Tardía presentación de Carme Chacón

El diputado independiente en el Congreso por el PSC-PSOE escribió este texto que no llegó a utilizar en el año 2015 para presentar a la política fallecida el pasado domingo

Foto: Carme Chacón. (EFE)
Carme Chacón. (EFE)
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El presente texto debía haber sido mi presentación a Carme Chacón en un desayuno organizado por el Forum de Economía en Barcelona el 26 de noviembre de 2015. Una inoportuna indisposición me impidió llevarla a cabo. Ya que no pude decir entonces lo que pensaba de ella y de su trayectoria, aprovecho la hospitalidad que me brinda El Confidencial para hacerlo ahora, como un tardío homenaje. No he alterado en absoluto el texto original.

Reúne Carme Chacón una triple condición, la de mujer, federalista y de izquierdas, que hace que sienta hacia su figura una inequívoca simpatia política. Cuando me invitó a que la presentara hoy en este foro, acepté sin dudar. Es más, me sentí muy honrado, y así se lo manifesté. No acepté, deseo aclararlo, en mi condición de filosofo (no me cuesta imaginarme la guasa de algunos colegas bromeando acerca de la extravagancia de un filósofo presentando a una antigua ministra de Defensa), ni siquiera como Presidente de Federalistes d´Esquerres (aunque hubiera sido del todo coherente que lo hubiera hecho porque Carme es plenamente ambas cosas, federalista y de izquierdas, y no cesa de repetirlo), sino que preferí colocarme, al menos para empezar mi presentación, en el lugar de un ciudadano, comprometido y preocupado con lo que está sucediendo en este momento en nuestra sociedad, un ciudadano que considera importante la reivindicación no solo de los valores últimos que defiende Carme Chacón sino, tal vez sobre todo, de la manera de entender la política que encarna.

[Carme Chacón, en 10 frases]

¿Cúal es esa manera? Una manera muy clásica, en el mejor sentido de la expresión "clásico". Intento explicarme. En tiempos, como los actuales, de enorme volatilidad política ella encarna una lealtad hacia las propias ideas extremadamente necesaria. En cierto sentido, puede alardear de que siempre ha defendido lo mismo, si ese “lo mismo” hace referencia a una idea de la sociedad tutelada por lo que un amigo de muchos de los presentes, Josep Borrell, ha denominado "pasión por la igualdad". Por eso calificaba yo su lealtad como necesaria: con Carme, los ciudadanos saben a qué atenerse en el terreno de los principios.

Pero saben a qué atenerse no solo en la esfera de lo más abstracto, sino también en la de las cuestiones más concretas, incluidas las urgentes, como, por ejemplo, la de la forma en la que debe redefinirse el modelo territorial en nuestro país, cuestiones en las que nunca se ha escondido ni pronunciado con ambigüedad. Más bien al contrario. En esto, como en tantas otras cosas, ha mostrado una firme determinación, sin ocultarse ni evadirse.

Ahora, cuando ya se han cumplido cuatro años desde las últimas elecciones generales, tal vez sea un buen momento para destacar que, a diferencia de otros (y otras), no se ha escondido ni tras la legislación vigente para no hacer política ni tras las pantallas de plasma para no dar la cara. Pero, por otro lado, tampoco se ha escabullido mediante el recurso a "lo que diga la gente" para dejar de manifestar lo que ella piensa, aquello en lo que cree.

Podría subrayar el arrojo que ha demostrado Carme Chacón en diversos momentos del pasado y en diferentes circunstancias

Podría subrayar la dimensión personal de tales actitudes y elogiar la firmeza, incluso el arrojo que ha demostrado Carme Chacón en diversos momentos del pasado y en diferentes circunstancias. Pero creo que aquí importa más destacar la dimensión política de esta manera de conducirse. Y es que, tras tantos años reivindicando la necesidad de la política, ahora, cuando más se la necesita, demasiados políticos no se atreven a comparecer en el espacio público ejerciendo de tales, y eluden con variados procedimientos tanto hablar claro como asumir sus responsabilidades (¿hay mejor ejemplo que ese candidato desaparecido en la pasada campaña electoral y convertido a continuación por algunos en el quién innegociable, en el gran "capital político" del procés?). Pero no cabe ser indulgente con esas actitudes porque terminan por dañar a la democracia misma. Nuestra democracia es representativa, participativa y, no se olvide, deliberativa. Y se delibera en el espacio público. O en los espacios públicos, si se prefiere. Se delibera en las plazas, en los barrios, en los centros cívicos, pero también en los medios de comunicación y, por supuesto, en el Parlamento. Pero, se haga donde se haga, optemos por el procedimiento que optemos, deleguemos o no deleguemos, a una deliberación hay que acudir con una propuesta. Porque si no, ¿sobre qué demonios se delibera?

Señalaba al principio que vivimos en tiempos de volatilidad, pero tal vez, precisamente por eso, la ciudadanía parece haber empezado a mostrar que penaliza las ambigüedades, los volantazos permanentes, las indefiniciones, los famosos cambios de pantalla de ida y vuelta, casi tanto como los liderazgos hiperpersonalistas (el culto a la personalidad de Mao del que se hablaba en nuestra juventud era un juego de niños comparado con algunas de las cosas que vemos desde hace un tiempo a nuestro alrededor). De ser cierta la hipótesis, debería alegrarnos. El hecho de que los ciudadanos hubieran iniciado la reacción ante el barullo permanente, la agitación sin fin, la manipulación extenuante, reclamando de las fuerzas políticas posiciones claras y definidas sería un saludable indicador colectivo.

Algo muy grave, muy severo, se encuentra en este momento en juego en Cataluña. Carme Chacón lo percibió con claridad desde el primer momento, y eso dudo que haya nadie que hoy se atreva a discutirlo. Cuando en alguna ocasión resumió su preocupación por lo que estaba pasando entre nosotros manifestando que no quería que el día de mañana su hijo tuviera que elegir entre ser una cosa o ser otra (ser catalán o ser español) estaba apuntando al corazón del asunto (y, por cierto, nunca mejor dicho lo del corazón). Por eso, bien podría decirse que a la pasión por la libertad antes mencionada, Carme Chacón une la pasión por la concordia. Tal vez, en el fondo, estas últimas palabras mías no sean otra cosa que una manera, un poco adornada, de decir que es federalista y de izquierdas. Cosa que me congratula, claro.

Filósofo de Guardia

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