Un mensaje positivo

En el referéndum de Escocia de 2014, toda la estrategia del Reino Unido se articuló precisamente en torno a un mensaje positivo por parte del Gobierno

Foto: El ministro de Reino Unido para Escocia durante el referéndum de 2014, el liberal Michael Moore. (Reuters)
El ministro de Reino Unido para Escocia durante el referéndum de 2014, el liberal Michael Moore. (Reuters)

Como ocurre con otras catástrofes, los daños causados por el secesionismo catalán solo se podrán evaluar con el tiempo.

Como responsables que son de la situación en la que se encuentran Cataluña y toda España, los secesionistas tendrán que pagar por sus actos ante la Justicia. Y también tendrán que responder ante la Historia, tanto por los enormes daños económicos, como por la gravísima fractura que han provocado en la sociedad catalana.

Para el Gobierno de España no está siendo fácil reaccionar ante tanto desatino. Lo que se espera del Gobierno español en esta situación —como se esperaría de cualquier otro Gobierno— es que gestionen la crisis con inteligencia y prudencia, mitigando los daños existentes e intentando evitar daños nuevos.

El Gobierno cuenta con una ventaja, y es que está arropado por la sociedad española en su conjunto. La gran mayoría de los españoles han entendido que cuestionar la estrategia del presidente del Gobierno sería dar munición al bloque secesionista. Por ello han cerrado filas en torno al Gobierno, incluso aunque muchos de ellos no estén de acuerdo con toda su gestión. Ya les gustaría a los gobiernos de otros países tener una ciudadanía tan responsable y disciplinada como la nuestra.

La gran mayoría de los españoles han entendido que cuestionar la estrategia del presidente del Gobierno sería dar munición al bloque secesionista

A pesar de ese cierre de filas, los daños de la estrategia del Gobierno ya se empiezan a notar. El coste de imagen de las Fuerzas de Seguridad españolas, que nunca tuvieron que estar en la situación en la que se les puso el 1 de octubre (independientemente de que su actuación se retrasmitiese por algunos de forma injusta y sesgada), es evidente. Pero, además, hay otros daños de gran calado que afectan al marco institucional.

Uno de ellos es el daño que se ha hecho a las Cortes, el órgano supremo de la soberanía nacional. Es simplemente incomprensible que ante la crisis más grave de toda la democracia española, el presidente del Gobierno haya tardado nada menos que 10 días en comparecer en el Congreso, como si este fuese un incómodo trámite a liquidar, en vez del lugar donde el presidente del Gobierno tiene que rendir cuentas de todos sus actos en tiempo real. Ayer, el presidente de la Xunta de Galicia comparecía en el Parlamento gallego para dar cuenta de su gestión ante la terrible ola de fuegos que se ha producido en Galicia, y lo hacía cuando no había ya riesgo para las personas, pero con las llamas todavía ardiendo. Ante el contraste de actuación, es inevitable pensar en lo distinta que sería la política española si al frente del Partido Popular hubiese otros dirigentes.

También es bastante probable que haya un daño institucional a la monarquía, un asunto difícil de tratar públicamente, dada la reacción que cualquier tipo de comentario suscita al respecto.

Ello requiere mensajes duros hacia los dirigentes de la secesión, pero también mensajes positivos y generosos hacia Cataluña por parte del Gobierno

Resulta evidente que la única manera de salir del callejón sin salida en el que nos encontramos es siendo duros con los perpetradores y estrategas del secesionismo, pero a la vez intentando abrir un espacio emocional en el que se pueda empezar a tender puentes tanto entre catalanes y españoles como entre catalanes independentistas y no independentistas. Ello requiere mensajes duros hacia los dirigentes de la secesión, pero también mensajes positivos y generosos hacia Cataluña por parte del Gobierno.

Salvando todas las distancias, porque son situaciones que no tienen nada que ver entre sí, en el referéndum de Escocia de 2014 toda la estrategia del Reino Unido se articuló precisamente en torno a un mensaje positivo por parte del Gobierno, y un reconocimiento de la gran contribución del pueblo escocés en todos los aspectos de la vida del país. Por circunstancias familiares (pues estoy casada con quien en ese momento era el vicepresidente del Gobierno británico), vi cómo se gestionaba esa estrategia positiva muy de cerca. Y por eso sé que uno de los héroes de ese referéndum, al que espero que la Historia reconozca en justa medida su papel, fue el que era entonces ministro para Escocia, el liberal Mike Moore (por cierto, una persona cuyo asesoramiento no le vendría de más al presidente del Gobierno).

Moore se enfrentó a la estrategia basada en mensajes de dureza y castigo que proponía una de las principales figuras conservadoras del Gobierno de coalición de Cameron y otros de ese partido. Había estudiado con detalle la situación de Quebec e incluso se fue allí a hablar con muchos de los dirigentes canadienses. Defendió a capa y espada que una estrategia positiva era la única que podía funcionar, como funcionó en el segundo referéndum de Quebec. Se empeñó en coordinar no solo todos los mensajes del Gobierno en ese sentido, sino también en comunicarse al máximo con otros grupos políticos y de la sociedad civil para que ellos también lo hicieran.

En un acto sin precedentes, convenció a los lideres de los tres principales partidos británicos para que, a 24 horas del referéndum, suspendiesen la sesión semanal de preguntas al primer ministro y se fuesen todos a Escocia a decirles a los escoceses lo mucho que todo el pueblo británico quería que Escocia siguiese siendo parte del Reino Unido. A la vez, escribieron una carta conjunta comprometiéndose a dar nuevos y extensos poderes a Escocia. Y cuando algunos se quejaron de que esa carta de último minuto podría verse como un signo de debilidad y que tendría un coste electoral altísimo, Mike y otros como Mike defendieron que tal coste no existiría, y que de existir merecería la pena, porque lo que estaba en juego era nada menos que la unidad del país. Esa campaña positiva no solo hizo que los que defendían la unidad de Escocia con el Reino Unido ganasen el referéndum, sino que es lo que ha permitido que a la larga se empiecen a restañar muy poco a poco las heridas.

Qué diferente de la estrategia del Gobierno español. Y cuánto se echa de menos un Mike Moore en nuestro Gobierno.

En versión liberal

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