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El plan Feijóo, la manta corta y la búsqueda de la ilusión
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Juan Fernández-Miranda

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El plan Feijóo, la manta corta y la búsqueda de la ilusión

El PP busca fijar la idea de que puede pactar a la vez con el PSOE y con Vox y consolidar la alternativa sobre una mayor influencia en Europa, la aprobación de los presupuestos regionales y un congreso nacional para relanzar el partido en 2026

Foto: Alberto Núñez Feijóo. (Europa Press)
Alberto Núñez Feijóo. (Europa Press)
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El PP tiene dos condicionantes fijos: la teoría universal de la manta corta y la personalidad inmutable de Feijóo. En la tensión entre ambos se configura la estrategia de un partido llamado a gobernar, pero que compite con el maestro en el manejo de los condicionantes variables: Pedro Sánchez y su "hay que hacer de necesidad virtud".

La teoría de la manta corta establece que cuando uno se cubre la cabeza, se le destapan los pies y a la inversa. El PP de Feijóo trata de tejer una manta larga para revertir esta teoría ensanchando su base electoral, ocupando espacios del votante tradicional socialista sin permitir el crecimiento de Vox. El planteamiento ofrece un escenario diabólico, pero parte de una convicción: Feijóo se equivoca cuando deja de ser Feijóo, y además no está dispuesto a dejar de serlo.

Por eso, cuando los más exaltados reprochan al PP falta de contundencia, Feijóo no se siente interpelado. Él parte de la convicción de que debe ocuparse de captar al votante moderado, aún riesgo de que el ciudadano que dejó de votar al PP para irse a Vox lo acuse de ser socialdemócrata. Otros son los que deben ejercer esa función y ahí adquieren relevancia el batallón de dirigentes del PP que dicen lo que él no puede decir: Miguel Tellado, Cayetana Álvarez de Toledo, Esther Muñoz, Alejandro Fernández. Todos ellos son distintos, pero cubren flancos a los que Feijóo ni llega ni quiere llegar. Todos ellos marcan de cerca al Gobierno, que alejado de todo complejo, tiene un ejército perfectamente engrasado para disputar todos los balones: Bolaños, Montero, Puente y los López actúan como un solo hombre a la orden del presidente.

La estrategia del PP busca combinar tres planos: Europa, donde gobiernan con los Socialistas; España, donde está dispuesto a llegar a acuerdos con el PSOE, como el decreto antiaranceles, sin dejar de exigir la dimisión del presidente Sánchez; y autonómico, donde pronto se empezarán a cerrar los Presupuestos con Vox. "Los pactos con el PSOE en el Congreso o con Vox en autonomías no se pueden analizar de forma aislada, somos el partido de la centralidad", explican fuentes populares desvelando el mensaje que quieren transmitir.

Foto: pp-acelerar-presupuestos-vox-estrategia-contra-sanchez

El primer plano es Europa. El nombramiento de Dolors Montserrat como secretaria general del PP Europeo es importante porque supone ocupar el segundo puesto de la primera fuerza del Parlamento, un cargo que históricamente y durante dos décadas ocupó el español Antonio López Istúriz. Desde allí, en Génova aspiran a constituir un eje germano-español como el que en su momento representaron Angela Merkel y Mariano Rajoy. No en vano, desde comienzos de este curso, Feijóo ha cultivado las relaciones con el canciller alemán Friedrich Merz, a quien visitó en septiembre y también en enero, antes de su victoria electoral. Feijóo quiere sacar rédito a los datos: lidera la formación del PP Europeo, que cuenta con mayor porcentaje de voto en generales (33%) y en europeas (34,2%) y es el segundo en eurodiputados (22). Necesita construir la imagen de hombre de Estado después de que Europa no se entendiera la insistencia del PP español de llevar el debate nacional de la DANA al examen de Teresa Ribera como vicepresidenta de la Comisión Europea.

Precisamente, el giro de Ribera al respecto de la energía nuclear, de la que era furibunda opositora en España y ahora es firme partidaria en Europa, permite visualizar muy bien la estrategia del PP: como adelantó El Confidencial, para aprobar el decreto antiaranceles del Gobierno el PP pone como condición el aplazamiento del cierre de las centrales nucleares, empezando por Almaraz (Extremadura), y siguiendo por las dos plantas catalanas (Ascó y Vandellós), lo que además será útil para enviar un mensaje a la industria y al votante catalanes. A pesar de las pésimas relaciones con el Gobierno, el PP quiere mostrar que tiene capacidad de pactar con Sánchez siempre y cuando atienda a sus reivindicaciones. La energía nuclear como síntoma.

Foto: pp-abona-esperanza-entorno-feijoo-sanchez-cada-vez-mas-solo

Los pactos con Vox, cerca

Cuando ya se ha cumplido un mes desde que Carlos Mazón cerró con Vox un preacuerdo para aprobar los presupuestos autonómicos valencianos, en Génova son optimistas con el resto de comunidades autónomas (Murcia, Aragón, Extremadura y Baleares), si bien quien lo tiene más avanzado es Fernando López Miras. "Un día va bien, otro día va mal", explica un barón regional: "son una montaña rusa; la única verdad es que Murcia va por delante". Donde no hace falta cuentas públicas es en Castilla y León, plaza en la que Alfonso Fernández Mañueco aprobó presupuestos en abril del 2024 y elecciones en un máximo de diez meses. "Vox ni siquiera quiere sentarse con nosotros", explican desde la Junta, recordando la abrupta dimisión del líder autonómico de Vox, Juan García Gallardo.

En Génova mantienen que el congreso nacional se celebrará en 2026. "En la fecha que corresponde, no hay ninguna decisión que apunte a lo contrario", subrayan. No obstante, como ha explicado El Confidencial en las filas populares gana fuerza la idea de que es necesario introducir cambios en la dirección antes del verano porque "hace falta un revulsivo". Y algo más: aunque el Gobierno insiste por activa y por pasiva en que agotará la legislatura, Pedro Sánchez ya ha hecho los deberes y ha celebrado todos los congresos, federal y regionales. Por lo que pueda pasar.

En política hay dos grandes movilizadores de voto: el castigo al que está gobernando y la ilusión. El rechazo al Gobierno parece consolidado en las encuestas, aunque sea más por el hundimiento de Sumar que por la bajada de un PSOE que sabe atraer a los desencantados a su izquierda. La pregunta es: con todos estos argumentos, ¿ilusiona este PP?

El PP tiene dos condicionantes fijos: la teoría universal de la manta corta y la personalidad inmutable de Feijóo. En la tensión entre ambos se configura la estrategia de un partido llamado a gobernar, pero que compite con el maestro en el manejo de los condicionantes variables: Pedro Sánchez y su "hay que hacer de necesidad virtud".

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