política que devolviera la confianza de los ciudadanos en lo que fue la gran conquista de Europa tras el desastre de la Segunda Guerra Mundial, es decir, en la democracia y en la red de seguridad que tendieron los estados para que fuera cual fuera sea la suerte de los ciudadanos, a ninguno se les privara de una educación de calidad, gratuita y obligatoria, de una sanidad universal, gratuita y de calidad y de una pensión digna garantizada por el Estado para todos.

Si fracasa el gobierno griego y la socialdemocracia se hundiera definitivamente, la opción que tarde o temprano haría su agosto sería la extrema derecha racista, xenófoba y aislacionista. Ahí está el dilema

Poner ruedas en las legítimas aspiraciones de bienestar de los ciudadanos europeos creyendo que así se garantizan éxitos electorales, termina volviéndose contra quienes ponen esas trabas. Syriza es un aviso; si fracasa el nuevo gobierno griego y la alternativa socialdemócrata se hundiera definitivamente, la opción que tarde o temprano haría su agosto sería la extrema derecha racista, xenófoba y aislacionista. Ahí está el dilema. Veremos cómo se resuelve.

Mientras llega la solución, de una parte de la mesa estarán, entre otros, Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea y primer ministro que fue de un paraíso fiscal. Christine Lagarde, directora gerente del FMI e imputada por negligencia por la Justicia francesa por su participación en el llamado caso Tapie cuando era ministra de Economía de Nicolas Sarkozy. Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo y exvicepresidente de Goldman Sachs International, cuarto banco de inversión del mundo. Mientras Draghi fue vicepresidente para Europa, la compañía asesoró a Kostas Karamanlis sobre cómo ocultar la verdadera magnitud del déficit griego. También estará representando a España Luis de Guindos, ministro de Economía del gobierno español y exdirector de la filial de Lehman Brothers en España y Portugal, donde trabajó hasta la quiebra y bancarrota de éste en 2008, desencadenante de la crisis financiera internacional. De la otra parte Tsipras, recién elegido primer ministro griego. No parece que haya dudas sobre lo que dicta el corazón.

En Nombre de la Rosa