El último error de Sánchez: los socios se frotan las manos
El presidente sabe que Cerdán, Ábalos y Koldo son su equipo fundacional y él es el cuarto pasajero del Peugeot. No es creíble que no supiera nada. Los mensajes de su rueda de prensa irán caducando uno a uno a medida que avance la investigación
Sánchez, compungido, pide "perdón" tras el informe de UCO sobre Cerdán. (EP)
La comparecencia del jueves fue un error y caducará pronto. Es un atrincheramiento fallido que sólo persigue un objetivo: seguir en el machito. Fue un intento burdo y precipitado del presidente por tratar de abrir un cortafuegos entre el Partido Socialista y el Gobierno, entre Santos Cerdán y él mismo, y frente a una cruda realidad que le acompañará siempre: cuando en 2017 fue expulsado de su propio partido, los que le recogieron fueron Ábalos, Koldo y Santos Cerdán. Ése es su equipo fundacional.
Ellos lo metieron en un coche y lo reconstruyeron. ¿A cambio de qué, señor Sánchez? Y la pregunta del millón: ¿de verdad usted no sabía nada sobre la forma de ser y de actuar de Cerdán hasta que se publicó el informe de la UCO? No es creíble. En los partidos todos se conocen, y por eso en las filas socialistas lo que ha sorprendido no es que le pillen, sino la espectacular dimensión de la trama de los tres del Peugeot. Y otra pregunta: ¿actuaron siempre a espaldas del cuarto pasajero?
Hablemos de responsabilidad política: ¿no fue Sánchez quien nombró a Ábalos en junio de 2018 secretario de Organización del PSOE y un año después le entregó el Ministerio de Fomento? ¿No es una frivolidad permitir que se compatibilicen ambos cargos, como han demostrado los hechos? ¿Cómo es posible que la persona que maneja el mayor presupuesto del Gobierno y que se dedica a autorizar obras, obrones y obritas por toda España sea a la vez el jefe de todos los jefecillos locales de su partido? ¿No es eso una irresponsabilidad habida cuenta de la moral de sus colegas fundacionales?
¿No fue Sánchez quien lo sustituyó en el partido por Santos Cerdán en julio de 2021, dando continuidad a la trama? ¿No fue Sánchez quien a pesar de todo permitió a Ábalos, dos años después, presentarse a las elecciones de julio del 23? ¿No fue Sánchez quien ratificó a Cerdán hace ahora siete meses, en el congreso de Sevilla de diciembre del 24, cuando ya había ruido en torno a su figura y todos en su partido pensaban que sería destituido? En ese momento Ábalos y Koldo ya eran apestados en el sanchismo, ¿pero Santos no? ¿No sospechó nada el cuarto pasajero? ¿Nada de nada?
La comparecencia de Pedro Sánchez fue un error de los pies a la cabeza, un intento de atrincheramiento, la profundización en el búnker en el que cada vez está más solo. El goteo de noticias sobre la trama no va a parar, como se demostró ayer con la publicación de los audios, porque no es lo mismo leer que escuchar. Y con la decisión de Santos Cerdán de personarse en la causa y dilatar la entrega del acta. Judicialmente, tiene todo el sentido, pero políticamente supone convertirse en un nuevo problema para Sánchez. Y así sin parar, porque el informe de la UCO deja innumerables cabos sueltos que habrá que ir enhebrando.
Hubo un tiempo en que Sánchez fue un experto en comunicación política, Iván Redondo mediante. Pero eso ya pasó y ahora se le ve demasiado el plumero, lo que contribuye a incrementar su debilidad. Primero, por el escenario elegido: Ferraz, lejos de La Moncloa, en un intento de perimetrar el escándalo al partido y dejar al margen al Ejecutivo. ¿Alguien cree que esto no afecta al Gobierno, cuando Koldo se paseaba por el ministerio con sobres con dinero en metálico y en el informe de la UCO aparecen señalados distintos departamentos, direcciones generales y empresas públicas? ¿Y la sucesión de ministros (y de Zapatero) poniendo la mano en el fuego por Santos? ¿Por qué Sánchez no sólo lo protegió sino que dio orden a sus ministros de protegerle? Así fue como los incriminó.
No es el caso Cerdán, es el caso Sánchez. El presidente alcanza la cota máxima de debilidad, tratando de negociar de nuevo una especie de "investidura": esto es una vuelta a octubre de 2023. Vivimos atrapados en el tiempo y los socios se frotan las manos: le va a sacar los ojos. Pero, ¿quién nos devuelve estos veinte meses perdidos en los que Sánchez ha cedido mucho y gobernado poco?
En los partidos todos se conocen, por eso hay cosas que vamos sabiendo que no sorprenden a lo suyos. Precisamente, a Pedro Sánchez lo expulsaron de su partido, porque su ambición por llegar al poder estaba por encima de los principios fundacionales del partido. Eso se entendió en el comité federal del 28 de diciembre de 2015, cuando a pesar de haber cosechado el peor resultado del PSOE desde la Transición (85 escaños) no hizo ascos a pactar con independentistas y Bildu. Por eso le echaron, porque lo conocían. Y el tiempo les ha dado la razón, porque Dios los cría y ellos se juntan.
La comparecencia del jueves fue un error y caducará pronto. Es un atrincheramiento fallido que sólo persigue un objetivo: seguir en el machito. Fue un intento burdo y precipitado del presidente por tratar de abrir un cortafuegos entre el Partido Socialista y el Gobierno, entre Santos Cerdán y él mismo, y frente a una cruda realidad que le acompañará siempre: cuando en 2017 fue expulsado de su propio partido, los que le recogieron fueron Ábalos, Koldo y Santos Cerdán. Ése es su equipo fundacional.