Soraya y Cospedal, un réquiem por el otro feminismo

Las dos se han ido por la puerta de atrás en vez de por la puerta grande. De golpe y porrazo han desaparecido dos mujeres poderosísimas en la vida política española

Foto: Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal durante la fiesta del Día de la Comunidad de Madrid. (EFE)
Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal durante la fiesta del Día de la Comunidad de Madrid. (EFE)

Dolores de Cospedal ha sido secretaria general del Partido Popular, ministra de Defensa, mano derecha de Mariano Rajoy y enemiga de Soraya Sáez de Santamaría, la otra todopoderosa villana del PP. Altiva, Guapa de Albacete ahora y siempre, la mejor portadora de mantilla en el Vaticano hasta la fecha. Mano de hierro en guante de hierro. Sonrisa forzada, madre soltera, dama manchega.

Soraya Sáenz de Santamaría, Grande y Pequeña de España, el flequillo más rebelde del hemiciclo, otra que lo tuvo y lo mandó todo. También su bolso. Hasta que el destino y las primarias la mandaron a paseo. Es la misma que pasó de cogerse la baja por maternidad porque una vicepresidencia es una cosa muy seria, y porque le dio la gana. La que quiso y no pudo. La que no sabe manejar un abanico pero sí una mesa de DJ.

Las dos se han ido por la puerta de atrás en vez de por la puerta grande. Y es una mala noticia para el feminismo. Porque de golpe y porrazo han desaparecido dos mujeres poderosísimas en la vida política española, las niñas asesinas, que las llama Jiménez Losantos. Porque en ambos casos han sido dos hombres los culpables de que se hayan esfumado: uno con grabaciones, el otro con votos.

Venga, Dolores, si en el fondo sólo te faltaba aparecer en el desfile del 12 de octubre subida encima de un tigre de Bengala emulando a Beyoncé

Vivíamos mejor cuando pensábamos que Doña María Dolores ni sentía ni padecía, y era un ser inmortal casi sin ser de este mundo. Ha tenido que venir José Villarejo a derribarnos el mito y mostrarnos que en el fondo es una más. Dolores haciendo de "girl-next-door". Acabáramos.

Pero las escuchas del ex comisario y una carta de despedida nos han vulgarizado a Cospedal. En qué momento recibió a Villarejo y encima acompañada por su marido. Como si fuera incapaz de torear sola ese morlaco. Y qué decir de cuando ella le ofrece café, o un poco de agua, con esa vocación de servicio que tenemos algunas y que tanto cuesta sacudirnos de encima. Ese requisito indispensable, el de recibir y agradar, que tanto nos han enseñado las revistas femeninas. Femeninas, ya.

Con ellas desaparece algo de diversidad en el feminismo, que permanece anclado y estereotipado en las mujeres de izquierda

En su adiós destila perdón y un “yo no he venido a este mundo a molestar” muy decepcionante. Tantas veces repitiendo lo de la vocación de servicio: a la política, a unos principios, a España. Tanta insistencia en recordar que en el fondo a lo que se dedicó es a escuchar y a trabajar con humildad. Venga, Dolores, si en el fondo sólo te faltaba aparecer en el desfile del 12 de octubre subida encima de un tigre de Bengala emulando a Beyoncé. Quién eres y qué has hecho con mi exministra.

En lo que a mi estatura respecta, confieso que las bajitas vivíamos mejor pensando que una de las nuestras, Soraya, estaba sentada a la mano derecha del padre (Mariano).

Con ellas desaparece algo de diversidad en el feminismo, que permanece anclado y estereotipado en las mujeres de izquierda. Como si el resto tuviera reservado el derecho de admisión. Con ellas fuera del escenario también disminuyen notablemente las posibilidades de que una mujer presida el Gobierno de este país. A este paso solo nos queda Rosalía.

Ideas ligeras
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