Al PSOE, PP y Vox les une el interés por dejar intactas las reglas del juego
El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo (i), y el presidente de Aragón y candidato a la reelección, Jorge Azcón (d), durante la clausura de un mitin en Teruel. (Europa Press/Javier Escriche)
Los resultados electorales en Aragón y Extremadura han tirado por tierra la teoría de analistas políticos y editores hace seis meses de que no había peligro de que Vox entrara en el Gobierno porque el PP tenía por fin una estrategia para gobernar en solitario. Las estrategias políticas casi nunca sobreviven al primer contacto con la realidad. Y encima quedan las elecciones de Castilla y León, en las que el sopapo va a ser tremendo.
Hay dos tendencias de voto indiscutibles: primero, Vox crece de forma exponencial; y segundo, el partido más votado de España es el de la abstención. Ambas tienen en común el hartazgo: Vox tiene mucho voto prestado de gente que está harta de casi todos los políticos; y la abstención recoge a mucha gente que está harta de votar con la nariz tapada.
Ni el PSOE, ni el PP - ni por supuesto los partidos tradicionales nacionalistas e independentistas- pueden romper esas tendencias por la sencilla razón de que ellos son la causa de ese hartazgo: han montado un sistema a su medida en el que los partidos políticos y sus redes clientelares hacen lo que les da la gana, con casi total impunidad, para llevarse una proporción desorbitada de los recursos del país. Si ni Gobierno ni comunidades autónomas nos están preparando para el mundo que se nos viene encima en los próximos 15 años, es porque en la mente de casi todos esos políticos hay una preocupación que supera a todas las demás: la de que nada, absolutamente nada, del sistema que les mantiene a ellos y a los suyos cambie. Virgencita, virgencita.
Uno de los momentos más esperpénticos pero esclarecedores de las elecciones de Aragón lo protagonizaron Azcón y Feijóo en un acto electoral en Teruel. Azcón subrayó, con razón, la enorme degradación del Gobierno. Puso como ejemplo el terrible episodio en el que la candidata y ministra Alegríaestaba en el parador de Teruel cuando el entonces ministro y secretario general de Organización del PSOE Ábalos estaba allí celebrando una fiesta ‘con mujeres’ mientras el Gobierno había confinado al resto de España por el covid. Solo para recapitular, Ábalos tenía de asesor a un portero de un club de alterne, dio contratos a dedo a sus queridas manipulando procedimientos administrativos sin que nadie dijese ni mu, abrió las puertas del ministerio a un comisionista, está siendo investigado por corrupción en la contratación pública y quizás hasta internacional por el episodio de Delcy Rodríguez, puede que haya estado inmiscuido en un caso de financiación ilegal del partido, y encima se ha beneficiado de un aforamiento con el que ahora juega procesalmente.
Tras criticar lo ocurrido en el parador con dureza, Azcón le hizo una petición pública a Feijóo: no le pidió endurecer masivamente las penas de corrupción, o suspender la financiación de los partidos cuando sus cargos están siendo investigados por corrupción, o tipificar el delito de enchufismo, o eliminar lo de los cargos de carnet, o pedir que en todas las decisiones de gobierno estén presentes funcionarios para que se cierre la puerta a comisionistas, o instaurar un sistema automático para eliminar la corrupción en las adjudicaciones de los contratos públicos, o cortar drásticamente los asesores, o eliminar todos los aforamientos. No.
Lo que le pidió Azcón a Feijóo fue…ta-chán… ¡¡reformar íntegramente el parador de Teruel!!. Tócate los pies.
Al líder del PP le pareció bueni-sí-sima idea y, orgulloso de su candidato, en cuanto tuvo la palabra, prometió, en pleno subidón, cambiar hasta los muebles y las camas. Así está el patio. Reformarán el parador, pero dejarán intacto el sistema político.
Esa necesidad de mantener intacto el sistema que les da de comer explica mucho de la reacción del PP y el PSOE ante Vox. Si ambos aborrecen tanto la ideología de Vox ¿por qué está tan cómodo el PSOE alimentando a Vox y por qué está tan tranquilo el PP ante la perspectiva de un gobierno con ellos? Pues porque en lo que de verdad les importa, que es el sistema, Vox es un partido con piel de lobo pero alma de cordero. ¿Le han visto a Abascal hacer la entrada de Vox en los gobiernos autonómicos – o su apoyo desde fuera - condicional a que se eliminen primero aforamientos, se refuercen los organismos de control contra la corrupción, se cierren los agujeros en la contratación pública, se acabe con la práctica corrupta de cargos de carnet, se corten los asesores o se prohíba el enchufismo? De hecho, en Valencia ayudaron a disminuir los recursos y alcance de la Agencia Antifraude. Y en Castilla y León aumentaron en 20% el presupuesto de cargos de confianza y asesores. Mucha confrontación ideológica superficial, pero en lo mollar, que son las reglas de juego, Vox es uno más de ‘La Familia’.
Los resultados electorales en Aragón y Extremadura han tirado por tierra la teoría de analistas políticos y editores hace seis meses de que no había peligro de que Vox entrara en el Gobierno porque el PP tenía por fin una estrategia para gobernar en solitario. Las estrategias políticas casi nunca sobreviven al primer contacto con la realidad. Y encima quedan las elecciones de Castilla y León, en las que el sopapo va a ser tremendo.