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Miriam González

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Mirar a los problemas de frente

Como dice Mark Carney, quizás ha llegado ya el momento de quitar el cartel del escaparate

Foto:  Mark Carney. (Reuters/Mathieu Belanger)
Mark Carney. (Reuters/Mathieu Belanger)
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El discurso del Primer Ministro Canadiense Mark Carney en Davos pasará a la historia como ‘El Momento’ en el que las naciones con democracias liberales aceptaron definitivamente que la Pax Americana se ha acabado y que estamos en una nueva era.

Aunque a Carney le están lloviendo los aplausos, hay una persona que seguro que le está haciendo vudú en secreto: el Presidente del Gobierno. Pedro Sánchez había preparado con esmero toda una estrategia mediática internacional -con entrevistas y hasta podcasts- para presentarse en el Foro de Davos como el líder de la resistencia europea ante Trump. No da puntada sin hilo: buscaba posicionarse de cara a los puestos europeos del 29 (con suerte del 27 si Von der Leyen hace una carambola). Y en el terreno doméstico, poner todavía más a la defensiva a Feijóo, que por limitaciones propias y también políticas (todas sus opciones de gobierno pasan por un partido, Vox, que inexplicablemente sigue apoyando a Trump) no puede jugar en ese terreno. La terrible tragedia del accidente ferroviario en Adamuz obligó a Sánchez a cancelar su asistencia a Davos. Y ahora, tras el discursazo de Carney, el puesto de ‘Asterix de Trump’ está ya ocupado.

La narrativa anti-Trump de Sánchez es forzada: un presidente que no respeta el estado de derecho en casa no tiene legitimidad alguna para denunciar las violaciones del estado de derecho fuera. La narrativa de Carney, por el contrario, es auténtica: a Mark se le podrán achacar errores, porque gobernar es difícil, pero nadie puede cuestionarle que respeta escrupulosamente los principios democráticos. Siempre-antepondrá los intereses de su país a los suyos propios, porque está en política por vocación y no por necesidad, que a este hombre se lo rifaban cuando no era Primer Ministro. Hasta llegó a ser Gobernador del Banco de Inglaterra sin ser ni siquiera británico.

La parte más emotiva del discurso de Carney es aquella en la que se refiere a una historia de uno de los grandes del estado de derecho, Vaclav Havel: en la época del comunismo cada mañana un tendero colgaba en el escaparate de su tienda un cartel que decía ‘proletarios del mundo, uníos’. Lo hacía solo para evitar problemas y lo mismo hacían el resto de los tenderos. Así la mentira del sistema comunista persistía, apuntalada por la participación en la mentira de personas normales y corrientes, aunque en privado todos sabían que era falso. Havel lo llamaba ‘vivir dentro de la mentira’.

Foto: retrasos-trumpismo-espanol Opinión
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Mark Carney utilizó esa historia en Davos para argumentar que hay que dejar de vivir en el autoengaño y aceptar que el orden internacional basado en reglas simplemente ya no existe, por lo que hay que adaptarse y no vivir de la nostalgia. Pero su argumentación sirve no solo en política internacional, sino también en política doméstica.

Cada mañana, muchos españoles siguen colgando el cartel en el escaparate de que somos el mejor país del mundo y que como aquí no se vive en ninguna parte. Pero saben en privado que hay muchísimos españoles que malviven, que la clase media está agotada, que los servicios públicos se están deshilachando, que la desigualdad es de las peores de Europa y que tenemos a toda una generación sin poder hacer un plan de vida.

Foto: canada-mark-carney-trump-china-1hms

En algún momento habrá que empezar a reflexionar sobre por qué en un país cuyos médicos y enfermeros triunfan en el extranjero, se han normalizado las listas de espera y la saturación hospitalaria. Por qué en un país cuyas empresas e ingenieros son referentes mundiales, nos fallan los transportes y las infraestructuras. Por qué en un país donde hay profesores que reciben reconocimientos a nivel mundial, no encontramos la manera de subir los niveles educativos. Por qué en un país cuyas empresas y profesionales son número uno en desarrollo urbano, no logramos solucionar el problema de la vivienda. Por qué en un país que exporta tecnología en gestión de agua, nos falla la gestión hidráulica. Por qué en un país con algunas de las mejores escuelas de negocios del mundo, nuestras universidades públicas no destacan. Por qué en un país que tiene varias de las mejores empresas energéticas de Europa, seguimos sin una estrategia energética estable y a largo plazo. Por qué en un país con juristas reconocidos hasta fuera de nuestras fronteras, la justicia es tan lenta y genera tanta desconfianza. Y por qué en un país que exporta talento artístico, literario y audiovisual, nuestra apuesta cultural pública es mínima.

Quizás haya llegado ya el momento de quitar el cartel del escaparate. De dejar de vivir en la España que fue. De dedicar nuestros esfuerzos no a fingir, sino a actuar. De mirar de frente a los problemas para construir algo mejor y más justo. No sobre mentiras, sino sobre el realismo. Y no sobre falsas nostalgias, sino sobre la fuerza que tenemos cuando actuamos juntos.

El discurso del Primer Ministro Canadiense Mark Carney en Davos pasará a la historia como ‘El Momento’ en el que las naciones con democracias liberales aceptaron definitivamente que la Pax Americana se ha acabado y que estamos en una nueva era.

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