La última ocurrencia de los políticos

Cuando un electorado como el español arroja un resultado electoral en el que no hay mayorías absolutas, las instrucciones que les están dando los ciudadanos a los políticos es que negocien

Foto: Congreso de los diputados. (EFE)
Congreso de los diputados. (EFE)

Como aprieta el calor y al hartazgo social se le va sumando la pereza estival, nuestros políticos (que no tienen ni un pelo de tontos) han decidido aprovechar la coyuntura para hacer de las suyas y arrogarse todavía más poder electoral del que tienen ahora, el cual ya es considerable. Resulta que el tener que negociar pactos, como ocurre o ha ocurrido en un montón de países de Europa, desde Dinamarca hasta Alemania (no solo con partidos bisagra, sino entre los dos partidos mayoritarios) pasando por Austria, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Finlandia, Rumanía, Bulgaria, Croacia, Eslovenia, Eslovaquia, Estonia, Letonia, Lituania, Irlanda, Suecia, Portugal, Grecia, la República Checa, Italia y el Reino Unido, es demasiado trabajo para nuestros pobres políticos. 'Uf' pactos, ¡vaya estrés!, con lo bien que viven ellos con mayorías absolutas, sin tener que negociar sus propuestas políticas, ni estar obligados a rendir cuentas a nadie.

Ni siquiera ocultan que les da absolutamente igual la sustancia de los posibles pactos, porque no se cortan en decir abiertamente 'con fulanito no'

En muchos otros países, en cuanto las elecciones arrojan un cuadro político sin mayorías absolutas, la prioridad para los partidos políticos es desvelar sus áreas de máximo interés y sus líneas rojas. Así, si las negociaciones fallan -lo cual ocurre a veces- se aseguran de que ha sido porque no se logran poner de acuerdo sobre la substancia, y nadie les puede acusar de estar jugando con el destino del país. Pero nuestros políticos son de otra pasta: tras nada menos que dos meses y diecisiete días desde las elecciones, el partido más votado ni siquiera se ha dignado a hacer una oferta con medidas concretas; y los demás no se han molestado en dar explicaciones de lo que harían ni de lo que pedirían a cambio de su apoyo. Es más, ni siquiera ocultan que les da absolutamente igual la sustancia de los posibles pactos, porque no se cortan en decir abiertamente ‘con fulanito no’; y no me refiero solo a Rivera, porque lo del ‘a éste no le ajunto’ lo hacen todos, que es por lo que a día de hoy no tenemos ni idea de los puntos cruciales de cada partido para una posible negociación; e incluso aquellos que, con deslealtad, le han sacado los colores a Rivera en público desde Ciudadanos, no nos han dicho qué pedirían ellos exactamente a cambio de un apoyo o una abstención. En resumen, que las propuestas sobre políticas concretas para posibles pactos por parte de cada partido ni están, ni se les espera.

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, y el líder de Ciudadanos, Albert Rivera. (EFE)
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, y el líder de Ciudadanos, Albert Rivera. (EFE)

Aprovechando el desbarajuste, ahora se le ha ocurrido a nuestra clase política proponer cambios en nuestro sistema electoral, para que nuestros sufridos políticos no tengan que volver a pasar por esta penosa situación de tener que negociar cuando no hay mayorías claras: el líder del Partido Socialista, Pedro Sánchez, propone que se revise la Constitución para que gobierne la lista más votada; y el líder del Partido Popular, Pablo Casado, propone reformar la Ley electoral para premiar al partido más votado con 50 escaños. Llevamos treinta y cuatro años con un sistema electoral con listas cerradas y bloqueadas que no nos dejan votar por los políticos que queremos y nos obligan a tener que tragarnos los candidatos que nos imponen los líderes de cada partido en el orden en que a ellos les da la gana, pero en vez de proponer reabrir la ley electoral para corregir este absurdo anacronismo y devolver así el poder electoral a los ciudadanos, resulta que lo que nos proponen ahora los líderes políticos es ¡reabrir la Ley para no tener que molestarse ellos en negociar pactos!

Ahora parece que no hay ningún problema en reabrir la Constitución cuando de lo que se trata es de favorecerse a sí mismos

Algo parecido, aunque mucho más grave, ocurre con la Constitución Española: llevamos años oyéndoles decir a los políticos que no podemos revisar la Constitución para cosas tan importantes para España como eliminar los aforamientos o despolitizar el Consejo General del Poder Judicial, por los riesgos que tiene reabrir nuestra norma más fundamental mientras el independentismo está en alza; ¡pero ahora parece que no hay ningún problema en reabrir la Constitución cuando de lo que se trata es de favorecerse a sí mismos y de facilitar su acceso al poder sin tener que negociar pactos!

En democracia, los políticos están al servicio de los ciudadanos. Punto. Cuando un electorado como el español arroja un resultado electoral en el que no hay mayorías absolutas, las instrucciones que les están dando los ciudadanos a los políticos es que negocien. Si no logran llegar a acuerdos sobre la base de sus respectivas propuestas políticas habrá que repetir las elecciones, por supuesto. Pero negarse a negociar y no hacer propuestas concretas es, lisa y llanamente, desobedecer las instrucciones del electorado; algo inaceptable, porque la obediencia al electorado es lo que distingue a las democracias de las partitocracias. Más les vale a nuestros políticos empezar de una vez a currarse los pactos.

En versión liberal
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