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¿Te atacan por "moderadito"? Tranquilo, el miedo lo tienen ellos
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Juan Fernández-Miranda

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¿Te atacan por "moderadito"? Tranquilo, el miedo lo tienen ellos

Diego Garrocho publica un breve ensayo en el que sostiene que lo valiente es ser moderado. Lo escribe así: "Detrás de un radical lo que suele haber es una persona frágil que no está dispuesta a desafiar su propio punto de vista"

Foto: El magnate estadounidense Elon Musk muestra la motosierra que le regaló Javier Milei, el presidente argentino. (EFE/Will Oliver Pool)
El magnate estadounidense Elon Musk muestra la motosierra que le regaló Javier Milei, el presidente argentino. (EFE/Will Oliver Pool)
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En el siglo pasado hubo un tiempo que primero fue atroz y después plácido en el que las batallas ideológicas eran entre izquierdas y derechas. Luego, ya en el nuevo milenio, un populismo de izquierda radical vino a decirnos que no, que la auténtica batalla era arriba/abajo, ricos/pobres, élites/pueblo: los Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, Gustavo Petro, o el mismo Lula da Silva y el grupo de Puebla. En estricta aplicación de la ley del péndulo, lo siguiente fue la guerra cultural, y otro populismo, éste de derecha radical, ha decidido izar la bandera del choque frontal con el discrepante: es lo que tienen en común líderes políticos con contextos tan distintos como Donald Trump, Javier Milei o Santiago Abascal y sus patriots europeos.

En este momento ha irrumpido una nueva batalla que desde luego no es original pero sí protagonista: es la disputa entre radicales y moderados, entre los creyentes del entendimiento y los practicantes de la guerra cultural. Y esta batalla se disputa, sobre todo, en el ámbito de las derechas. ¿Te suenan los apelativos “derechita cobarde” y “veleta azul” con los que aquí en España los dirigentes de Vox se dirigieron durante años a sus colegas del Partido Popular?

No es sólo una cuestión de siglas, ese debate está en la sociedad española y no hay nada más imprevisible que un radical tratando de entender por qué alguien que se mueve en su mismo espectro ideológico no sucumbe de un modo irrefrenable a la defensa a ultranza de las convicciones. ¿No cree un radical de derechas que todo lo que está a su izquierda es, efectivamente, la izquierda o, dicho desde el desprecio, “un socialdemócrata”, un “maricomplejines” o un “blandito”?

Foto: asi-es-la-problematica-alianza-de-trump-con-la-extrema-derecha-europea

En este contexto llega a las librerías “Moderaditos” (Endebate, 2025), un breve ensayo en el que el filósofo Diego Garrocho (Madrid, 1984) sostiene y desarrolla que lo valiente en política es ser moderado y explica que el vínculo entre moderación y valentía no es nuevo. Aparece ya en los textos de Platón, del mismo modo que los grandes pensadores, de Arisóteles a Tomás de Aquino, han abordado la templanza, o que el lema inscrito en el frontispicio de Apolo en Delfos reza “Nada sin medida”.

Así, el autor explica que si bien el radical de izquierdas expulsa de la familia a quien “no cumple con la ortodoxia de la desmesura”, en la derecha radical, sin embargo, se va un paso más allá y la prudencia y la contención se desprestigian imputándoles una supuesta cobardía. “El prestigio de la moderación ha convivido siempre con las pulsiones radicales que han creído ver en la prudencia y en la contención un enemigo de la verdadera justicia”, subraya el autor en su ensayo.

Garrocho es profesor titular de Ética y Filosofía política en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y en los últimos años ha hecho una incursión relevante en los medios de comunicación. Primero en ABC, como jefe de Opinión, y ahora como columnista y colaborador en El País y en La Linterna de la Cadena Cope. Fruto de esa combinación a veces contradictoria de academia y redacción, y más allá de su carrera universitaria, surge un hombre de ideas que ha querido vadearse con el presente inmediato. A diferencia del mundo anglosajón, en la academia española no se conjuga bien el verbo divulgar, y eso es, además de incomprensible, un problema para acercar el conocimiento a la ciudadanía. Garrocho es una excepción: siempre desde la filosofía no sólo analiza la actualidad más candente en sus columnas escritas, sino que nos la brinda en las ondas en pequeñas dosis accesibles para todos.

"Detrás de un radical lo que suele haber es una persona frágil que no está dispuesta a desafiar su propio punto de vista"

El vuelo que propone el autor despega en la filosofía y aterriza en los medios de comunicación. La segunda parte de este ensayo de poco más de cien páginas se adentra en la realidad mediática para afirmar que una deliberación pública asentada sobre la colisión de ideas diferentes está llamada a contener a sus extremos. Porque sí, Garrocho entiende los extremos como un problema para la democracia liberal e, incluso, para la convivencia entre diferentes, y ahí es esencial el papel de los medios de comunicación como espacios para la discusión, lo cual no está en absoluto reñido con las líneas editoriales, más bien al contrario.

Sin embargo, en demasiados medios proliferan los radicales que presentan sus páginas cómo circo para los gladiadores y no como ágora para las ideas, que desprecian aquello de que la pluma es más fuerte que la espada. Tal vez porque no lo entienden, tal vez porque exige trabajo o tal vez por ambas cosas, pero en el mundo periodístico los matices anidan en el manejo y contraste de la información, no en el uso y abuso del adjetivo. Es por eso que la incorporación a los medios de comunicación de expertos de otras disciplinas, y muy en particular de filósofos cuando hablamos de las áreas de opinión, es una contribución impagable a enriquecer la conversación pública y es, además, una demostración de liberalismo y tolerancia.

“Creo que el objetivo más ambicioso para una cabecera periodística en el mundo contemporáneo no consiste en representar a una ideología y menos a un partido, sino convertirse en un verdadero terreno de juego y de debate donde las ideas puedan competir en libertad”, escribe el filósofo, que no sólo filosofa, sino que apunta y dispara: “Detrás de un radical lo que suele haber es una persona frágil que no está dispuesta a desafiar su propio punto de vista”. Así que si te atacan por moderadito, tranquilo: el miedo lo tienen ellos. Y léete el librito de Garrocho, que te regalará argumentos de fondo para frenar a los miuras del pensamiento único.

En el siglo pasado hubo un tiempo que primero fue atroz y después plácido en el que las batallas ideológicas eran entre izquierdas y derechas. Luego, ya en el nuevo milenio, un populismo de izquierda radical vino a decirnos que no, que la auténtica batalla era arriba/abajo, ricos/pobres, élites/pueblo: los Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, Gustavo Petro, o el mismo Lula da Silva y el grupo de Puebla. En estricta aplicación de la ley del péndulo, lo siguiente fue la guerra cultural, y otro populismo, éste de derecha radical, ha decidido izar la bandera del choque frontal con el discrepante: es lo que tienen en común líderes políticos con contextos tan distintos como Donald Trump, Javier Milei o Santiago Abascal y sus patriots europeos.

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