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Miriam González

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Seis cara a cara, pero con el público

Los políticos tienen que debatir cara a cara con el público, simplemente con un moderador, como se está haciendo desde hace ya tiempo en muchos otros países

Foto:  El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE/Julio Muñoz)
El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE/Julio Muñoz)
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Los debates electorales entre candidatos y con preguntas cerradas de periodistas son ya cosas anticuadas, de antes del internet. Los políticos tienen que debatir cara a cara con el público, simplemente con un moderador, como se está haciendo desde hace ya tiempo en muchos otros países.

Los debates electorales son un elemento de accountability (rendimiento de cuentas), un concepto fundamental en toda democracia, pero que es el gran reto de la democracia española, hasta el punto de que ni siquiera tenemos una palabra específica para definirla. Los debates sirven para que a los políticos se les pueda preguntar sobre sus programas y para que todos podamos ver en tiempo real y sin filtros si tienen propuestas para solucionar los problemas del país. También nos ayudan a juzgar su personalidad y así dilucidar si su compromiso con las propuestas que han hecho es serio.

De entrada en España tenemos un problema con respeto a los debates, porque como los programas políticos normalmente no contienen propuestas específicas (con costes), los debates no versan sobre soluciones, sino sobre generalidades. Estamos todavía muy lejos, por ejemplo, de tener un candidato con la claridad de visión, conocimiento técnico, soltura y agilidad mental que demostró Macron en su último debate electoral con Le Pen. Parte de la explicación radica en que el ambicioso programa de Macron no tiene nada que ver con los panfletos de generalidades de la mayoría de nuestros partidos.

Esos programas electorales vacíos, de contenido con costes, suponen un problema particularmente grave en estas elecciones, porque el escenario más probable es el de una coalición con las (por suerte todavía minoritarias) extrema izquierda o extrema derecha. La mejor manera de gestionar esta desafortunada tesitura es hacer coaliciones con acuerdos de gobierno transparentes muy detallados, para que los partidos extremistas casi no tengan margen de maniobra de erosionar ni los valores fundamentales ni la racionalidad de las políticas del país. Pero para poder hacer esos acuerdos detallados hay que empezar por programas electorales detallados con análisis de costes, que es algo que brilla por su ausencia en España.

Foto: José Antonio Griñán y Diego Valderas, en el plató de Canal Sur donde se celebró el debate sin Javier Arenas en las elecciones de 2012. (EFE/José Manuel Vidal)

A falta de propuestas y soluciones, lo único que queda para los debates es el ruido político, el ver quién se irrita antes, si uno le pisa al otro, si alguno se pone nervioso, si logran colar una frase que llame la atención, o si la respuesta de uno desencaja al adversario, como le ocurrió a Rajoy cuando Pedro Sánchez le llamo indecente a la cara. Todo eso da un punto de entretenimiento para la audiencia. Pero no pasa de ser un reality show más, que poco o nada tiene que ver con el rendimiento de cuentas democrático.

Como las listas electorales españolas son cerradas y decididas por los líderes de los partidos, en el día a día no existe incentivo para que los políticos interactúen directa y abiertamente con los ciudadanos, como hacen en otros países. Solo por poner un ejemplo, cuando mi marido era vicepresidente del Gobierno británico, se iba todos los jueves a una emisora de radio a someterse durante una hora a preguntas abiertas del público en directo. De eso hace ya 10 años. Y no fue idea suya, sino que se lo recomendó Mike Bloomberg, que lo empezó a hacer como alcalde de Nueva York incluso antes. Vale que todavía nuestros políticos no lo hagan cada semana, ¡pero qué menos que hacerlo durante las elecciones!.

Organizar debates con preguntas directas del público y un debate específico con los jóvenes debería ser la prioridad de todos los medios

Los debates en estas elecciones deberían ser cara a cara con el público con preguntas abiertas. Y además los candidatos deberían hacer un debate específico con los jóvenes. Es la única manera de conseguir que dejen de escaquearse a la hora de buscar soluciones a los verdaderos problemas del país. ¿Qué le contestarían los líderes a un joven que quiere saber qué medidas específicas proponen para que España deje de ser el país europeo con mayor paro juvenil? ¿O para que deje de ser el país europeo con mayor abandono escolar? ¿O para que el rendimiento de los estudiantes españoles en ciencias y matemáticas deje de estar por debajo de la media europea? ¿O para conseguir cambiar el que el 36% de los jóvenes trabajen en puestos que están por debajo de su nivel de cualificación? ¿O para que el salario neto anual de los jóvenes españoles deje de ser 13,2% menos que la media europea? ¿Tienen los candidatos respuestas convincentes para solucionar esos problemas? Y si no las tienen, ¿se van a atrever a mirar a esos jóvenes y ciudadanos a la cara?

Importa mucho más el formato de los debates que la cantidad de los debates. Organizar debates con preguntas directas del público y un debate específico con los jóvenes debería ser la prioridad de todos los medios de comunicación.

Los debates electorales entre candidatos y con preguntas cerradas de periodistas son ya cosas anticuadas, de antes del internet. Los políticos tienen que debatir cara a cara con el público, simplemente con un moderador, como se está haciendo desde hace ya tiempo en muchos otros países.

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