El futuro de Ciudadanos

En política, a menudo tu destino depende tanto de ti como de la suerte, pero lo que sí depende de ti, y solo de ti, son los principios

Foto: El expresidente de Ciudadanos Albert Rivera. (Reuters)
El expresidente de Ciudadanos Albert Rivera. (Reuters)

Habría que ser de hierro para no sentir pena: las caras largas de la noche electoral, la dimisión en un país en el que normalmente no dimite nadie, las lagrimas que sus compañeros intentaban contener a duras penas… Hubo tristeza, frustración y decepción, pero lo que no hubo fue sorpresa, porque lo que le pasó a Rivera la noche electoral lo sabía desde hace meses toda España.

Sus más feroces críticos argumentan que lo que mediáticamente se crea, mediáticamente se destruye. Los que somos menos proclives a la crítica —y también a la conspiración— lo vemos como un voto de castigo por su cerrazón a considerar una formula de gobierno reformista con el PSOE; por sus erráticos pactos, que en algunas comunidades autónomas han permitido el continuismo de partidos regionales corruptos hasta las trancas, y también por su giro a la derecha: ¿para qué van a votar los españoles a una copia cuando en la derecha hay no ya una sino dos opciones que son el original?

¡Lo que es la vida! El líder que quería a toda costa no ser como los liberales británicos y alemanes, que cayeron en las urnas tras su paso por el Gobierno, ha caído en picado sin ni siquiera pasar por el Gobierno. Rivera se va del todo, porque a quien tiene vocación de capitán le cuesta ser soldado raso. Dice que quiere ser feliz y tiene derecho a serlo, como también lo tienen las generaciones de españoles jóvenes, que son los que tendrán que arreglar ese enorme descosido que los líderes de los partidos políticos constitucionalistas, incluido Rivera, le han hecho a España. El que la viabilidad del Gobierno dependa ahora de la decisión de Oriol Junqueras, un señor que está en la cárcel condenado a penas de nada menos que 13 años por sedición con malversación, produce escalofríos; todos echan la culpa a los demás, pero la responsabilidad es compartida.

Los que somos menos proclives a la crítica lo vemos como un voto de castigo por su cerrazón a considerar una formula de gobierno con el PSOE

Lo que Rivera deja detrás es un partido desorientado, sin suficiente implantación territorial por eso de que a muchos de sus dirigentes les pone más un plató que el trabajo de campo, con vocación teórica de reforma del sistema, pero contagiado de los vicios de los partidos más tradicionales: una rígida estructura piramidal, un dirigente todopoderoso en la cumbre, una camarilla aduladora y una imposibilidad de debate interno ("quien no esté de acuerdo, que se vaya"). Los críticos más valientes dimitieron hace meses, otros se quedaron agazapados para mantener sus cargos. Salir de esta situación va a requerir sudor y lagrimas, pero, sobre todo, ganas y un espíritu de ilusión renovado. A día de hoy, es imposible saber si Ciudadanos va a lograr sobrevivir, pero desde luego no lo tiene fácil.

Al PP no le ha faltado tiempo para declarar su interés por integrar a Ciudadanos en sus filas. Es un escenario con muchos inconvenientes para los que creemos en la necesidad de reforma del sistema político; pero también con beneficios, pues podría cortocircuitar una casi inevitable polarización de nuestra política: uno de los mayores riesgos del panorama político actual es que el PP se escore más a la derecha para neutralizar a Vox, mientras el PSOE lo hace a la izquierda para destruir a Podemos. Sería lamentable que después de cuatro años de inestabilidad y elecciones constantes, el resultado final no fuese un sistema renovado sino un bipartidismo todavía más extremo.

Es comprensible que en Ciudadanos haya prisa por acordar la sucesión y por entronizar, con el máximo consenso posible, a Inés Arrimadas para evitar una fuga de cargos. Pero un cambio de cabeza visible sin una reinvención a fondo del partido no va a solucionar nada. Es momento de recuperar a los que se han ido, de abrir el partido, de presentar la disensión como algo positivo, y sobre todo de retomar con ahínco los objetivos de reforma del sistema político que nunca debieron haber sido abandonados, tanto con respecto al Gobierno central como en las comunidades autónomas donde Ciudadanos ostenta el poder regional compartido. La mayoría del voto que ha perdido Ciudadanos es recuperable, pero no se va a recuperar simplemente haciendo un lavado superficial de imagen.

En política, a menudo tu destino depende tanto de ti como de la suerte, pero lo que sí depende de ti, y solo de ti, son los principios: Ciudadanos abandonó sus principios de reforma; sobrevivir depende de que los reencuentre.

En versión liberal
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