Al presidente le persiguen dos fantasmas y ambos se manifestarán la semana que viene: la ingobernabilidad y la financiación del PSOE. Eso sí, el maestro de los golpes de efecto ya se ha puesto a desviar la atención
Pedro Sánchez, el jueves en Bruselas. (Reuters/Yves Herman)
Vaya semanita la que se avecina. Al presidente del Gobierno le crecen los enanos y en su cuartel general trabajan sin descanso para evitar daños graves en los dos asuntos que más desgastan al Ejecutivo: la corrupción y la ingobernabilidad. O más en concreto: el arrebato de Puigdemont y la financiación del PSOE. Son los dos fantasmas que le persiguen y ambos se van a manifestar con crudeza la semana que viene. El presidente es rápido, pero los escándalos corren más. Eso sí, que sus adversarios no se relajen: Pedro Sánchez es un maestro en los golpes de efecto.
La cita principal será el jueves en el Senado. Es sabido que una de las convicciones de Pedro Sánchez es que toda crisis es una oportunidad, y por eso está preparando con celo la cita, para darle la vuelta: atacando a la oposición, hablando de Gürtel pero no de los ERE ni de Filesa, lanzando consignas de campaña electoral. El PP también se prepara para la batalla sobre la idea de que Sánchez es más listo, pero no por una cuestión de capacidad intelectual, sino porque utiliza herramientas que Feijóo no es capaz de imaginar. En el PP dicen que Sánchez juega con ventaja porque no tiene principios, y tal vez sea verdad. Es más: lo ha demostrado, porque Sánchez juega al fútbol como los argentinos.
Más allá de las batallas dialécticas, la clave está en la financiación del PSOE. El pasado miércoles, Alberto Núñez Feijóo abandonó feliz el hemiciclo tras la sesión de control porque había logrado lo imposible: que el presidente le respondiera si conoció la financiación ilegal en el PSOE. "No", dijo Sánchez, y Feijóo pensó algo así: "Lo tengo, el presidente que avaló a Ábalos, que defendió a Santos Cerdán, ese 'gran socialista', puede haber incurrido en una mentira en sede parlamentaria".
Y el lector descreído del sanchismo pensará: "y qué más da, si Sánchez miente todo el rato y encima dice que son cambios de opinión". Y es verdad, pero Feijóo hace política como los clásicos, y de ahí no le vamos a sacar. Lo más es ocultar quién va a ser el portavoz que interpele a Sánchez, una estrategia inteligente que está fastidiando en La Moncloa. ¿Recuerdan cuando en la investidura de Feijóo la réplica del PSOE la dio Óscar Puente? Aquello sí que fue un golpe de efecto. ¿Tendrá algo parecido preparado el PP? ¿Será capaz siquiera de imaginar un modo de coger a Sánchez a contrapié? Esta semana, en la sesión de control, Míriam Nogueras lo consiguió, y Sánchez demostró que no va bien de reflejos.
El efecto Puigdemont
Y cuando el presidente está centrado en frenar las crecientes sospechas de financiación irregular en su partido, de repente, irrumpe Puigdemont para destapar el otro fantasma que persigue a Sánchez: la ingobernabilidad. La prueba de que el líder de Junts va en serio y está dispuesto a aprobar una moción de censura instrumental junto al PP y Vox es que Sánchez se ha puesto a trabajar: que si está encantado de reunirse con Puigdemont, que si ha convencido al canciller alemán para dialogar sobre la posibilidad de incorporar el catalán a las lenguas oficiales en Europa. Así que las preguntas vuelven a ser dos: ¿cuánto va a tardar Sánchez en presentarse en Waterloo? y ¿qué ha ofrecido Sánchez a Friedrich Merz a cambio de esa carta que no es más que un compromiso a dialogar?
Si Alemania quisiera reconocer la oficialidad del catalán la reconocería, no abriría una comisión de estudio. Pero todos sabemos que las dos intentonas del ministro Albares en mayo y julio fueron frenadas, principalmente, por Alemania y que el PP está jugando sus cartas con los 14 presidentes conservadores europeos. En cualquier caso, la noticia es suficiente para descolocar a Puigdemont a tres días de la reunión de su ejecutiva convocada para romper con el Gobierno. De nuevo, Sánchez demuestra que es un maestro en los golpes de efecto.
La política española está llegando a tales niveles de desafíos, duelos y retos que alguien va a salir escaldado. Puede ser Sánchez o puede ser Puigdemont. Pero que Feijóo no se relaje, porque la propuesta de Junts hay que saber gestionarla. Si se equivoca, ya sea por acción o por omisión, el escaldado puede ser el líder de la oposición. Así está el patio.
Vaya semanita la que se avecina. Al presidente del Gobierno le crecen los enanos y en su cuartel general trabajan sin descanso para evitar daños graves en los dos asuntos que más desgastan al Ejecutivo: la corrupción y la ingobernabilidad. O más en concreto: el arrebato de Puigdemont y la financiación del PSOE. Son los dos fantasmas que le persiguen y ambos se van a manifestar con crudeza la semana que viene. El presidente es rápido, pero los escándalos corren más. Eso sí, que sus adversarios no se relajen: Pedro Sánchez es un maestro en los golpes de efecto.