El agujero negro del Brexit
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Miriam González

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El agujero negro del Brexit

El acuerdo tiene un enorme agujero negro que puede hacer derrapar todo la negociación: el tratamiento de la frontera de Irlanda del Norte

placeholder Foto: El jefe negociador de la UE para el Brexit, Michel Barnier (d), recibe al ministro para la salida del Reino Unido de la UE, David Davis. (EFE)
El jefe negociador de la UE para el Brexit, Michel Barnier (d), recibe al ministro para la salida del Reino Unido de la UE, David Davis. (EFE)

Con toda probabilidad, el Consejo Europeo de hoy dará visto bueno al acuerdo de transición sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea, pues no se esperan sorpresas de última hora. El acuerdo aplaza la salida del Reino Unido hasta finales de 2020. Ante la incertidumbre y desconcierto sobre el Brexit en prácticamente todos los sectores de la economía y la sociedad, el acuerdo tiene como objetivo prolongar el 'statu quo' actual, garantizando que tanto empresas como ciudadanos tengan más tiempo para adaptarse a ese movimiento sísmico político y reglamentario que será el Brexit.

El negociador europeo, Michel Barnier, no pudo ocultar su cara de satisfacción cuando anunció el acuerdo el pasado lunes. No solo porque ha logrado que el Reino Unido claudique en áreas importantes, como la pesca o el derecho de los europeos a seguir residiendo en el país si se establecen allí durante el periodo de transición, sino también porque para él este acuerdo supone un triunfo personal que le posiciona ante su próxima ambición, la presidencia de la Comisión Europea en 2019.

Frente al desconocimiento técnico de su rival británico, David Davis, la profesionalidad y el rigor de Barnier han brillado con luz propia. Sus concesiones a los británicos han sido mínimas: permitirles empezar a negociar acuerdos con otros países durante el periodo de transición (pero insistiendo en que esos acuerdos no pueden entrar en vigor hasta después de diciembre de 2020) y aceptar que Gibraltar salga de la Unión Europea a la vez que el Reino Unido, lo cual es razonable incluso desde el punto de vista español.

Foto: Manifestantes contrarios al Brexit protestan ante Downing Street durante la reunión entre Donald Tusk y Theresa May, el 1 de marzo de 2018. (Reuters)

Para el Gobierno británico, el acuerdo es un alivio. Como el Gobierno prometió a los británicos que tendrían los mismos beneficios dentro y fuera de la Unión Europea ("exact same benefits", en palabras del propio David Davis), Theresa May y sus ministros ven la prórroga como una manera de posponer el hacer frente a la realidad detrás de sus mentiras. Por ello han renunciado a la mayoría de sus líneas rojas para lograr el acuerdo de transición. Y también por ello la prensa británica conservadora no ha levantado la voz contra el acuerdo, ni siquiera cuando, en un acto de humillación para el Gobierno británico, la Unión Europea lo anunció con una pantalla de fondo donde se proyectaron todas las 130 páginas del acuerdo con las concesiones iluminadas en verde, para que nadie tuviera duda de las muchas y muy amplias concesiones que han tenido que hacer los británicos.

La amplia mayoría de las empresas británicas y europeas no quieren el Brexit y por tanto ven el acuerdo de transición como algo positivo. Muchas de las empresas afectadas ya habían asumido que no podrían retrasar más las medidas de reestructuración y desplazamiento para poder afrontar el Brexit, así que ahora pueden darse un poco más de tiempo.

Pero si las empresas piensan que el acuerdo de transición les asegura la estabilidad jurídica hasta diciembre de 2020, se equivocan. La Unión Europea no aprobará formalmente el acuerdo hasta octubre y el Parlamento británico no lo hará seguramente hasta diciembre.

Además, el acuerdo tiene un enorme agujero negro que puede hacer derrapar toda la negociación: el tratamiento de la frontera de Irlanda del Norte.

Foto: El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker (d), recibe a la primera ministra británica, Theresa May. (EFE)

Haciendo uso de la enorme habilidad de todo negociador europeo para encontrar soluciones ambiguas, Europa ha logrado que el Gobierno británico se comprometa a que Irlanda del Norte permanezca en la unión aduanera y el mercado único si no se encuentra otra solución para esa frontera antes de diciembre de 2020; a cambio, el Gobierno británico ha obtenido un compromiso de intentar buscar otra solución alternativa aceptable para ambas partes que no exija precisamente la participación de Irlanda del Norte en la unión aduanera y el mercado único.

Pero tanto la Unión Europea como el Reino Unido saben que, por debajo de esa ‘constructiva’ ambigüedad, ambos se están engañando: el Reino Unido no puede aceptar que Irlanda del Norte esté en la unión aduanera y el mercado único si el Reino Unido no lo está; la primera ministra británica lo dijo claramente hace unos días, cuando manifestó que "ningún primer ministro británico podría aceptarlo".

Foto: Brittany Kaiser, de Cambridge Analytica, Aaron Banks y Gerry Gunster, contratado por la campaña Leave.EU, y Liz Bilney, de Eldon Insurance Services, en rueda de prensa, el 18 de noviembre de 2015. (Reuters)

Y por su parte el Gobierno británico sabe que la Unión Europea no puede aceptar que no se vigile esa frontera, pues es una frontera exterior de la Unión que podría convertirse en un santuario de fraude y contrabando. Y también sabe a ciencia cierta que la Unión Europea no va a confiar a los británicos el control de esa frontera en nombre de la Unión, más que nada porque la Unión acaba de multar al Gobierno británico con 2.400 millones de euros precisamente porque los británicos no controlan como debieran el acceso de productos fraudulentos a través de su frontera ni siquiera ahora, cuando todavía son miembros de la Unión.

La falta de honestidad en este asunto por ambas partes es tan evidente que han tenido que acordar una ‘cláusula de buena voluntad’, algo que no existe en ningún otro acuerdo, pues la buena voluntad de las partes negociadoras siempre se presupone, por lo que nunca hace falta hacerla explícita.

La probabilidad de que las discusiones sobre Irlanda del Norte envenenen las negociaciones del Brexit durante los próximos meses es enorme. Disimular la imposibilidad de un acuerdo sobre Irlanda del Norte con redacciones ambiguas puede ser políticamente conveniente para el Gobierno británico y para la Unión Europea, pero no lo es para las empresas. En un asunto tan complejo como es el Brexit, la seguridad jurídica requiere acuerdos sin ambigüedades, con compromisos claros y sin que las partes se dediquen a disimular los enormes agujeros negros.

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