Dice Sandra Barneda que "eso de las izquierdas y las derechas es arcaico". "Un pensamiento de los tiempos de los movimientos obreros que solo sirve para marcar distancias, no algo propio de las sociedades digitales del siglo XXI".
Gracias Sandra, que ya era hora de que alguien lo dijera. Todo el mundo sabe que eso es así desde hace ya un montón de años. Pero atreverse a decirlo en España, donde cualquier comentario que no cuadre con los intereses de los unos y los otros pasa factura, requiere estar muy seguro de la valía profesional de uno mismo para que no te importen las repercusiones. ¡Brava!
La difuminación de las líneas entre la derecha y la izquierda es algo global, porque hay cosas que antes eran ideológicas y que ahora ya defiende todo hijo de vecino: hasta la extrema derecha estadounidense acepta un cierto estado de bienestar; y hasta el partido comunista chino cree en un cierto capitalismo. Pero es que además, la inmigración ha hecho que las líneas se tuerzan: la derecha se opone a la inmigración aunque beneficia a los empresarios; y la izquierda abre la puerta a la inmigración, aunque a quien más perjudica es a los obreros.
En España las líneas ideológicas siguen en boga en parte por una circunstancia coyuntural: tener a la extrema izquierda en el Ministerio de Trabajo. Como Sumar tiene que diferenciarse del PSOE (al que se le ha caído la O del nombre porque los obreros ahora votan a VOX), se han abonado a la narrativa dickensiana de que el empresario es un ‘explotador’ por naturaleza. Ello ha llevado a políticas ‘arcaicas’ como el que todos los españoles tengan que fichar, como se hacía antes, para que los empresarios ‘no les exploten’ (por cierto: ¿‘fichan’ también en su trabajo los diputados y senadores?). O que los jóvenes puedan hacer muchas menos prácticas que en otros países - con la consiguiente pérdida en empleabilidad global- porque para Yolanda Díaz las prácticas no son una forma de aprender, sino una forma de ‘explotación’.
Aunque de manera menos histriónica que Díaz, Sánchez y Feijóo también siguen erre que erre en las narrativas tradicionales de izquierda y derecha: inversión en servicios públicos para conseguir más igualdad en el caso de Sánchez; y en el de Feijóo, estímulo a la economía con bajadas de impuestos. En ambos casos son narrativas vacías: Sánchez sabe muy bien que la inversión pública es nula desde hace ya varios años porque no tenemos margen presupuestario (que es por lo que los servicios públicos se están deshilachando). Y Feijóo es consciente de que con el profundo agujero de las pensiones, el margen para bajar impuestos es mínimo (a las pruebas de Rajoy me remito).
Ambos partidos tienen además un récord nefasto en sus objetivos ideológicos tradicionales: tras 24 años de gobierno del PSOE, España es uno de los países con mayor desigualdad de toda Europa (compartimos el podio de riesgo de pobreza y exclusión social con Grecia, Rumanía y Bulgaria). Y la productividad española lleva estancada desde mediados de los 90, que es justo cuando el PP empezó sus 14 años de gobierno.
Si Sánchez y Feijóo mantienen las líneas tradicionales de izquierda y derecha en su narrativa de forma tan forzada y falsa- y si sus polarizantes cámaras de eco las repiten con tanto ruido - no es porque el PSOE y el PP defiendan cosas distintas. Es precisamente para tapar que ambos defienden lo mismo: el status quo, el no poner límites al muchísimo poder que tienen los partidos políticos en nuestro país, un sistema económico basado en sueldos de carnet para los suyos y rentas bajas para los demás, el no hacer reformas y el que nunca cambie nada para poder seguir extrayendo beneficios para sus partidos.
La línea más nítida que hay en España no es la que separa a los de izquierdas y de derechas. Es la línea que les separa a todos ellos de la ciudadanía.
Dice Sandra Barneda que "eso de las izquierdas y las derechas es arcaico". "Un pensamiento de los tiempos de los movimientos obreros que solo sirve para marcar distancias, no algo propio de las sociedades digitales del siglo XXI".