Contra la polarización (I). Por qué van directos a la desinformación y no lo saben
Vivimos en la era del pensamiento a la carta: si lees y escuchas sólo a quien reafirma tus ideas, enhorabuena, eres una persona desinformada. El problema es que la víctima no eres sólo tú, también la democracia
Protesta contra Trump por sus ataques a Harvard. (EFE)
¿Cómo te informas? ¿Te lo has planteado? ¿Escuchas y lees sólo a quien te da la razón, a quien confirma tus ideas, a quien pone voz o letra a tus pensamientos políticos? Cuando te encuentras con planteamientos que desmontan tus convicciones, ¿cambias de canal, de emisora o eliminas a ese articulista de tu listado de "favoritos"? Preguntado de otro modo, ¿estás dispuesto a admitir que el otro puede tener razón, aunque sea sólo un poquito? Si la respuesta a las primeras preguntas es "sí" y a la última es "no", enhorabuena: vas directo y sin frenos hacia la desinformación.
La buena noticia es que no estás solo, es una tendencia que se inició en el siglo XX, en la era dorada de la prensa, la radio y la televisión. La mala es que todo eso se acabó porque las redes sociales han multiplicado exponencialmente la dimensión del problema. El algoritmo lo sabe, y por eso en tus cuentas de X, Instagram o TikTok sólo te sirven lo que te gusta. Es el pensamiento a la carta, y es una dolencia grave con tendencia a hacerse crónica. La última pregunta es cómo tratarla, a qué especialista dirigirnos para no caer enfermo de ideología.
Cuando el siglo XXI ya ha recorrido su primer cuarto, la ciencia en alza es la psicología social, que trata de entender cómo las interacciones grupales y el contexto impactan en el individuo y en la sociedad: busca comprender los factores sociales que influyen en nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. En este escenario, cinco profesores han revolucionado lo que se llama la Teoría de las Actitudes y por ello en junio fueron reconocidos con el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Ciencias Sociales. Son Icek Ajzen, Dolores Albarracín, Mahzarin R. Banaji, Anthony G. Greenwald y Richard E. Petty.
El profesor Petty habla como un profesor, se explica como un profesor y viste como un profesor. Da la impresión de ser un intelectual sencillo y está dispuesto a explicar a este periódico y a sus lectores por qué está "muy preocupado" con el actual clima de polarización en las sociedades occidentales. Después de que la corrección política de los años noventa haya alcanzado su tóxica excelencia con ese homenaje a la censura y la autocensura que es la cancelación, ahora se añade un nuevo factor: no son buenos tiempos para la libertad de cátedra en Estados Unidos, donde la comunidad universitaria vive en una importante tensión con el poder Ejecutivo y en particular con el presidente, Donald Trump. Aun así, Petty no duda en alzar la voz, algo que otros se piensan un par de veces.
Este experto en actitudes humanas explica que lo novedoso de nuestro tiempo no es la polarización en sí misma, que haya dos puntos de vista muy distintos y enfrentados. "Siempre ha sido así, eso no es nuevo. Lo que es diferente es que la gente tiene más confianza en su punto de vista". Antes se concedía un margen a la duda, al acierto del discrepante. Ahora, sin embargo, no, y es una tendencia en aumento: "Cada vez más las personas tienen una mayor certeza y confianza en lo que piensan. Y con esa posición más firme nos encontramos con posiciones más extremas".
Respondemos a Petty que, ya en el siglo pasado, en la Teoría de la Comunicación que se enseña en las facultades de Periodismo se presentaban diversas teorías sobre cómo afectaban los medios de comunicación de masas al pensamiento individual de las personas. Una de esas teorías es la del refuerzo: aquel espectador analógico buscaba en los medios reafirmar sus opiniones. De modo que la siguiente pregunta al profesor Petty es obvia: ¿Por qué las personas se sienten más seguras de sus opiniones hoy? ¿A qué se debe esa seguridad en que uno está en lo cierto y el otro está completamente equivocado?
"El motivo fundamentalmente es que sólo reciben información desde un bando. Sólo se nutren de un lado de la historia y por lo tanto no son conscientes de lo que piensan los demás. Es más, lo que piensan los demás lo etiquetan como fake news. Ese es el problema y, en última instancia, eso es lo que hoy diferencia la situación actual de la época pasada". Es decir: cuando ahora consumes información, no solamente te reafirmas, es que niegas los argumentos del otro. En definitiva, niegas al otro. Y ahí está el problema que preocupa al profesor Petty: "Es algo irracional, es una locura, porque la gente en realidad no está pensando. Es un poquito como lo que ocurre en el deporte. Eres de Real Madrid a muerte, y los otros equipos son malos. Y eso también lo vemos en la política, y también en la religión, y es como si volviéramos a 1500".
El quién sobre el qué
Los estudios iniciales de Petty y sus colegas se centraron en la forma de influir en las personas y ahí hallaron el valor creciente de la figura del experto: "Si lo dice un experto, si lo dice alguien atractivo, pues me lo creo. Hace 20 años la gente se centraba más en el fondo y pensaba reflexivamente sobre la cuestión, mientras que hoy en día la gente se centra en quién dice qué".
Le contamos que antes de internet, en esas mismas facultades de Periodismo, a los periodistas se nos enseñaba una frase premonitoria de Umberto Eco: "El exceso de información genera desinformación". Y que si esa reflexión era lúcida entonces hoy habría que grabarla en los frontispicios de las empresas tecnológicas. "Hay tantísimas cosas ocurriendo… y las personas tienen menos capacidad de concentración y atención. Nadie se va a sentar a escuchar un discurso durante cinco minutos, les parece demasiado. La actitud en la que estamos es la de ‘ay, qué aburrimiento, paso a la siguiente noticia’. Necesitamos la información rápido, rápido, rápido. No tienes tiempo para madurarlo, para pensar en el fondo".
Evidentemente, todos estos riesgos se acrecientan en los jóvenes, esos que han nacido en un entorno digital y se (des)informan esencialmente en las redes sociales. "Uno de los grandes problemas de las nuevas generaciones es que están aislados. En sus redes están con gente que piensa como ellos, se retroalimentan, se reafirman en sus opiniones, mientras que en el pasado la gente cogía el periódico en papel o se sentaba a ver el telediario por la noche y la gente podía recibir distintos puntos de vista y pensar ‘si la mitad de la gente piensa esto y la otra mitad piensa esto otro, quizás el otro tiene razón’".
De modo que seas de origen analógico o digital, si formas parte de las sociedades occidentales y quieres ser un ciudadano informado debes huir de todas las actitudes que han detectado Petty y sus colegas. Partamos de la base de que para combatir la polarización hay que tener claro que en la base de las democracias está el contraste de ideas. Para ser un ciudadano libre hay que esforzarse y salir de la zona de confort, no queda otra.
Ojo: se puede ser feliz y tener una vida material y espiritualmente plena estando desinformado, pero quien adopte ese camino debe saber que lo es, porque en este contexto el adjetivo "desinformado" tiene un sinónimo: "manipulable". El problema no está en el día en que sólo lees o escuchas a quien confirma tus ideas; el problema llega un tiempo después, cuando consolidas esa actitud vaga y, sin ser consciente, has renunciado a tener ideas propias. Y eso, además de una oportunidad perdida como ciudadano individual, supone un riesgo para las democracias.
¿Cómo te informas? ¿Te lo has planteado? ¿Escuchas y lees sólo a quien te da la razón, a quien confirma tus ideas, a quien pone voz o letra a tus pensamientos políticos? Cuando te encuentras con planteamientos que desmontan tus convicciones, ¿cambias de canal, de emisora o eliminas a ese articulista de tu listado de "favoritos"? Preguntado de otro modo, ¿estás dispuesto a admitir que el otro puede tener razón, aunque sea sólo un poquito? Si la respuesta a las primeras preguntas es "sí" y a la última es "no", enhorabuena: vas directo y sin frenos hacia la desinformación.