Europa necesita más que un Plan Marshall

La propuesta española tiene lógica económica: como el dinero está muy barato, sería relativamente fácil para Alemania soportar una deuda europea masiva a muy largo plazo

Foto: Foto: EC.
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Quién iba a pensar que el ataque más dañino a la Unión Europea en uno de sus momentos más vulnerables no iba a venir del Gobierno británico, embarcado desde hace casi cuatro años en un proceso de debilitación de Europa, sino de los alemanes, que se supone que son los que tienen que liderar la Unión.

La sentencia del Constitucional alemán sobre la legalidad del programa de compras de deuda publica por parte del Banco Central Europeo (BCE) es cuestionable, pues se centra en la zona gris de una posible extralimitación de competencias a través de la falta de proporcionalidad en decisiones sobre áreas en las que el BCE sí tiene competencia; y a la vez plantea una posible extralimitación de poderes del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que es lo que ha hecho saltar todas las alarmas en Europa. A pesar de las dudas sobre la calidad técnica de la sentencia, su efecto político es meridianamente claro: hace mucho más difícil que Alemania se preste a financiar la deuda del sur de Europa sin contraprestaciones, como un simple ‘gesto de solidaridad’, que es lo que en el fondo propone el Gobierno español a través de un Plan Marshall de inversión billonaria.

La propuesta española tiene lógica económica: como el dinero está muy barato, sería relativamente fácil para Alemania soportar, sobre su propia solidez, una deuda europea masiva a muy largo plazo, resolviendo así los problemas económicos del sur de Europa. Pero si antes del coronavirus los alemanes no estaban por la labor, es improbable que lo estén ahora. Y no solo por la sentencia, sino porque el modelo económico alemán se alimenta de las exportaciones y podría peligrar ante la inminente ola de proteccionismo tras el coronavirus, que según la OMC podría hacer disminuir el comercio internacional en un 32%. Argumentar que los alemanes ‘nos deben’ la financiación de la deuda porque se benefician más del euro que nosotros es engañoso, porque si rompiésemos la eurozona seguiríamos orbitando alrededor de la moneda alemana, que es lo que hacíamos antes de la creación del euro.

El Gobierno español ha defendido en el 'Financial Times' que "la respuesta europea a la crisis no puede ser que algunos países acaben con mayores ratios de deuda sobre PIB", una premisa absurda. Ha propuesto, de nuevo en el 'Financial Times', una renta mínima para todos los europeos, pero sin detalles sobre su financiación, lo cual es una forma de validar el tópico de que los políticos del sur son unos manirrotos. Y le ha pedido a la UE tomar una decisión ‘antifascista’ en un alarde de desconocimiento tanto de la historia europea como de las sensibilidades políticas en Europa. Quizá sería mejor que el Gobierno estuviera callado.

Especialmente porque necesitamos que lo que se tome en cuenta en el norte sean el potencial y la enorme capacidad de trabajo y de reinvención de los españoles, y no la nefasta gestión de nuestros políticos: si los alemanes supiesen cómo se ha utilizado el dinero público por los políticos españoles a nivel central, autonómico, provincial y local para alimentar la corrupción, el amiguismo y el clientelismo, no habría ninguna posibilidad de que nos ayudasen ahora a financiar nuestra deuda.

Efectivamente, Europa necesita la solidaridad del norte con el sur a través de un ambicioso plan económico. Pero también necesita mucho más que eso: un acuerdo horizontal de remodelación de las políticas europeas que logre que tanto los del sur como los del norte vean esta nueva etapa como algo ventajoso para ellos. Eso implica no solo un transvase monetario, sino también un acelerado plan de cierre de las enormes lagunas y deficiencias del mercado interno; una estrategia de liberación de capital para facilitar créditos; una masiva oferta de incentivos a los emprendedores y empresas que operen de manera paneuropea; una urgente puesta en marcha de una política industrial que promueva los núcleos de excelencia europeos, lo cual requerirá que en el sur reconozcamos los numerosos núcleos de excelencia del norte siempre que ningún Estado miembro salga especialmente desfavorecido, y a medio plazo una aceptación más amplia de la ‘Europa a varias velocidades’ o de la ‘Europa de círculos’. Las negociaciones serán difíciles, por supuesto; pero por lo menos serán útiles, no como las muchísimas negociaciones europeas sobre asuntos irrelevantes que siguen ocupando día tras día la agenda de las instituciones europeas.

Somos muchos los que pensamos que la Unión Europea está en tal situación de fragilidad que podría desaparecer

Somos muchos los que pensamos que la Unión Europea está en tal situación de fragilidad que podría desaparecer. Las causas son variadas: la falta de liderazgo alemán; la ausencia de realismo sobre las terribles consecuencias del Brexit, o la pobreza intelectual de muchos gobiernos europeos que llevan años sin hacer una sola propuesta interesante más allá de su interés financiero inmediato, como está haciendo ahora España. Pero la fragilidad también proviene del inmovilismo de las propias instituciones europeas, que no han sabido demostrar su utilidad durante una crisis sanitaria en la que la coordinación entre los países europeos era y sigue siendo esencial.

El inmovilismo es evidente en lo económico: estamos a punto de entrar en una fase de aceleración brutal de la digitalización y robotización, pero la UE sigue obsesionada con acaparar poder reglamentario, en vez de ayudar a las empresas europeas a conseguir poder económico real. Y es un inmovilismo letal en lo político, pues ha llevado a la UE a consentir violaciones flagrantes de las libertades más básicas. La reciente respuesta de la vicepresidenta de la Comisión Europea, Vestager, en el ‘New Yorker’ sobre la preocupante erosión de los principios democráticos en Hungría resume a la perfección la pasividad de las instituciones europeas: "Es algo que seguimos muy de cerca (...) es una situación de trabajo continuado (…) mis colegas lo siguen muy de cerca y es una de las cosas de las que hablamos en las reuniones semanales cuando están presentes todos los comisarios’.

En Bruselas, existe la leyenda de que la Unión Europea solo logra progresar en momentos de crisis. Aunque ese no fue el caso en 2008, todavía hay tiempo para hacerlo ahora si un grupo de Estados miembros por fin reacciona. En muchos países europeos hay lideres lo suficientemente capaces como para retomar las riendas de Europa. La deriva totalitaria, las limitaciones a las libertades, el proteccionismo y el colapso del multilateralismo hacen que la Unión Europea sea ahora más necesaria que nunca. Europa no debe aspirar solo a sobrevivir a la crisis del coronavirus para hacer más de lo mismo, sino a utilizar la crisis para reinventarse.

En versión liberal
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