Por qué puede ganar Trump

Todavía queda mucho por decidir. Serán semanas decisivas para los americanos. Pero también para nosotros, porque en estas elecciones, se determinará el futuro de Europa

Foto: Donal Trump. (Reuters)
Donal Trump. (Reuters)

El mundo está en un compás de espera. Y no solo por el cororonavirus, sino por el efecto de las elecciones presidenciales americanas. A pesar de lo mal que el Gobierno estadounidense ha gestionado la crisis del covid, la carrera hacia las presidenciales del 3 de noviembre está reñida y Trump está acortando distancias con Biden.

Aunque los europeos no tenemos ni voz ni voto en esas elecciones, el resultado condicionará nuestras vidas y también las de nuestros descendientes. Una victoria de Trump marcará una clara etapa de abiertas hostilidades con China, que en el mejor de los casos serán tecnológicas y comerciales (el llamado ‘decoupling’ entre Estados Unidos y China) aunque quizá también sean militares. Mantener la Unión Europea viva va a ser difícil si Trump gana, pues su victoria significaría que todas las grandes potencias (Estados Unidos, China y Rusia) seguirían enfrentadas entre sí, pero todas coincidirían en un interés común: destruir Europa.

Una victoria de Biden confirmaría que se puede vencer al populismo, que es un reto al que se enfrentan varios países europeos, incluida España. Es muy probable que Biden mantenga una guerra fría comercial con China, y que le pida a la Unión Europea que se posicione claramente ante esa guerra, lo cual presentaría para nosotros no pocas dificultades. Los que piensan que Biden resucitará el multilateralismo y la alianza trasatlántica seguramente pecan de optimismo, pero al menos Biden tendrá interés en mantener la Unión Europea intacta.

Primero, la economía americana, cuya fuerza es tal que en agosto recuperó 1,8 millones de puestos de trabajo

Todo lo que tiene que hacer Biden para hacerse con la presidencia es conseguir ganar en cinco estados clave donde lo que está en juego son mayorías de entre tan solo uno y cinco puntos porcentuales. Pero hay cuatro factores que complican las perspectivas de Biden.

Primero, la economía americana, cuya fuerza es tal que en agosto recuperó 1,8 millones de puestos de trabajo. La decisión de Trump de inyectar dinero directa y rápidamente en el bolsillo de muchas familias americanas en cuanto irrumpió el virus tuvo un efecto positivo casi inmediato. El desempleo está por debajo del 8,4% y aunque se prevé que la recuperación avance más lentamente este otoño, las perspectivas económicas son positivas, lo cual siempre dificulta un cambio electoral drástico.

Segundo, la deriva que han tomado los conflictos raciales y las subsiguientes protestas urbanas. La muerte de George Floyd en mayo reavivó la discusión sobre la discriminación racial ‘sistémica’ y la normalización del abuso policial. Se descubrieron cosas tan terribles como que la población afroamericana a menudo tiene que pagar más por sus hipotecas que los blancos; o la manera en que muchos asesinatos de afroamericanos a manos de la policía ni siquiera son investigados. Muchos grupos han reivindicado la ‘abolición de la policía’, aunque en realidad lo que persiguen es una reforma policial. Y aunque la mayoría de las protestas raciales han sido pacíficas, en varios estados han sido violentas y prolongadas. Todo ello le ha permitido a Trump erigirse en defensor de ‘la ley y el orden’ y abordar las protestas como una guerra no racial sino cultural; justo el espacio en que él se mueve como pez en el agua.

El último factor que determina el que Biden no tenga todas las de ganar es él mismo

La muerte el pasado viernes de la icónica magistrada progresista del Tribunal Supremo Ruth Bader Ginsburg también favorece a Trump. Hay pocas cosas que enciendan el debate político en Estados Unidos con más fuerza que las nominaciones al Tribunal Supremo, porque los puestos son vitalicios y por tanto decisivos para el desarrollo constitucional de país. La decisión de Trump de presentar un nuevo candidato antes de las elecciones significa que ese puesto que era progresista será ahora conservador. Pero, además, el debate sobre el reemplazo acaparará la atención mediática y la energía de la campaña, porque los demócratas tendrán que centrarse en criticar ese nuevo nombramiento en vez de focalizarse en la terrible gestión del covid, que es lo que realmente resta votos a Trump.

El último factor que determina el que Biden no tenga todas las de ganar es él mismo. Solo hace falta echar un vistazo a las intervenciones televisadas de los candidatos para darse cuenta de que Trump está poniendo mucha más energía que Biden en su campaña. Esa falta de dinamismo, junto con la avanzada edad de Biden, hace que muchos se planteen que al votarle a él también puede que estén votando a la próxima presidenta de los Estados Unidos si a él le pasa algo. Todos los ojos están puestos en la candidata a la vicepresidencia de Biden, la californiana Kamala Harris. Pero como muchas mujeres en lo más alto de la política y los negocios en América, Kamala Harris da una imagen poco auténtica y demasiado estudiada. Mientras entre el moderado Biden y Trump, muchos prefieren a Biden, entre Trump y la izquierdista Kamala Harris, la cosa no está tan clara.

Todavía queda mucho por decidir para ver quién gana. Serán semanas decisivas para los americanos. Pero también para nosotros, porque en estas elecciones, se determinará el futuro de Europa.

En versión liberal
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